Mostrando las entradas con la etiqueta radio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta radio. Mostrar todas las entradas

domingo, julio 13, 2008

Asesinado periodista en Cuba

El 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba, un grupo de opositores a la dictadura de Fulgencio Batista tomó por asalto el Cuartel Moncada, una de las fortalezas militares más importantes en el territorio nacional. Aunque los combatientes, encabezados por el joven abogado Fidel Castro, fueron derrotados, el suceso, en la memoria colectiva cubana, encarna el momento cuando el país resuelve que es posible desembarazarse del régimen subordinado a Estados Unidos para conducir su política, su economía y su historia por un camino independiente, durante cuyo viaje el pueblo todo fuera reconquistando la libertad y la dignidad. El siguiente artículo aparece en la edición de julio del periódico Kiosco, dedicado a conmemorar la Revolución Cubana.

Asesinado periodista en Cuba
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com

In memoriam C. B. A.

Noticias de 1958

Tratándose de Cuba, la Guerra Fría no ha finalizado. Estamos en 2008. Hemos verificado medio siglo desde el triunfo de la Revolución y a lo largo de todo este tiempo el gobierno de Estados Unidos ha sostenido sin detenerse su asedio sobre la isla, un asedio que abarca acciones de sabotaje contra su agricultura, su ganadería y su industria; la violación de sus espacios aéreos, marítimos y terrestres (Guantánamo); secuestros y encarcelamientos injustos de ciudadanos cubanos (citemos el caso reciente de “los cinco”: militantes comunistas condenados por el régimen de Bush, basado en mentirosas acusaciones de espionaje); atentados contra la vida de dirigentes revolucionarios; atentados terroristas como el estallido (6 de octubre de 1976) del vuelo 455 de Cubana de Aviación, donde murieron 73 personas inocentes; un bloqueo económico en el que se obliga a participar a los países controlados por Estados Unidos; y —el más eminente de sus ataques— la invasión del país en abril de 1961, felizmente repelida por el pueblo cubano.

Con excepción del bloqueo, la mayoría de las acciones enumeradas, más otras que corrieron en el mismo sentido, no rindieron los frutos que Estados Unidos esperaba. Pero donde la violencia fracasó, la ‘pacífica’ guerra psicológica dio al imperio victorias memorables. Gracias a la tenaz e insidiosa campaña de Estados Unidos en los medios informativos —cuyos propósitos y origen pasan inadvertidos por el gran público—, en el imaginario colectivo de Occidente, hoy en día, Fidel y Raúl Castro representan atraso económico, brutalidad policiaca y ausencia de libertad.

Uno de los lugares comunes de la propaganda imperial repite que en las cárceles cubanas se tortura a los periodistas y que éstos son asesinados en el cumplimiento de su deber. Ambas afirmaciones son falsas. La única prisión cubana donde se tortura actualmente es la de la bahía de Guantánamo, ocupada de forma indebida por Estados Unidos desde 1898. Y el último periodista que murió asesinado en Cuba fue Carlos Bastidas Argüello, ejecutado en mayo de 1958, antes de la Revolución, por la policía de Fulgencio Batista, el opresor vasallo de Estados Unidos cuya dictadura combatió y derrocó Fidel Castro.

Vida de Carlos

Carlos Bastidas Argüello nació en Ecuador en 1935. Estudió Comunicación en Estados Unidos. En su calidad de corresponsal de El Telégrafo y otros periódicos de su país, fue testigo de las revueltas húngaras de 1956 contra el dominio soviético, así como de la caída de los regímenes de Gustavo Rojas Pinilla en Colombia y de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.

Bastidas se había comprometido con los ideales de progreso para los pueblos con los que en aquella época se sentían identificados muchos jóvenes en el mundo. Su compromiso ideológico desató la ira de sujetos como Rojas Pinilla y Pérez Jiménez; este último llegó a ponerlo prisionero. Leónidas Trujillo, el dictador de la República Dominicana, ni siquiera le permitió ingresar al territorio nacional.

De acuerdo con el biógrafo de Bastidas, Juan Marrero González, el reportero arribó a la Sierra Maestra cubana a principios de marzo de 1958 para entrevistar a los guerrilleros que se habían alzado contra Batista. Conversó con Fidel Castro y hasta colaboró con Radio Rebelde, la emisora de la guerrilla, presentándose a los oyentes con el pseudónimo de Atahualpa Recio.

Bastidas, ciertamente, no pretendió nunca ser ‘objetivo’ o ‘imparcial’. ¿Será deseable la imparcialidad? Lo que sé es que es irrealizable; salvo escasísimas y honrosas excepciones, los empleados de los medios defienden los intereses de los dueños del canal televisivo, la estación radiodifusora o el periódico. Y los defienden mintiendo. Bastidas decidió tomar partido, pero no al servicio de un interés, sino de una idea; y decidió defender esta idea no con la mentira, sino con la verdad. Y al igual que Ernest Hemingway en la Guerra Civil Española, su solidaridad con los pobres lo llevó a desempeñarse como periodista y como combatiente.

El 13 de mayo de 1958, luego de discutir en un bar, el teniente Orlando Marrero ultimó a balazos a Bastidas. Tenía apenas 23 años. Del crimen nada dijo la prensa batistiana. El cadáver del ecuatoriano permaneció tres días con la policía, hasta que fue reclamado por el Colegio de Periodistas de Cuba.

Año con año, cientos de periodistas mueren cruelmente en el llamado ‘mundo libre’ de la órbita norteamericana. Sin ir más lejos, en nuestro México, durante el sexenio de Vicente Comes-y-te-vas Fox, treinta y dos periodistas fueron asesinados, lo que nos coloca en la nada honorable posición de ser, junto a Colombia, el país latinoamericano donde las vidas de los periodistas corren mayor riesgo.

Durante los cincuenta años de la Revolución liderada por Fidel Castro, ni un solo periodista, cubano o extranjero, ha fallecido de forma violenta en Cuba en razón de sus opiniones. El homenaje mínimo que podemos hacerle a Carlos Bastidas Argüello es revelar esta verdad.

sábado, junio 07, 2008

Jinete en la tormenta

A partir de este mes, estaré colaborando con el periódico Kiosco, que se distribuye en Coahuila y Durango. El texto siguiente es mi primera colaboración para el periódico.

Jinete en la tormenta
Gerardo Monroy
elpedotedefecal@gmail.com


In memoriam A.J.

Tú y yo lo conocíamos,
no tenía el deseo de morir, ni la necesidad ni el deber de morir,
era como nosotros o mejor que nosotros:
un hombre entre los hombres, alguien que día a día hizo lo suyo:
reflejar el mundo,
amar a la mujer, intimar con el hombre,
dar cuerda a su reloj,
transfigurar el mundo.

Enrique Lihn: Hoy murió Carlos Faz

En la primera mitad de la década de los 90, la estación XHMP (Estelar 95, 95.5 de FM), perteneciente a Grupo Radio Estéreo Mayrán (Grem), difundía las noches de cada jueves un programa de rock titulado Jinetes en la tormenta. La raíz gruesa y profunda de la voz del locutor emergía de pronto como inquietante contrapunto de la actitud desenfadada, tranquila y sin embargo un tanto irónica, con que vertía agudos comentarios acerca de la obra de los músicos.

El locutor se llamaba Antonio Jáquez. Era corresponsal de la revista Proceso en Torreón.

Mis amigos y yo teníamos 15 años. Cumplimos esa edad como hijos de la burguesía. Comenzaba nuestra adicción por el alcohol y la nicotina, que a la postre resultará mortal. Buscábamos las fiestas donde se presintiera la violencia. Cuando los demás, amigos o enemigos, se marchaban y cada quien volvía sin compañía al cuarto, lloronamente nos sentíamos ‘incomprendidos’ —y lo éramos, en primer lugar por nosotros mismos, incapaces de criticar nuestra circunstancia y nuestra inercia frente a la circunstancia. Lo más ridículo era que, en el fondo, nos envanecía ese sentimiento de incomprensión; ser un ‘incomprendido’ quiere decir que uno posee un secreto, un ‘lenguaje especial’ del que no cualquiera puede comprar la llave.

Entonces como ahora, las estaciones de radio de la Comarca Lagunera eran miserablemente aburridas. Era imposible oír otra cosa aparte de las tonadillas falderas de los chicos guapos de Televisa, que —por motivos que nunca conseguiré desentrañar— liberaban la euforia de las chavas del colegio. Cuando en algún lado pasaban de milagro algo de rock, la ‘variedad’ se reducía a despertar los domingos con Hotel California de Eagles, Every breath you take de Police, algo de Creedence, Beatles, muy poco de los Rolling y casi nada más. Pero Antonio Jáquez, un individuo curioso, insatisfecho, que necesitaba carnalmente indagar hasta en los más diminutos detalles de las existencias, también quería saber qué era lo que estaban oyendo: lo que estaban sintiendo los jóvenes aquí y en otras partes del mundo.

Como Antonio (nacido en 1952) fue rockero desde muy temprano, las partes del mundo que más le interesaban eran las dos patrias del rock, donde esta música nació y donde existe una conciencia más desarrollada de sus posibilidades: Estados Unidos e Inglaterra. Era así pues que Jáquez se abarrotaba de revistas y discos de aquellos países, saboreaba la música —más bien la tragaba— y luego la incluía en su programa. Fue en Jinetes en la tormenta donde los oyentes conocimos, antes que nadie en la Laguna, a los grupos de grunge que después se volvieron famosos, como Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden; llegamos simultáneamente al shoegazing de My Bloody Valentine, Slowdive y Catherine Wheel; nos introdujo en el britpop de Suede; en el madchester de The Stone Roses, Happy Mondays, James e Inspiral Carpets; oímos a Manic Street Preachers, Lush, Transvision Vamp, Cranes, Curve y grupos mucho más oscuros a los que nos costó horas y horas de escucha ‘agarrarles el gusto’. Ciertamente, hoy los Manic, Cranes y demás conjuntos que he mencionado disfrutan de fama y fortuna; pero, en la primera parte de los 90, la densidad de las guitarras, su afición desmedida por los efectos transformadores, la ‘cortina de sonido’ que creaban no era del gusto de todos, ni siquiera dentro de la comunidad rockera. Para los metaleros y los punk, por ejemplo, que creían tener los pies bien firmes sobre la tierra, aquella cosa parecía demasiado etérea y lánguida. Para otros, por el contrario, era puro ruido y casi nada de verdadera música.

Antonio se deleitaba hurgando bajo lo subterrestre, pero también era perfectamente capaz de disfrutar sin complejos a ciertos grupos de la mainstream, como Guns n' Roses (nos encantaban cuando sacaron el volumen doble de Use your illusion, aunque hoy nos avergüence recordarlo), Metallica, R.E.M., The Cure (desde entonces mi banda favorita) e incluso Tears for Fears y Erasure. También U2, cuando hacían experimentos con Brian Eno y Daniel Lanois. U2, los muertos; hace no mucho, Bono —esa pésima copia de John Lennon— escribió el prólogo de un libro de Jeffrey Sachs; habría sido divertido ver a Jáquez pitorrearse del cantante.

La radio de nuestra región vivió en los 90 un breve despertar. Estaciones como la gubernamental Radio Torreón (XHTOR, 96.3 de FM) y el 100.3 de FM, de Multimundo (XHEN), se mostraron dispuestas a arriesgarse con proposiciones originales, ‘alternativas’ (una palabra muy utilizada en la década). Junto al programa de Jáquez, lo más interesante fue Rock en el ozono, donde se programaba rock en español; el conductor era Adolfo Calderón y Radio Torreón la estación difusora.

Tengo un amigo, Arnulfo De La Torre, que no se perdía una sola de las emisiones de Jinetes en la tormenta. Con su raquítico sueldo de mesero, compraba los discos que el locutor recomendaba; llamaba por teléfono a la cabina cada jueves; siempre nos decía: “cómo me gustaría conocer a ese cabrón”. Cuando se enteró de que Proceso trasladaría al reportero a Monterrey —lo cual implicaba la desaparición de Jinetes—, Arnulfo, ni tardo ni perezoso, llamó al programa para preguntarle al locutor si podía entrevistarse con él; Jáquez, detrás de su mordacidad y autosuficiencia, era un tipo campechano y asequible y aceptó de buena gana conocer en persona al joven fan. Arnulfo nos pidió a mí y a otro amigo, Allan Mattox, que lo acompañáramos a ver al célebre periodista.

Tomamos unas cervezas cerca de las instalaciones de Grem. Fue el emocionado Arnulfo quien pagó; sé que este gesto provocó cierta ternura en Jáquez y sus acompañantes. Jáquez nos invitó a su casa, en la Ampliación Los Ángeles. Su habitación parecía la de alguien mucho más joven, repleta de discos, revistas y libros. Las paredes yacían cubiertas de pósters de grupos. Me llamó la atención que una de las imágenes representara a ¡Madonna! (los adolescentes laguneros que nos sentíamos rockers no consentíamos la alusión más remota a la diva; así de ridículos éramos).

Sin embargo, el cartel de mayores dimensiones lo constituía una foto de Jim Morrison, el vocalista de The Doors, joven, los labios llenos de sexualidad, con el pecho desnudo, los brazos extendidos y la mirada fija en quien volteara a verlo. Tan rígidamente serio que tenía que haber una ironía dentro. La imagen de Morrison conmovió a Jáquez toda su vida. Era una de las canciones más potentes de los Doors la que daba título a su programa.

Háblamos de política —o, mejor dicho, él habló de política, y nosotros tan sólo preguntábamos, porque de aquello no sabíamos nada y antes de estar con él tampoco nos interesaba; pero preguntábamos sin cesar, porque hablar con Antonio Jáquez de ese tema era como despertar a un mundo horrible y, por horrible, desafiante; un bosque enmarañado que, por dignidad, teníamos que terminar de cruzar. Hablamos de periodismo: en esos días, Antonio había narrado en Proceso, o estaba por hacerlo, la soterrada relación entre el EZLN de Chiapas y los movimientos radicales socialistas-cristianos de la Comarca Lagunera en los 70 y 80; también en esos días escribió Jáquez para Proceso el reportaje que imprimió para siempre sobre Raúl Salinas de Gortari el mote de “hermano incómodo”. Hablamos de literatura; a Antonio le gustaba recordar episodios de novelas rusas, versos de Borges, citas de Wilde...

Pero sobre todo hablamos de música. Antonio trataba de mantener su frescura e imperturbabilidad, encendía el estéreo y decía como al descuido: “ahora les voy a poner esto”. Y sonreía, previendo que casi cualquiera de sus discos sería una sorpresa y una extrañeza para nosotros. Él podía desenvolverse con tanta impavidez como quisiera, pero en el fondo de la voz y de los ojos le temblaba la alegría, y aunque se comportara jovial e irreverente, nosotros nos hundíamos en el sofá para escuchar sus bromas con desconcierto, y quizá con un tímido silencio. Luego volvíamos a hablar de música. Y también nos callamos cuando oímos la música.

sábado, enero 12, 2008

Aristegui, la censura corporativa

Jenaro Villamil
Proceso
8 de enero de 2008


Carmen Aristegui; foto: Miguel Dimayuga

M
éxico, D.F. (apro).- Desde el sexenio pasado, la censura tomó argumentos peculiares para justificar los cierres de espacios informativos y de libertad de expresión. La censura contra Carmen Aristegui constituye el caso más ofensivo de este nuevo estilo que tomó carta de naturalización desde el Chiquihuitazo contra Canal 40: la censura corporativa, resultado de una plena identificación entre la tentación de control de la opinión pública por parte del gobierno y los grupos de poder ideológico, empresarial y político y el alto nivel de concentración en los medios electrónicos, el pegamento que explica la impunidad de estos casos.

Un simple repaso por los casos más recientes y emblemáticos nos da el perfil de esta censura corporativa:

1.- “Problemas entre particulares”, afirmaron las autoridades de las secretarías de Comunicaciones y Transportes y Gobernación cuando un comando armado de Televisión Azteca decidió suspender la señal de Canal 40, bajo el pretexto de una deuda de 25 millones de dólares que Javier Moreno Valle no le pagó a Ricardo Salinas Pliego.

“¿Y yo por qué?”, fue la famosa frase de Vicente Fox en enero de 2003 para deslindarse del asunto. La complicidad con Los Pinos era obvia: nadie sin el consentimiento de la fuerza pública llega a cortar la señal de una concesión de un medio electrónico, en franca violación a la Ley General de Vías de Comunicación.

Sorprende que ahora el periodista Ciro Gómez Leyva considere que el Chiquihuitazo no fue un caso de censura. El exconductor de lo que fue uno de los noticiarios más frescos y polémicos de la televisión, ahora se compró el argumento corporativo: fue un problema de deudas, no de cierre de espacios informativos. ¿Ya se olvidó del boicot publicitario de los Legionarios al Canal 40, de la incomodidad de Martha Sahagún con el noticiario, del boicot publicitario? ¿No fue censura que Televisión Azteca se apropiara a la mala de una concesión que no le pertenece?

2.- “Boicot publicitario” acusó José Gutiérrez Vivó, el director y dueño de Monitor cuando interrumpió la señal de su emblemático noticiero radiofónico a mediados del año pasado. En entrevista con Proceso, Gutiérrez Vivó también rememoró una frase que provino del jefe de Comunicación Social de Felipe Calderón, Max Cortázar: “Se les dará publicidad cuando se porten bien”.

Algo similar ha justificado por décadas boicots publicitarios a medios incómodos para el poder como Proceso, Diario de Yucatán, La Jornada o El Norte. Lo singular en el caso de Gutiérrez Vivó fue la acción coordinada de los anunciantes privados y de la publicidad pública, para asfixiar a una estación.

Una y otra vez los efímeros defensores de la libertad de expresión justificaron la salida de Gutiérrez Vivó, argumentando el flanco débil de su caso: son problemas por deudas con Radio Centro, fue un “mal administrador” y, el gran pecado original de este sexenio: le dio “demasiado espacio” a Andrés Manuel López Obrador.

3.- Ahora, el espacio informativo conducido por Carmen Aristegui es cancelado bajo el eufemismo de un “nuevo modelo editorial” que Prisa y Televisa quieren imponer en W Radio y que no compagina con el periodismo que durante cinco años realizó Aristegui, respaldado con credibilidad y altos índices de audiencia.

La explicación de W Radio no deja lugar a dudas de que se trató no de una simple “incompatibilidad editorial”, sino de una incomodidad corporativa de la empresa frente a una periodista que supo hacer su trabajo y ganar un reconocimiento generalizado a su profesionalismo:

“La decisión se enmarca dentro de un proceso de renovación, actualización y expansión en el que está inmersa la W, que se refleja también en otros cambios en la parrilla (sic), que hemos realizado en los últimos meses”.

Esos “cambios en la parrilla” tuvieron un corolario bastante grave: eliminar el espacio más plural, de mayor rating y que convirtió a la W en un referente noticioso después de años de vivir en el letargo y la superficialidad mediática.

Imaginemos la reacción de un periodista como Iñaki Gabilondo, quizá el más emblemático de los noticiarios radiofónicos de Grupo Prisa en España, con un razonamiento similar. ¿Sacrificaría el consorcio editor de El País a su periodista con mayor credibilidad para que respetara un “nuevo modelo de organización y trabajo” y sus “cambios en la parrilla”?

Para nadie era un secreto la incomodidad y la molestia del gobierno de Calderón, de la jerarquía eclesiástica, de los propios corporativos mediáticos –en especial, de Televisa-- contra Carmen Aristegui. Era incómoda para el establishment porque todo buen periodista es incómodo cuando se dedica a informar lo que la censura quiere que no se ventile.

Extraoficialmente, uno de los “pecados” de Aristegui fue haber entrevistado ¡dos veces a López Obrador en un año! En otras palabras, no se unió a una pretensión de uniformidad informativa y de odio acrecentado contra “el peligro para México” que domina en los espacios radiofónicos y televisivos.

El grave problema para quienes buscan reducir la expulsión de Carmen Aristegui a un simple desacuerdo laboral, es que ella cuenta con un capital social enorme del cual carecen Televisa, Prisa y el gobierno de Calderón: la credibilidad.

El otro problema es que, a diferencia de los casos de Canal 40 y de Gutiérrez Vivó, Aristegui no es empresaria, ni concesionaria ni tiene intereses corporativos que la vuelvan vulnerable a los pactos corporativos. Es la dueña del único capital que un periodista tiene para defenderse: su trayectoria, su profesionalismo y un carisma que ahora se demuestra en miles de cartas y de correos electrónicos de apoyo y en protesta por su salida.

Si imponerle el silencio a una periodista que sobrevivió a los intereses de estos tiburones mediáticos y a un gobierno incómodo con la crítica no es censura, entonces el cinismo se ha vuelto la moneda de cambio de estos malos tiempos para la libertad de expresión.

jenarovi@yahoo.com.mx

miércoles, septiembre 12, 2007

Audio del discurso de Andrés Manuel ante el Congreso 2007/09/11

El compañero Juan Carlos, del Sendero del Peje, grabó el programa de Carmen Aristegui de ayer, con el discurso de Andrés Manuel ante el Congreso, y lo comparte con nosotros a través de la siguiente dirección:

http://www.sendspace.com/file/vrxb6y


Estúpidamente, l
a cadena de radio decidió interrumpir la transmisión para ir a comerciales, por lo que cortaron unos minutos del discurso. Pueden leerlo completo en este enlace.

miércoles, julio 04, 2007

El cierre de Monitor y el síndrome de Poncio Pilatos

Jenaro Villamil
Proceso
4 de julio de 2007

M
éxico, D.F., 3 de julio (apro).- “Se nos murió Monitor, estamos tristes… Que el destino le cobre la cuenta a cada quien por lo que ha hecho”. Con estas palabras, el periodista José Gutiérrez Vivó remató a las 10:00 de la mañana del 29 de junio un total de 41 mil 100 emisiones de su programa radiofónico con 33 años de historia y se convirtió así en el primer medio de comunicación que desaparece en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.
José Gutiérrez Vivó. Foto: Germán Canseco.

Un día después, Calderón Hinojosa, ante la insistencia de los reporteros, negó que su gobierno estuviera involucrado en el cierre de Monitor. Incluso, dijo que había hecho todo lo posible para que se resolviera el litigio que mantiene con el Grupo Radio Centro.

Sin embargo, no expresó ningún compromiso con su administración por apoyar con publicidad o, mínimo, en alguno de los espacios de la radio pública, para que continuara el programa de Gutiérrez Vivó. Simplemente, trató de librarse del golpe.

A la indignación de miles de radioescuchas que seguían con fidelidad a Monitor y a la desazón de los trabajadores de los medios de comunicación que ven en esta situación un signo ominoso de los “tiempos calderonistas”, se suma la conjura del silencio de las dos televisoras más importantes (Televisa y TV Azteca) en torno a este hecho. La indignación que mostraron por el acto arbitrario con que Hugo Chávez acabo con Radio Caracas Televisión (RCTV) en Venezuela, no se tradujo en un mínimo gesto de solidaridad y de condena a uno de los espacios radiofónicos más emblemáticos en las últimas tres décadas en México.

No pocas voces susurraron que Gutiérrez Vivó se lo tenía merecido por “haberse vuelto lopezobradorista”, como si adoptar una posición editorial fuera razón suficiente para justificar boicots publicitarios y para que la justicia mexicana pasara por alto el laudo de la Corte Internacional de Comercio con sede en París que claramente le dio la razón al empresario y periodista de Inforred en su litigio contra Grupo Radio Centro. Cuando los prejuicios pueden más que los principios, estamos realmente en un clima de silenciamiento sumamente preocupante. Y esto es una herencia directa del foxismo.

Desde meses antes, Gutiérrez Vivó había acusado al gobierno de Vicente Fox de haber ordenado una campaña de boicot publicitario en contra de Monitor y extendió su acusación en contra de los responsables de comunicación del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

El 6 de diciembre de 2006, al recibir el Premio Nacional de Periodismo que otorga el Club de Periodistas, el director general de Grupo Monitor relató que recibió un mensaje de Max Cortázar, jefe de Comunicación Social de Felipe Calderón, quien le advirtió: “Están castigados. Vamos a ver cómo se comportan. Si quieren difundir nuestra información bien, si no, también.”

En entrevista con Proceso, Gutiérrez Vivó reiteró que las presiones para sacarlo de la frecuencia 102.5 de FM, para evitar que Grupo Radio Centro le pagara poco más de 21 millones de dólares fue producto de un acto de censura del gobierno de Fox.

“¿Cómo se le hace para sacar del aire a alguien? ¿Cómo se le hace para no pagarle una indemnización que se le pagaría hasta el más humilde? Se hace con el favor del poder. Entonces, creo que está muy claro que Vicente Fox, y lo digo con toda conciencia, es un antidemócrata que es capaz de acallar medios de comunicación con hechos concretos. Y nosotros somos un hecho concreto”, afirmó Gutiérrez Vivó.

También acusó la existencia de “agujeros negros” en el circuito de la justicia mexicana que le han permitido al Grupo Radio Centro evitar pagarle los 21 millones de dólares ordenados en el laudo de la Cámara Internacional de Comercio de París.

Seis meses después, en su última emisión en las frecuencias 1320 y 1520 de AM, informó que se veía obligado a culminar con su noticiario radiofónico y con sus transmisiones televisivas en el canal 52, de Multivisión, porque “la publicidad no llega y no llega porque hay indicaciones de que no llegue. Es un boicot económico”.

Apenas unas horas antes de que Gutiérrez Vivó anunciara que así culminaban 33 años de un noticiario que marcó un estilo en la radio mexicana, el presidente Felipe Calderón presumía que en su gobierno existe libertad de expresión, pero que se debe lograr “un balance entre libertad de expresión y responsabilidad, un balance de independencia, de libertad y de apertura”.

Flanqueado por los concesionarios de Televisa, TV Azteca y Multivisión, Calderón presumió durante la entrega del premio “Principios” a los mejores contenidos de radio y televisión que en el país se había reducido “el clima de crispación y rencor que fue sembrado e inoculado en un segmento de la población”.

Sin embargo, hasta el viernes 29 de junio la oficina de Comunicación Social de la Presidencia no había emitido ninguna reacción ante el cierre de Monitor, pionero en las mesas de análisis político y en el concepto de la “red vial”. Fue un día después que Calderón reaccionó con la estrategia de Poncio Pilatos. Se lavó las manos y evadió la responsabilidad de apoyar a un espacio informativo plural que representa fuentes de empleo para muchos profesionales de la radio.

Un comunicado enviado por el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos) advirtió que “el cierre del espacio radiofónico es un triunfo para los grandes grupos políticos y económicos, que acaparan las frecuencias radiofónicas atendiendo sus intereses, haciendo a un lado el fin primordial de un medio de comunicación que es informar objetiva e imparcialmente con respeto del derecho constitucional de libre expresión”.

“Caro pagó Gutiérrez Vivó el desafío a la ‘pareja presidencial’, que vinculaba a la estación con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y que intentó acallar a la radioemisora, violentando desde el poder el derecho a informar y ser informado”, subrayó el Cencos.

En la mayoría de los espacios radiofónicos matutinos y vespertinos de todo el país se expresaron muestras de solidaridad y de preocupación por el cierre de Monitor, pero la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión, el organismo cúpula de los concesionarios no había emitido ninguna reacción.

--¿Qué tanto influye en la situación de Monitor la recomposición de los grupos mediáticos a partir de la convergencia tecnológica y de la Ley Televisa? –se le preguntó a Gutiérrez Vivó en el Club de Periodistas en diciembre pasado.

--Eso es muy importante. Recordemos que parte del convenio era eliminar a los medios incómodos para ellos, no para la sociedad, y entonces, para hacerlo, creo que si uno revisa la ley, sólo tendrán acceso en momentos por venir un grupo que tendrá el capital y los contactos, y también la docilidad necesaria para servir a un solo hombre y no servir a los 105 millones de mexicanos, para servir a ese hombre como se sirve a un amigo.

Sobre su relación con Felipe Calderón, Gutiérrez Vivó recordó en ese entonces que durante el último día de campaña, el entonces candidato presidencial del PAN pidió asistir a Monitor. Antes de entrar a la cabina, con un café en la mano, Calderón le dijo: “estoy aquí contrario a lo que mis asesores me dijeron”.

“¿Por qué?, le pregunté. ‘Porque me dijeron que no viniera. Pero como sé quiénes son ustedes y los escucho desde los once años, aquí estoy’, respondió.”

Para Gutiérrez Vivó estaba muy claro lo que sucedía y advirtió que Calderón aún estaba a tiempo de que “lo conviertan en rehén de interés de no se quién o de quiénes porque ni siquiera llegamos en Monitor a la categoría de enemigos del presidente de la República”.

Por lo visto, estos intereses pueden aún más que la voluntad y la aspiración de sostener un clima de libertad de expresión.

Es un signo ominoso el cierre de Monitor, pero más preocupante es la conjura del silencio que hace invisible lo que en otras partes del mundo es señalado como un pésimo expediente para el derecho a la información.

Email: jenarovi@yahoo.com.mx