Mi artículo de este mes.
Rescatando al soldado Bush
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com
Antes de abandonar la presidencia de Estados Unidos, George Bush II estuvo de visita el domingo 14 de diciembre en el país que invadió y destruyó: Irak, donde miles de norteamericanos y un millón de iraquíes han sido masacrados. No bien hubo pisado Bagdad, el presidente-emperador ofreció una conferencia de prensa, pero ésta fue interrumpida por uno de los concurrentes al hacerse escuchar con fuertes voces: ¡aquí va un regalo de parte del pueblo iraquí; toma tu beso de despedida, perro! Los dos zapatos del hombre pasaron rasando las orejas de Bush mientras el primer ministro de Irak, Nouri Kamal Al-Maliki, se aprestaba a proteger el rostro del “gringo” con sus manos. ¡Esto es de parte de las viudas, de los huérfanos y de todos los que han muerto en Irak!, volvió a escucharse un grito árabe. Mal recobrados de su desconcierto, los guardias de Bush se echaron sobre Muntazer Al-Zaidi, de 29 años, iraquí y quien se desempeña como reportero del canal de televisión por satélite Al-Bagdadiya.
Hasta aquí los hechos. Lo que sigue son las interpretaciones de los hechos.
El director de Milenio Diario, Carlos Marín, es autor de una columna, El asalto a la razón, en la que repasó el incidente de Bagdad el martes 16 (“Secuela de los zapatazos”), el jueves 18 (“Espadazo al zapatocaso”) y el viernes 19 (“Las quebradas de Al-Zaidi”). La perezosa columna de Marín rara vez se extiende más allá de dos o tres breves párrafos, pero los días 18 y 19 fueron especialmente relajados para el columnista, pues limitó su trabajo a copiar un artículo del periódico español El Mundo (“Periodismo descalzo”, miércoles 17) firmado por Arcadi Espada. Las frases de Espada seleccionadas por Marín dicen —después de calificar como “mamarrachada” la acción de Al-Zaidi—: “[...] yo no habría salido de la cárcel de haberme comportado con el mismo lujo desinhibido que mi colega [Al-Zaidi]. No me faltaron (ni me faltan) ganas. Pero, obviamente, el periodista que en una rueda de prensa se instala ante mentirosos, corruptos o asesinos no debe quitarse los zapatos [...]. Muntazer Al-Zaidi no hizo otra cosa que quebrar un sagrado principio de su oficio: la imposibilidad de convertirse en noticia”.
¿Y quién será este espadachín del periodismo —se pregunta el lector mexicano—, quién será este caballero Espada que diagnostica de “mamarracho” a un iraquí exasperado y descalzo? ¿Dónde siguió las lecciones de ética que en buena hora viene sentenciosamente a darnos?
El académico y el fotógrafo
El periódico Excélsior, que publicó el 1 de diciembre una entrevista con él en el suplemento Código topo, presenta a Arcadi Espada Enériz (Barcelona, 1957) como un “académico y periodista que acostumbra a reflexionar del tema [sic] [del terrorismo] con tono sentencioso, crítico y sólido [sic]. El estudioso de la comunicación y profesor de periodismo en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, aunque muchas veces polémico (como cuando publicó críticas a una fotografía realizada por el premio Pulitzer Javier Bauluz) ha sido colaborador de diarios como La Vanguardia, Diario de Barcelona, El País y, actualmente, El Mundo”. Marín agrega en Milenio que el blog* de Espada es “muy respetado y popular en España”.
En tanto que generalizaciones cuya finalidad es introducir aceleradamente a la clientela mexicana en el universo de Espada (un universo reducido, ya lo veremos), podemos dar por válidos los enunciados de Milenio y Excélsior que acabamos de citar. Pero el lector inquisitivo nos obliga a ser más precisos; nos obliga a contestarle, por ejemplo, ¿qué críticas hizo Arcadi a Javier Bauluz y por qué Excélsior las relaciona con un supuesto carácter “polémico” de Espada?
Bauluz había recibido en 2001 el premio Godó de fotoperiodismo, por la captura de la imagen de un hombre y una mujer que se asolean en una playa de Cádiz frente a un inmigrante muerto. La imagen fue publicada en el suplemento El Magazine, del diario catalán La Vanguardia, y en la portada del New York Times. Arcadi, en su libro Diarios, premio Espasa de ensayo 2002, reprodujo la foto sin permiso de Bauluz y se refiere burlonamente a él como “demiurgo imprescindible” y “hombre bondadoso dedicado profesionalmente a los destruidos”, además de hablar de la “docilidad que hace grandes a los tipos como Bauluz, capaces de cazar como si fueran conejos a dos desapercibidos bañistas que puede que estén rezando en silencio ante el cadáver de un inmigrante [...]; por fortuna, el cadáver no era de un pobre blanco: ni Bauluz habría sacado tanto provecho”. Espada acusó a Bauluz de excluir de su fotografía deliberadamente al personal del Estado encargado de recoger el cuerpo, así como de inducir la ilusión de proximidad entre la pareja y el cadáver.
Excélsior dice que el “académico y periodista” es “polémico”; no lleguemos a tanto: Arcadi, simplemente, es mentiroso. Como nunca proveyera pruebas de sus acusaciones en contra del fotógrafo, el Consell de la Informació de Catalunya resolvió en mayo de 2003 que las declaraciones del académico sobre Bauluz son “falsas, injustas y fuera de toda razón” y vulneran el código deontológico de la profesión periodística de Cataluña. Espada, todavía hoy, recuerda a veces en sus artículos el conflicto con Bauluz y sigue rumiando su ira y su desvergüenza.
Pero además está el señalamiento hecho a Muntazer Al-Zaidi por haber quebrantado el “sagrado principio” del periodismo que es “la imposibilidad de convertirse en noticia [...] construyéndola él mismo con su propia acción calculada. Despreciando el fact (hecho) y abrazando su corrupción, el factoide: un hecho que sólo existe si se exhibe”. Pues bien: no otra cosa hizo en Girona el “académico y periodista” (y político) Espada el 5 de junio de 2006, cuando al frente de la asociación Ciutadans de Catalunya actuó con provocaciones en contra del movimiento independentista catalán. Espada, otros Ciutadans así como sus rivales independentistas sufrieron agresiones físicas y verbales, pero la prensa española recogió sólo las quejas de los Ciutadans y nadie las de los Maulets (la juventud independentista catalana).
El asalto a la razón
Desinformado por las “versiones oficiales”, Carlos Marín desinforma a sus lectores. En su columna del viernes 19 dice: “tres días después de su temerario lanzamiento [Al-Zaidi] escribió al primer ministro de su país reconociendo: «es ahora demasiado tarde para lamentar la enorme y fea acción que perpetré», pero «le pido su perdón...»”. Sin embargo un hermano de Muntazer, Uday, entrevistado por Al-Bagdadiya, desmintió a las presidencias norteamericana e iraquí —en cuyos “partes” fundamenta Marín sus artículos—: “mi hermano acaba de decirme que nunca mandó excusas al gobierno”. Muntazer, asegura Uday, no se arrepiente de lo que hizo.
Se quejan Marín y Espada de que en “la habitual orgía hipócrita” no se diga nada (!) “como es natural” (?) sobre el uso alevoso que le habría dado el iraquí a su oficio: “Muntazer Al-Zaidi le tiró sus zapatos a Bush porque llegó a colocarse a pocos metros de él, y el acceso a esa distancia, tan confianzuda y campechana, se lo dio su oficio de periodista”. Pero ¿quién si no un periodista tiene en Irak la posibilidad de lanzar a la cara del emperador esas verdades puntiagudas que no quisiera saber? ¿No se han dado cuenta el español y el mexicano de la grave crisis humana por la que, como por una herida, sangra nuestro planeta; crisis social mundial de la que George Bush II es el culpable más notorio?
En una situación de enfermedad y veneno, de honda agonía como la que atravesamos, ¿no se ha alargado demasiado la hora de mantener nuestro “guardar las formas”? ¿Seguiremos perpetuando el divorcio entre el periodista y el ciudadano? ¿En qué momento se castró a los periodistas para que no reconocieran el derecho a la rebelión, un derecho que se gana más allá de la cortedad de la ley?
George Bush, que debería responder a un tribunal por sus crímenes contra la humanidad, pasará en libertad el resto de sus años, gozoso de salud, henchido de riquezas. El joven periodista que expresó, no digamos la indignación propia de un ser humano reflexivo, sino la ineludible cólera de una criatura viviente, el joven periodista está en la cárcel, culpable del delito de arrojar un zapato.
*Blog: cuaderno de apuntes que se actualiza al gusto del autor a través de internet.
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miércoles, enero 07, 2009
domingo, julio 13, 2008
Asesinado periodista en Cuba
El 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba, un grupo de opositores a la dictadura de Fulgencio Batista tomó por asalto el Cuartel Moncada, una de las fortalezas militares más importantes en el territorio nacional. Aunque los combatientes, encabezados por el joven abogado Fidel Castro, fueron derrotados, el suceso, en la memoria colectiva cubana, encarna el momento cuando el país resuelve que es posible desembarazarse del régimen subordinado a Estados Unidos para conducir su política, su economía y su historia por un camino independiente, durante cuyo viaje el pueblo todo fuera reconquistando la libertad y la dignidad. El siguiente artículo aparece en la edición de julio del periódico Kiosco, dedicado a conmemorar la Revolución Cubana.
Asesinado periodista en Cuba
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com
Noticias de 1958
Tratándose de Cuba, la Guerra Fría no ha finalizado. Estamos en 2008. Hemos verificado medio siglo desde el triunfo de la Revolución y a lo largo de todo este tiempo el gobierno de Estados Unidos ha sostenido sin detenerse su asedio sobre la isla, un asedio que abarca acciones de sabotaje contra su agricultura, su ganadería y su industria; la violación de sus espacios aéreos, marítimos y terrestres (Guantánamo); secuestros y encarcelamientos injustos de ciudadanos cubanos (citemos el caso reciente de “los cinco”: militantes comunistas condenados por el régimen de Bush, basado en mentirosas acusaciones de espionaje); atentados contra la vida de dirigentes revolucionarios; atentados terroristas como el estallido (6 de octubre de 1976) del vuelo 455 de Cubana de Aviación, donde murieron 73 personas inocentes; un bloqueo económico en el que se obliga a participar a los países controlados por Estados Unidos; y —el más eminente de sus ataques— la invasión del país en abril de 1961, felizmente repelida por el pueblo cubano.
Con excepción del bloqueo, la mayoría de las acciones enumeradas, más otras que corrieron en el mismo sentido, no rindieron los frutos que Estados Unidos esperaba. Pero donde la violencia fracasó, la ‘pacífica’ guerra psicológica dio al imperio victorias memorables. Gracias a la tenaz e insidiosa campaña de Estados Unidos en los medios informativos —cuyos propósitos y origen pasan inadvertidos por el gran público—, en el imaginario colectivo de Occidente, hoy en día, Fidel y Raúl Castro representan atraso económico, brutalidad policiaca y ausencia de libertad.
Uno de los lugares comunes de la propaganda imperial repite que en las cárceles cubanas se tortura a los periodistas y que éstos son asesinados en el cumplimiento de su deber. Ambas afirmaciones son falsas. La única prisión cubana donde se tortura actualmente es la de la bahía de Guantánamo, ocupada de forma indebida por Estados Unidos desde 1898. Y el último periodista que murió asesinado en Cuba fue Carlos Bastidas Argüello, ejecutado en mayo de 1958, antes de la Revolución, por la policía de Fulgencio Batista, el opresor vasallo de Estados Unidos cuya dictadura combatió y derrocó Fidel Castro.
Vida de Carlos
Carlos Bastidas Argüello nació en Ecuador en 1935. Estudió Comunicación en Estados Unidos. En su calidad de corresponsal de El Telégrafo y otros periódicos de su país, fue testigo de las revueltas húngaras de 1956 contra el dominio soviético, así como de la caída de los regímenes de Gustavo Rojas Pinilla en Colombia y de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.
Bastidas se había comprometido con los ideales de progreso para los pueblos con los que en aquella época se sentían identificados muchos jóvenes en el mundo. Su compromiso ideológico desató la ira de sujetos como Rojas Pinilla y Pérez Jiménez; este último llegó a ponerlo prisionero. Leónidas Trujillo, el dictador de la República Dominicana, ni siquiera le permitió ingresar al territorio nacional.
De acuerdo con el biógrafo de Bastidas, Juan Marrero González, el reportero arribó a la Sierra Maestra cubana a principios de marzo de 1958 para entrevistar a los guerrilleros que se habían alzado contra Batista. Conversó con Fidel Castro y hasta colaboró con Radio Rebelde, la emisora de la guerrilla, presentándose a los oyentes con el pseudónimo de Atahualpa Recio.
Bastidas, ciertamente, no pretendió nunca ser ‘objetivo’ o ‘imparcial’. ¿Será deseable la imparcialidad? Lo que sé es que es irrealizable; salvo escasísimas y honrosas excepciones, los empleados de los medios defienden los intereses de los dueños del canal televisivo, la estación radiodifusora o el periódico. Y los defienden mintiendo. Bastidas decidió tomar partido, pero no al servicio de un interés, sino de una idea; y decidió defender esta idea no con la mentira, sino con la verdad. Y al igual que Ernest Hemingway en la Guerra Civil Española, su solidaridad con los pobres lo llevó a desempeñarse como periodista y como combatiente.
El 13 de mayo de 1958, luego de discutir en un bar, el teniente Orlando Marrero ultimó a balazos a Bastidas. Tenía apenas 23 años. Del crimen nada dijo la prensa batistiana. El cadáver del ecuatoriano permaneció tres días con la policía, hasta que fue reclamado por el Colegio de Periodistas de Cuba.
Año con año, cientos de periodistas mueren cruelmente en el llamado ‘mundo libre’ de la órbita norteamericana. Sin ir más lejos, en nuestro México, durante el sexenio de Vicente Comes-y-te-vas Fox, treinta y dos periodistas fueron asesinados, lo que nos coloca en la nada honorable posición de ser, junto a Colombia, el país latinoamericano donde las vidas de los periodistas corren mayor riesgo.
Durante los cincuenta años de la Revolución liderada por Fidel Castro, ni un solo periodista, cubano o extranjero, ha fallecido de forma violenta en Cuba en razón de sus opiniones. El homenaje mínimo que podemos hacerle a Carlos Bastidas Argüello es revelar esta verdad.
Asesinado periodista en Cuba
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com
In memoriam C. B. A.
Noticias de 1958
Tratándose de Cuba, la Guerra Fría no ha finalizado. Estamos en 2008. Hemos verificado medio siglo desde el triunfo de la Revolución y a lo largo de todo este tiempo el gobierno de Estados Unidos ha sostenido sin detenerse su asedio sobre la isla, un asedio que abarca acciones de sabotaje contra su agricultura, su ganadería y su industria; la violación de sus espacios aéreos, marítimos y terrestres (Guantánamo); secuestros y encarcelamientos injustos de ciudadanos cubanos (citemos el caso reciente de “los cinco”: militantes comunistas condenados por el régimen de Bush, basado en mentirosas acusaciones de espionaje); atentados contra la vida de dirigentes revolucionarios; atentados terroristas como el estallido (6 de octubre de 1976) del vuelo 455 de Cubana de Aviación, donde murieron 73 personas inocentes; un bloqueo económico en el que se obliga a participar a los países controlados por Estados Unidos; y —el más eminente de sus ataques— la invasión del país en abril de 1961, felizmente repelida por el pueblo cubano.
Con excepción del bloqueo, la mayoría de las acciones enumeradas, más otras que corrieron en el mismo sentido, no rindieron los frutos que Estados Unidos esperaba. Pero donde la violencia fracasó, la ‘pacífica’ guerra psicológica dio al imperio victorias memorables. Gracias a la tenaz e insidiosa campaña de Estados Unidos en los medios informativos —cuyos propósitos y origen pasan inadvertidos por el gran público—, en el imaginario colectivo de Occidente, hoy en día, Fidel y Raúl Castro representan atraso económico, brutalidad policiaca y ausencia de libertad.
Uno de los lugares comunes de la propaganda imperial repite que en las cárceles cubanas se tortura a los periodistas y que éstos son asesinados en el cumplimiento de su deber. Ambas afirmaciones son falsas. La única prisión cubana donde se tortura actualmente es la de la bahía de Guantánamo, ocupada de forma indebida por Estados Unidos desde 1898. Y el último periodista que murió asesinado en Cuba fue Carlos Bastidas Argüello, ejecutado en mayo de 1958, antes de la Revolución, por la policía de Fulgencio Batista, el opresor vasallo de Estados Unidos cuya dictadura combatió y derrocó Fidel Castro.
Vida de Carlos
Carlos Bastidas Argüello nació en Ecuador en 1935. Estudió Comunicación en Estados Unidos. En su calidad de corresponsal de El Telégrafo y otros periódicos de su país, fue testigo de las revueltas húngaras de 1956 contra el dominio soviético, así como de la caída de los regímenes de Gustavo Rojas Pinilla en Colombia y de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.
Bastidas se había comprometido con los ideales de progreso para los pueblos con los que en aquella época se sentían identificados muchos jóvenes en el mundo. Su compromiso ideológico desató la ira de sujetos como Rojas Pinilla y Pérez Jiménez; este último llegó a ponerlo prisionero. Leónidas Trujillo, el dictador de la República Dominicana, ni siquiera le permitió ingresar al territorio nacional.
De acuerdo con el biógrafo de Bastidas, Juan Marrero González, el reportero arribó a la Sierra Maestra cubana a principios de marzo de 1958 para entrevistar a los guerrilleros que se habían alzado contra Batista. Conversó con Fidel Castro y hasta colaboró con Radio Rebelde, la emisora de la guerrilla, presentándose a los oyentes con el pseudónimo de Atahualpa Recio.
Bastidas, ciertamente, no pretendió nunca ser ‘objetivo’ o ‘imparcial’. ¿Será deseable la imparcialidad? Lo que sé es que es irrealizable; salvo escasísimas y honrosas excepciones, los empleados de los medios defienden los intereses de los dueños del canal televisivo, la estación radiodifusora o el periódico. Y los defienden mintiendo. Bastidas decidió tomar partido, pero no al servicio de un interés, sino de una idea; y decidió defender esta idea no con la mentira, sino con la verdad. Y al igual que Ernest Hemingway en la Guerra Civil Española, su solidaridad con los pobres lo llevó a desempeñarse como periodista y como combatiente.
El 13 de mayo de 1958, luego de discutir en un bar, el teniente Orlando Marrero ultimó a balazos a Bastidas. Tenía apenas 23 años. Del crimen nada dijo la prensa batistiana. El cadáver del ecuatoriano permaneció tres días con la policía, hasta que fue reclamado por el Colegio de Periodistas de Cuba.
Año con año, cientos de periodistas mueren cruelmente en el llamado ‘mundo libre’ de la órbita norteamericana. Sin ir más lejos, en nuestro México, durante el sexenio de Vicente Comes-y-te-vas Fox, treinta y dos periodistas fueron asesinados, lo que nos coloca en la nada honorable posición de ser, junto a Colombia, el país latinoamericano donde las vidas de los periodistas corren mayor riesgo.
Durante los cincuenta años de la Revolución liderada por Fidel Castro, ni un solo periodista, cubano o extranjero, ha fallecido de forma violenta en Cuba en razón de sus opiniones. El homenaje mínimo que podemos hacerle a Carlos Bastidas Argüello es revelar esta verdad.
sábado, enero 12, 2008
Aristegui, la censura corporativa
Jenaro Villamil
Proceso
8 de enero de 2008
Carmen Aristegui; foto: Miguel Dimayuga
México, D.F. (apro).- Desde el sexenio pasado, la censura tomó argumentos peculiares para justificar los cierres de espacios informativos y de libertad de expresión. La censura contra Carmen Aristegui constituye el caso más ofensivo de este nuevo estilo que tomó carta de naturalización desde el Chiquihuitazo contra Canal 40: la censura corporativa, resultado de una plena identificación entre la tentación de control de la opinión pública por parte del gobierno y los grupos de poder ideológico, empresarial y político y el alto nivel de concentración en los medios electrónicos, el pegamento que explica la impunidad de estos casos.
Un simple repaso por los casos más recientes y emblemáticos nos da el perfil de esta censura corporativa:
1.- “Problemas entre particulares”, afirmaron las autoridades de las secretarías de Comunicaciones y Transportes y Gobernación cuando un comando armado de Televisión Azteca decidió suspender la señal de Canal 40, bajo el pretexto de una deuda de 25 millones de dólares que Javier Moreno Valle no le pagó a Ricardo Salinas Pliego.
“¿Y yo por qué?”, fue la famosa frase de Vicente Fox en enero de 2003 para deslindarse del asunto. La complicidad con Los Pinos era obvia: nadie sin el consentimiento de la fuerza pública llega a cortar la señal de una concesión de un medio electrónico, en franca violación a la Ley General de Vías de Comunicación.
Sorprende que ahora el periodista Ciro Gómez Leyva considere que el Chiquihuitazo no fue un caso de censura. El exconductor de lo que fue uno de los noticiarios más frescos y polémicos de la televisión, ahora se compró el argumento corporativo: fue un problema de deudas, no de cierre de espacios informativos. ¿Ya se olvidó del boicot publicitario de los Legionarios al Canal 40, de la incomodidad de Martha Sahagún con el noticiario, del boicot publicitario? ¿No fue censura que Televisión Azteca se apropiara a la mala de una concesión que no le pertenece?
2.- “Boicot publicitario” acusó José Gutiérrez Vivó, el director y dueño de Monitor cuando interrumpió la señal de su emblemático noticiero radiofónico a mediados del año pasado. En entrevista con Proceso, Gutiérrez Vivó también rememoró una frase que provino del jefe de Comunicación Social de Felipe Calderón, Max Cortázar: “Se les dará publicidad cuando se porten bien”.
Algo similar ha justificado por décadas boicots publicitarios a medios incómodos para el poder como Proceso, Diario de Yucatán, La Jornada o El Norte. Lo singular en el caso de Gutiérrez Vivó fue la acción coordinada de los anunciantes privados y de la publicidad pública, para asfixiar a una estación.
Una y otra vez los efímeros defensores de la libertad de expresión justificaron la salida de Gutiérrez Vivó, argumentando el flanco débil de su caso: son problemas por deudas con Radio Centro, fue un “mal administrador” y, el gran pecado original de este sexenio: le dio “demasiado espacio” a Andrés Manuel López Obrador.
3.- Ahora, el espacio informativo conducido por Carmen Aristegui es cancelado bajo el eufemismo de un “nuevo modelo editorial” que Prisa y Televisa quieren imponer en W Radio y que no compagina con el periodismo que durante cinco años realizó Aristegui, respaldado con credibilidad y altos índices de audiencia.
La explicación de W Radio no deja lugar a dudas de que se trató no de una simple “incompatibilidad editorial”, sino de una incomodidad corporativa de la empresa frente a una periodista que supo hacer su trabajo y ganar un reconocimiento generalizado a su profesionalismo:
“La decisión se enmarca dentro de un proceso de renovación, actualización y expansión en el que está inmersa la W, que se refleja también en otros cambios en la parrilla (sic), que hemos realizado en los últimos meses”.
Esos “cambios en la parrilla” tuvieron un corolario bastante grave: eliminar el espacio más plural, de mayor rating y que convirtió a la W en un referente noticioso después de años de vivir en el letargo y la superficialidad mediática.
Imaginemos la reacción de un periodista como Iñaki Gabilondo, quizá el más emblemático de los noticiarios radiofónicos de Grupo Prisa en España, con un razonamiento similar. ¿Sacrificaría el consorcio editor de El País a su periodista con mayor credibilidad para que respetara un “nuevo modelo de organización y trabajo” y sus “cambios en la parrilla”?
Para nadie era un secreto la incomodidad y la molestia del gobierno de Calderón, de la jerarquía eclesiástica, de los propios corporativos mediáticos –en especial, de Televisa-- contra Carmen Aristegui. Era incómoda para el establishment porque todo buen periodista es incómodo cuando se dedica a informar lo que la censura quiere que no se ventile.
Extraoficialmente, uno de los “pecados” de Aristegui fue haber entrevistado ¡dos veces a López Obrador en un año! En otras palabras, no se unió a una pretensión de uniformidad informativa y de odio acrecentado contra “el peligro para México” que domina en los espacios radiofónicos y televisivos.
El grave problema para quienes buscan reducir la expulsión de Carmen Aristegui a un simple desacuerdo laboral, es que ella cuenta con un capital social enorme del cual carecen Televisa, Prisa y el gobierno de Calderón: la credibilidad.
El otro problema es que, a diferencia de los casos de Canal 40 y de Gutiérrez Vivó, Aristegui no es empresaria, ni concesionaria ni tiene intereses corporativos que la vuelvan vulnerable a los pactos corporativos. Es la dueña del único capital que un periodista tiene para defenderse: su trayectoria, su profesionalismo y un carisma que ahora se demuestra en miles de cartas y de correos electrónicos de apoyo y en protesta por su salida.
Si imponerle el silencio a una periodista que sobrevivió a los intereses de estos tiburones mediáticos y a un gobierno incómodo con la crítica no es censura, entonces el cinismo se ha vuelto la moneda de cambio de estos malos tiempos para la libertad de expresión.
jenarovi@yahoo.com.mx
Proceso
8 de enero de 2008
Carmen Aristegui; foto: Miguel DimayugaMéxico, D.F. (apro).- Desde el sexenio pasado, la censura tomó argumentos peculiares para justificar los cierres de espacios informativos y de libertad de expresión. La censura contra Carmen Aristegui constituye el caso más ofensivo de este nuevo estilo que tomó carta de naturalización desde el Chiquihuitazo contra Canal 40: la censura corporativa, resultado de una plena identificación entre la tentación de control de la opinión pública por parte del gobierno y los grupos de poder ideológico, empresarial y político y el alto nivel de concentración en los medios electrónicos, el pegamento que explica la impunidad de estos casos.
Un simple repaso por los casos más recientes y emblemáticos nos da el perfil de esta censura corporativa:
1.- “Problemas entre particulares”, afirmaron las autoridades de las secretarías de Comunicaciones y Transportes y Gobernación cuando un comando armado de Televisión Azteca decidió suspender la señal de Canal 40, bajo el pretexto de una deuda de 25 millones de dólares que Javier Moreno Valle no le pagó a Ricardo Salinas Pliego.
“¿Y yo por qué?”, fue la famosa frase de Vicente Fox en enero de 2003 para deslindarse del asunto. La complicidad con Los Pinos era obvia: nadie sin el consentimiento de la fuerza pública llega a cortar la señal de una concesión de un medio electrónico, en franca violación a la Ley General de Vías de Comunicación.
Sorprende que ahora el periodista Ciro Gómez Leyva considere que el Chiquihuitazo no fue un caso de censura. El exconductor de lo que fue uno de los noticiarios más frescos y polémicos de la televisión, ahora se compró el argumento corporativo: fue un problema de deudas, no de cierre de espacios informativos. ¿Ya se olvidó del boicot publicitario de los Legionarios al Canal 40, de la incomodidad de Martha Sahagún con el noticiario, del boicot publicitario? ¿No fue censura que Televisión Azteca se apropiara a la mala de una concesión que no le pertenece?
2.- “Boicot publicitario” acusó José Gutiérrez Vivó, el director y dueño de Monitor cuando interrumpió la señal de su emblemático noticiero radiofónico a mediados del año pasado. En entrevista con Proceso, Gutiérrez Vivó también rememoró una frase que provino del jefe de Comunicación Social de Felipe Calderón, Max Cortázar: “Se les dará publicidad cuando se porten bien”.
Algo similar ha justificado por décadas boicots publicitarios a medios incómodos para el poder como Proceso, Diario de Yucatán, La Jornada o El Norte. Lo singular en el caso de Gutiérrez Vivó fue la acción coordinada de los anunciantes privados y de la publicidad pública, para asfixiar a una estación.
Una y otra vez los efímeros defensores de la libertad de expresión justificaron la salida de Gutiérrez Vivó, argumentando el flanco débil de su caso: son problemas por deudas con Radio Centro, fue un “mal administrador” y, el gran pecado original de este sexenio: le dio “demasiado espacio” a Andrés Manuel López Obrador.
3.- Ahora, el espacio informativo conducido por Carmen Aristegui es cancelado bajo el eufemismo de un “nuevo modelo editorial” que Prisa y Televisa quieren imponer en W Radio y que no compagina con el periodismo que durante cinco años realizó Aristegui, respaldado con credibilidad y altos índices de audiencia.
La explicación de W Radio no deja lugar a dudas de que se trató no de una simple “incompatibilidad editorial”, sino de una incomodidad corporativa de la empresa frente a una periodista que supo hacer su trabajo y ganar un reconocimiento generalizado a su profesionalismo:
“La decisión se enmarca dentro de un proceso de renovación, actualización y expansión en el que está inmersa la W, que se refleja también en otros cambios en la parrilla (sic), que hemos realizado en los últimos meses”.
Esos “cambios en la parrilla” tuvieron un corolario bastante grave: eliminar el espacio más plural, de mayor rating y que convirtió a la W en un referente noticioso después de años de vivir en el letargo y la superficialidad mediática.
Imaginemos la reacción de un periodista como Iñaki Gabilondo, quizá el más emblemático de los noticiarios radiofónicos de Grupo Prisa en España, con un razonamiento similar. ¿Sacrificaría el consorcio editor de El País a su periodista con mayor credibilidad para que respetara un “nuevo modelo de organización y trabajo” y sus “cambios en la parrilla”?
Para nadie era un secreto la incomodidad y la molestia del gobierno de Calderón, de la jerarquía eclesiástica, de los propios corporativos mediáticos –en especial, de Televisa-- contra Carmen Aristegui. Era incómoda para el establishment porque todo buen periodista es incómodo cuando se dedica a informar lo que la censura quiere que no se ventile.
Extraoficialmente, uno de los “pecados” de Aristegui fue haber entrevistado ¡dos veces a López Obrador en un año! En otras palabras, no se unió a una pretensión de uniformidad informativa y de odio acrecentado contra “el peligro para México” que domina en los espacios radiofónicos y televisivos.
El grave problema para quienes buscan reducir la expulsión de Carmen Aristegui a un simple desacuerdo laboral, es que ella cuenta con un capital social enorme del cual carecen Televisa, Prisa y el gobierno de Calderón: la credibilidad.
El otro problema es que, a diferencia de los casos de Canal 40 y de Gutiérrez Vivó, Aristegui no es empresaria, ni concesionaria ni tiene intereses corporativos que la vuelvan vulnerable a los pactos corporativos. Es la dueña del único capital que un periodista tiene para defenderse: su trayectoria, su profesionalismo y un carisma que ahora se demuestra en miles de cartas y de correos electrónicos de apoyo y en protesta por su salida.
Si imponerle el silencio a una periodista que sobrevivió a los intereses de estos tiburones mediáticos y a un gobierno incómodo con la crítica no es censura, entonces el cinismo se ha vuelto la moneda de cambio de estos malos tiempos para la libertad de expresión.
jenarovi@yahoo.com.mx
martes, abril 03, 2007
El cretino Schettino y su manoseo del nombre de Heberto Castillo
Por: Eratóstenes Horamarcada
En cada ocasión que Cuauhtémoc Cárdenas fue un candidato vigoroso, con grandes posibilidades de obtener la presidencia, los derechistas lo llamaron anticuado y populista. Hoy se deshacen en elogios para el desgastado Cárdenas, porque ya no representa ningún "peligro para México".
Este 3 de abril, El Universal publica un mediocre artículo sobre Heberto Castillo --un poco sobre Cárdenas, también-- firmado por Macario Schettino, un cretino que interpretó los resultados oficiales de la elección presidencial del 2006 como la confrontación entre la mitad responsable de la ciudadanía (la mitad que exigiría más de sí misma y menos de sus gobernantes) y la mitad tradicionalista que espera todo de papá gobierno. ¿Se reconocen en este retrato? ¿Reconocen en él a sus vecinos que votaron por el PRD o por el PAN? Esta interpretación, por supuesto, poco le debe a la realidad y casi todo a la paupérrima imaginación de Schettino.
¿Cómo es que un pendejazo como éste se atreve a dar clases en una universidad? La única asignatura que puedo imaginar a cargo de Schettino se llamaría "Política-Ficción".
Heberto Castillo no merece que los derechistas manoseen su nombre como han manoseado el de Cárdenas. Heberto Castillo espera todavía unas palabras que evoquen su recuerdo con justicia.
Debo agregar, para aquellos que no lo sepan, que Laura Itzel Castillo, hija de don Heberto, es Secretaria de Vivienda del Gobierno legítimo que encabeza Andrés Manuel López Obrador.
En cada ocasión que Cuauhtémoc Cárdenas fue un candidato vigoroso, con grandes posibilidades de obtener la presidencia, los derechistas lo llamaron anticuado y populista. Hoy se deshacen en elogios para el desgastado Cárdenas, porque ya no representa ningún "peligro para México".
Este 3 de abril, El Universal publica un mediocre artículo sobre Heberto Castillo --un poco sobre Cárdenas, también-- firmado por Macario Schettino, un cretino que interpretó los resultados oficiales de la elección presidencial del 2006 como la confrontación entre la mitad responsable de la ciudadanía (la mitad que exigiría más de sí misma y menos de sus gobernantes) y la mitad tradicionalista que espera todo de papá gobierno. ¿Se reconocen en este retrato? ¿Reconocen en él a sus vecinos que votaron por el PRD o por el PAN? Esta interpretación, por supuesto, poco le debe a la realidad y casi todo a la paupérrima imaginación de Schettino.
¿Cómo es que un pendejazo como éste se atreve a dar clases en una universidad? La única asignatura que puedo imaginar a cargo de Schettino se llamaría "Política-Ficción".
Heberto Castillo no merece que los derechistas manoseen su nombre como han manoseado el de Cárdenas. Heberto Castillo espera todavía unas palabras que evoquen su recuerdo con justicia.
Debo agregar, para aquellos que no lo sepan, que Laura Itzel Castillo, hija de don Heberto, es Secretaria de Vivienda del Gobierno legítimo que encabeza Andrés Manuel López Obrador.
viernes, marzo 23, 2007
Respuesta a la pregunta de la revista "Time": “¿Por qué se odian unos a otros?”
Richard Marsden
Rebelión
19 de marzo de 2007
Original: The Business of Emotions
Traducción: Sinfo Fernández
“Sunníes contra Chiíes. ¿Por qué se odian los unos a los otros? ¿Cuáles son las causas reales de la guerra civil que está destrozando Oriente Medio?”
Esa es la pregunta que plantea la portada de la revista Time en el número correspondiente al 5 de marzo de 2007, en las ediciones para EEUU y el Pacífico. Cabe presumir que saben que es más conveniente ponerla en esas áreas que en la portada de la edición para Europa.
Todo esto me recuerda la portada de mayo de 2006 de The Economist: “Iraq at war with itself”, con el rostro de un hombre iraquí gritando. Lo comenté en su momento.
Entonces aquel rostro representaba la cara del dolor. Lo que simboliza ahora es la cara del odio.
En ambos casos, los iraquíes son retratados como emocionalmente desafortunados ante el lector habitual de Time, para quien la “persona del 2006”, permítasenos recordarlo, era Usted, representado mediante un ordenador como el rostro de la racionalidad misma.
Recuerden los fantasmas de aquel “¿Por qué nos odian?” que siguió a los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001.
Más allá de esta imagen (escenificada y poco convincente) de esos dos iraquíes llenos de odio, hallamos la ahora familiar explicación estadounidense de esas ‘odiosas sectas guerreras’ en “Behind the Sunni-Shi’ite Divide”.
La introducción que aparece en la página de contenidos nos proporciona el meollo del asunto:
La guerra entre las dos sectas islámicas ha acabado con las esperanzas de EEUU de levantar un Iraq estable de entre las ruinas. Una mirada a las raíces del enfrentamiento, y a las posibilidades existentes de contenerlo.
Esta interpretación debe confortar en gran medida a los lectores estadounidenses. La guerra de guerrillas contra sus soldados, que se intensifica incluso con las actuales y duras medidas de seguridad, ni siquiera de puntillas se menciona en el artículo de Time.
Así, en el espacio de un año, la “narrativa” se ha transformado desde el Iraq al que EEUU había arruinado a la ruina de las “esperanzas estadounidenses”. Es decir, es con los estadounidenses con quien hay que sentir empatía. Si no fuera por esos iraquíes tan excesivamente emocionales, habrían reconstruido el país, habrían hecho el equipaje y estarían ya en casa.
No es de extrañar que no colocaran esa portada en la edición europea. Saben bastante poco de cómo es EEUU.
Más que una declaración, es una bofetada y, en verdad, si lo que Time trata de hacer es aclarar cualquier persistente malentendido en la historia actual de las noticias, haría mejor en reunir las palabras para formular la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que ha hecho que se odien los unos a los otros?
Es una buena pregunta porque, hasta hace bien poco, el ser sunní o chií no era un rasgo que definiera su identidad.
Desde luego, el extendido punto de vista de que los sunníes, aunque en minoría, controlaban Iraq y discriminaban negativamente a los chiíes, que se resentían profundamente por esa situación, se apoya bastante en los archivos históricos.
Pero no fue esa la forma en que actuó Sadam Husein. Data de los días del Imperio Otomano (1534-1918), cuando se colocaba en los puestos de poder a los árabes sunníes de los alrededores de Bagdad para prevenir la amenaza de un Irán en conexión con los clérigos chiíes.
Durante la primera mitad del siglo pasado, cuando los británicos se apropiaron del control de la región, continuaron esas prácticas. Sunníes y chiíes empezaron a integrarse unos con otros tan pronto como los británicos se marcharon (aunque su monarquía permaneció), integración que tuvo su continuidad con los baazistas.
Más recientemente:
“En Iraq, en los últimos años de la década de 1980-90, las tensiones reales se produjeron entre la mayoría de la población, tanto sunní como chií para quienes las prácticas y creencias religiosas eran valores importantes, y los baazistas laicos, más que entre sunníes y chiíes. Aunque los chiíes estuvieron poco representados en puestos del gobierno durante el período de la monarquía, lograron progresos sustanciales en los campos educativos, comerciales y legales. Su avance en otras áreas, como es el caso de los partidos de oposición, fue tal que en los años ente 1952 y 1963, antes de que el partido Baaz llegara al poder, los chiíes detentaban la mayoría de los puestos importantes del partido. En los últimos años de la década de los ochenta, los observadores pudieron percibir que los chiíes estaban representados en todos los niveles del partido en proporción aproximada a las estimaciones del gobierno de las cifras de población. Por ejemplo, de los ocho máximos dirigentes iraquíes que a principios de 1988 se sentaban con Husein en el Consejo del Mando de la Revolución –el órgano gubernamental de rango superior-, tres eran árabes chiíes (uno de ellos, Ministro del Interior), tres eran árabes sunníes, uno era un árabe cristiano y uno era kurdo. En ese momento, en el Consejo del Mando Regional –el órgano de gobierno del partido- predominaban los chiíes. Durante la guerra, un grupo de oficiales chiíes muy competente fue promovido a comandantes de cuerpo. El general que hizo retroceder las primeras invasiones iraníes en Iraq en 1982 era chií.” [Helen Chapin Metz. ed. Iraq: A Country Study, 1988].
La integración entre sunníes y chiíes prosiguió durante la Presidencia de Sadam Husein. La mayoría de los integrantes de su gobierno eran chiíes. Que yo recuerde, la mayoría de aquellos “más buscados” representados en la baraja del Departamento de Defensa estadounidense eran chiíes, no sunníes.
Se casaron unos con otros y vivieron juntos como musulmanes e iraquíes. Hace poco más de un año estaban luchando codo con codo en la resistencia contra la ocupación. (1)
Así pues, estaría bien que nos preguntáramos: ¿Por qué ahora todas esas matanzas sectarias?
Lo que ocurre es que si alguien trata de matarte a ti y a los tuyos, una respuesta lógica es que se generen emociones de rabia y odio. Cuando no hay un sistema estatal de justicia, y debido al sentido del honor tribal iraquí que considera que aquéllos que son atacados han de tomar represalias, nadie debería sorprenderse de que todo eso esté incitando a la guerra civil.
En la actualidad asistimos a la visión de un avispero de ataques y represalias, causas y efectos. Pero empecemos analizando el hecho que parece haber transformado una resistencia iraquí unida ante la ocupación en una guerra civil: las bombas que estallaron hace poco más de un año en la mezquita de al-Askari.
Mis pensamientos sobre este suceso en aquel momento se sitúan en la mezquita al-Askari. ¿Quiénes eran aquellos hombres enmascarados?
¿Es verdad que el estado de ánimo en la calle tras la destrucción de la mezquita era anti-sunní? No, según Sami Ramadani escribió en The Guardian: Lo que se oyó en la calle fue (y es) que “esto es obra de EEUU y sus aliados –las banderas israelíes y estadounidenses fueron quemadas en protesta-, no de extremistas sunníes”. Los ánimos estaban contra la ocupación, no había sentimientos sectarios.
Por eso, repito ¿quiénes eran aquellos hombres enmascarados que estuvieron doce horas colocando los explosivos bajo la cúpula, en la Samarra entonces controlada por EEUU? (*)
Es una pregunta que aún ahora se hacen muchos iraquíes. Es la que subyace en el artículo de Akram Abdulrazzaq Iraq’s Car Bombers, who are They?(**) ¿Por qué de entre miles de coches bombas no se ha identificado ni a uno solo de sus propietarios?
Prosigue Abdulrazzaq:
Antes de que Bagdad cayera ante las tropas estadounidenses, el país tenía un sofisticado sistema de registro de vehículos, y las autoridades podían identificar al propietario de cualquier coche siniestrado en cuestión de minutos.
Entonces, ¿por qué no puede hacerse ahora?
¿No tienen esos coches matrículas y números de serie? Todavía estamos esperando que las autoridades identifiquen al propietario de un solo vehículo utilizado como coche bomba o que nos digan al menos de dónde salió.
A los iraquíes, sostiene, no los convencen nada las “excusas ingenuas” de las autoridades.
Necesitan que los estadounidenses y las autoridades iraquíes que les apoyan les digan de dónde salen todos esos coches bomba. ¿Cómo es posible que puedan estar escurriéndose por tantos controles y bloqueos de carretera estadounidenses e iraquíes, sobre todo en Bagdad?
Con más de 80.000 tropas estadounidenses ahora en Bagdad, y con tantos medios tecnológicos que tienen al alcance de la mano, ¿cómo se explica?
Amin al-Hashmi, en “Hiding Iraq’s Death Squads no Game”, pregunta:
¿Cómo puede uno ignorar el hecho de que con todas las capacidades que tienen, los ocupantes y el gobierno fracasen a la hora de impedir que un vehículo que lleva cientos de kilos de explosivos pueda cruzar la frontera, viajar por las calles y pasar un control tras otro? Para colmo, las autoridades han sido incapaces de identificar siquiera un solo coche bomba ni a una sola persona que los haya preparado; y han fracasado también a la hora de impedir su paso a través de los controles del gobierno en su camino hasta el lugar donde se estacionan en medio de las tiendas y de la gente inocente.
¿Habrían pensado que los “servicios de seguridad” habrían hecho un esfuerzo especial con ocasión de la ceremonia del 12 de febrero en el mercado de Shorya que señalaba el aniversario de un año de las bombas de la mezquita de al-Askari? Dos coches bomba. Al menos 80 personas muertas.
¿De dónde salieron esos coches? ¿Quiénes son sus propietarios? ¿Cómo es que siempre son “desconocidos” los autores de la colocación de esos coches bomba?
Muchos de los coches utilizados como coches bomba, quizá se sorprendan de saberlo, vienen de Estados Unidos. Eso defiende Debbie Hamilton, de Right Truth. Cree que son suministrados por “comerciantes de coches usados árabes/musulmanes”, que apoyan a los “terroristas”, pero es fácil llegar a otra conclusión mucho más obvia.
Entremos también a considerar el artículo “¿Están los 70.000 mercenarios del Pentágono en Iraq matando chiíes y sunníes?, publicado en Al Yazira, un estudio del libro de Robert Pelton “License to Hill: Hired Guns in the War on Terror”:
¿Podrían ser algunos de los mercenarios alquilados por el Pentágono los autores reales de las bombas diarias y de los asesinatos de sunníes y chiíes en Iraq?
La devastación actual del país asolado por la guerra, ¿es parte de un complot más amplio para provocar la guerra civil, planeada por EEUU/Israel, que desmembrará Iraq?
Sólo tienen que pensar en quién está detrás de esa maquinaria de guerra privatizada.
Y mientras, sigamos con esta cuestión, ¿de dónde salieron los dos soldados británicos, disfrazados de árabes, que fueron atrapados poniendo una bomba cerca de un lugar donde se celebraba una fiesta religiosa en Basora? El relato de John Pilger está aquí. El mío está aquí. Vean también de Steve Watson “Who are the Real terrorist in Iraq?”.
¿Por qué la revista Time no se hace preguntas como esas? Los estadounidenses (y los británicos, si vamos a ello) tienen una opinión tan exagerada sobre ellos mismos que no pueden creer que “ellos” tengan algo que ver en la incitación de esa guerra civil.
Si la reciente encuesta del BBC World Service, que evalúa a EEUU en relación con Irán, Israel y Corea del Norte, sirve de orientación, el resto del mundo no parece tener ese problema.
Rebelión
19 de marzo de 2007
Original: The Business of Emotions
Traducción: Sinfo Fernández
“Sunníes contra Chiíes. ¿Por qué se odian los unos a los otros? ¿Cuáles son las causas reales de la guerra civil que está destrozando Oriente Medio?”
Esa es la pregunta que plantea la portada de la revista Time en el número correspondiente al 5 de marzo de 2007, en las ediciones para EEUU y el Pacífico. Cabe presumir que saben que es más conveniente ponerla en esas áreas que en la portada de la edición para Europa.
Todo esto me recuerda la portada de mayo de 2006 de The Economist: “Iraq at war with itself”, con el rostro de un hombre iraquí gritando. Lo comenté en su momento.
Entonces aquel rostro representaba la cara del dolor. Lo que simboliza ahora es la cara del odio.
En ambos casos, los iraquíes son retratados como emocionalmente desafortunados ante el lector habitual de Time, para quien la “persona del 2006”, permítasenos recordarlo, era Usted, representado mediante un ordenador como el rostro de la racionalidad misma.
Recuerden los fantasmas de aquel “¿Por qué nos odian?” que siguió a los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001.
Más allá de esta imagen (escenificada y poco convincente) de esos dos iraquíes llenos de odio, hallamos la ahora familiar explicación estadounidense de esas ‘odiosas sectas guerreras’ en “Behind the Sunni-Shi’ite Divide”.
La introducción que aparece en la página de contenidos nos proporciona el meollo del asunto:
La guerra entre las dos sectas islámicas ha acabado con las esperanzas de EEUU de levantar un Iraq estable de entre las ruinas. Una mirada a las raíces del enfrentamiento, y a las posibilidades existentes de contenerlo.
Esta interpretación debe confortar en gran medida a los lectores estadounidenses. La guerra de guerrillas contra sus soldados, que se intensifica incluso con las actuales y duras medidas de seguridad, ni siquiera de puntillas se menciona en el artículo de Time.
Así, en el espacio de un año, la “narrativa” se ha transformado desde el Iraq al que EEUU había arruinado a la ruina de las “esperanzas estadounidenses”. Es decir, es con los estadounidenses con quien hay que sentir empatía. Si no fuera por esos iraquíes tan excesivamente emocionales, habrían reconstruido el país, habrían hecho el equipaje y estarían ya en casa.
No es de extrañar que no colocaran esa portada en la edición europea. Saben bastante poco de cómo es EEUU.
Más que una declaración, es una bofetada y, en verdad, si lo que Time trata de hacer es aclarar cualquier persistente malentendido en la historia actual de las noticias, haría mejor en reunir las palabras para formular la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que ha hecho que se odien los unos a los otros?
Es una buena pregunta porque, hasta hace bien poco, el ser sunní o chií no era un rasgo que definiera su identidad.
Desde luego, el extendido punto de vista de que los sunníes, aunque en minoría, controlaban Iraq y discriminaban negativamente a los chiíes, que se resentían profundamente por esa situación, se apoya bastante en los archivos históricos.
Pero no fue esa la forma en que actuó Sadam Husein. Data de los días del Imperio Otomano (1534-1918), cuando se colocaba en los puestos de poder a los árabes sunníes de los alrededores de Bagdad para prevenir la amenaza de un Irán en conexión con los clérigos chiíes.
Durante la primera mitad del siglo pasado, cuando los británicos se apropiaron del control de la región, continuaron esas prácticas. Sunníes y chiíes empezaron a integrarse unos con otros tan pronto como los británicos se marcharon (aunque su monarquía permaneció), integración que tuvo su continuidad con los baazistas.
Más recientemente:
“En Iraq, en los últimos años de la década de 1980-90, las tensiones reales se produjeron entre la mayoría de la población, tanto sunní como chií para quienes las prácticas y creencias religiosas eran valores importantes, y los baazistas laicos, más que entre sunníes y chiíes. Aunque los chiíes estuvieron poco representados en puestos del gobierno durante el período de la monarquía, lograron progresos sustanciales en los campos educativos, comerciales y legales. Su avance en otras áreas, como es el caso de los partidos de oposición, fue tal que en los años ente 1952 y 1963, antes de que el partido Baaz llegara al poder, los chiíes detentaban la mayoría de los puestos importantes del partido. En los últimos años de la década de los ochenta, los observadores pudieron percibir que los chiíes estaban representados en todos los niveles del partido en proporción aproximada a las estimaciones del gobierno de las cifras de población. Por ejemplo, de los ocho máximos dirigentes iraquíes que a principios de 1988 se sentaban con Husein en el Consejo del Mando de la Revolución –el órgano gubernamental de rango superior-, tres eran árabes chiíes (uno de ellos, Ministro del Interior), tres eran árabes sunníes, uno era un árabe cristiano y uno era kurdo. En ese momento, en el Consejo del Mando Regional –el órgano de gobierno del partido- predominaban los chiíes. Durante la guerra, un grupo de oficiales chiíes muy competente fue promovido a comandantes de cuerpo. El general que hizo retroceder las primeras invasiones iraníes en Iraq en 1982 era chií.” [Helen Chapin Metz. ed. Iraq: A Country Study, 1988].
La integración entre sunníes y chiíes prosiguió durante la Presidencia de Sadam Husein. La mayoría de los integrantes de su gobierno eran chiíes. Que yo recuerde, la mayoría de aquellos “más buscados” representados en la baraja del Departamento de Defensa estadounidense eran chiíes, no sunníes.
Se casaron unos con otros y vivieron juntos como musulmanes e iraquíes. Hace poco más de un año estaban luchando codo con codo en la resistencia contra la ocupación. (1)
Así pues, estaría bien que nos preguntáramos: ¿Por qué ahora todas esas matanzas sectarias?
Lo que ocurre es que si alguien trata de matarte a ti y a los tuyos, una respuesta lógica es que se generen emociones de rabia y odio. Cuando no hay un sistema estatal de justicia, y debido al sentido del honor tribal iraquí que considera que aquéllos que son atacados han de tomar represalias, nadie debería sorprenderse de que todo eso esté incitando a la guerra civil.
En la actualidad asistimos a la visión de un avispero de ataques y represalias, causas y efectos. Pero empecemos analizando el hecho que parece haber transformado una resistencia iraquí unida ante la ocupación en una guerra civil: las bombas que estallaron hace poco más de un año en la mezquita de al-Askari.
Mis pensamientos sobre este suceso en aquel momento se sitúan en la mezquita al-Askari. ¿Quiénes eran aquellos hombres enmascarados?
¿Es verdad que el estado de ánimo en la calle tras la destrucción de la mezquita era anti-sunní? No, según Sami Ramadani escribió en The Guardian: Lo que se oyó en la calle fue (y es) que “esto es obra de EEUU y sus aliados –las banderas israelíes y estadounidenses fueron quemadas en protesta-, no de extremistas sunníes”. Los ánimos estaban contra la ocupación, no había sentimientos sectarios.
Por eso, repito ¿quiénes eran aquellos hombres enmascarados que estuvieron doce horas colocando los explosivos bajo la cúpula, en la Samarra entonces controlada por EEUU? (*)
Es una pregunta que aún ahora se hacen muchos iraquíes. Es la que subyace en el artículo de Akram Abdulrazzaq Iraq’s Car Bombers, who are They?(**) ¿Por qué de entre miles de coches bombas no se ha identificado ni a uno solo de sus propietarios?
Prosigue Abdulrazzaq:
Antes de que Bagdad cayera ante las tropas estadounidenses, el país tenía un sofisticado sistema de registro de vehículos, y las autoridades podían identificar al propietario de cualquier coche siniestrado en cuestión de minutos.
Entonces, ¿por qué no puede hacerse ahora?
¿No tienen esos coches matrículas y números de serie? Todavía estamos esperando que las autoridades identifiquen al propietario de un solo vehículo utilizado como coche bomba o que nos digan al menos de dónde salió.
A los iraquíes, sostiene, no los convencen nada las “excusas ingenuas” de las autoridades.
Necesitan que los estadounidenses y las autoridades iraquíes que les apoyan les digan de dónde salen todos esos coches bomba. ¿Cómo es posible que puedan estar escurriéndose por tantos controles y bloqueos de carretera estadounidenses e iraquíes, sobre todo en Bagdad?
Con más de 80.000 tropas estadounidenses ahora en Bagdad, y con tantos medios tecnológicos que tienen al alcance de la mano, ¿cómo se explica?
Amin al-Hashmi, en “Hiding Iraq’s Death Squads no Game”, pregunta:
¿Cómo puede uno ignorar el hecho de que con todas las capacidades que tienen, los ocupantes y el gobierno fracasen a la hora de impedir que un vehículo que lleva cientos de kilos de explosivos pueda cruzar la frontera, viajar por las calles y pasar un control tras otro? Para colmo, las autoridades han sido incapaces de identificar siquiera un solo coche bomba ni a una sola persona que los haya preparado; y han fracasado también a la hora de impedir su paso a través de los controles del gobierno en su camino hasta el lugar donde se estacionan en medio de las tiendas y de la gente inocente.
¿Habrían pensado que los “servicios de seguridad” habrían hecho un esfuerzo especial con ocasión de la ceremonia del 12 de febrero en el mercado de Shorya que señalaba el aniversario de un año de las bombas de la mezquita de al-Askari? Dos coches bomba. Al menos 80 personas muertas.
¿De dónde salieron esos coches? ¿Quiénes son sus propietarios? ¿Cómo es que siempre son “desconocidos” los autores de la colocación de esos coches bomba?
Muchos de los coches utilizados como coches bomba, quizá se sorprendan de saberlo, vienen de Estados Unidos. Eso defiende Debbie Hamilton, de Right Truth. Cree que son suministrados por “comerciantes de coches usados árabes/musulmanes”, que apoyan a los “terroristas”, pero es fácil llegar a otra conclusión mucho más obvia.
Entremos también a considerar el artículo “¿Están los 70.000 mercenarios del Pentágono en Iraq matando chiíes y sunníes?, publicado en Al Yazira, un estudio del libro de Robert Pelton “License to Hill: Hired Guns in the War on Terror”:
¿Podrían ser algunos de los mercenarios alquilados por el Pentágono los autores reales de las bombas diarias y de los asesinatos de sunníes y chiíes en Iraq?
La devastación actual del país asolado por la guerra, ¿es parte de un complot más amplio para provocar la guerra civil, planeada por EEUU/Israel, que desmembrará Iraq?
Sólo tienen que pensar en quién está detrás de esa maquinaria de guerra privatizada.
Y mientras, sigamos con esta cuestión, ¿de dónde salieron los dos soldados británicos, disfrazados de árabes, que fueron atrapados poniendo una bomba cerca de un lugar donde se celebraba una fiesta religiosa en Basora? El relato de John Pilger está aquí. El mío está aquí. Vean también de Steve Watson “Who are the Real terrorist in Iraq?”.
¿Por qué la revista Time no se hace preguntas como esas? Los estadounidenses (y los británicos, si vamos a ello) tienen una opinión tan exagerada sobre ellos mismos que no pueden creer que “ellos” tengan algo que ver en la incitación de esa guerra civil.
Si la reciente encuesta del BBC World Service, que evalúa a EEUU en relación con Irán, Israel y Corea del Norte, sirve de orientación, el resto del mundo no parece tener ese problema.
Fuentes:
- Ali Al-Hamdani, An “Open Setter” to the Iraqi Resistacne; Call for “Joint Action”.
- Fred Halliday, “Sunni, Shi’a and the “Trotskyist of Islam”, Open Democracy, 9.2.2007.
- Jessica Long: “Analizing the pandemic of global American hatred”.
- Jan Morris: “Once the most beloved country in the world”, the US is now the most hated.
- “World View of US Role Goes From Bad to Worse”, World Public Opinion. 10 marzo 2007.
N. de T.:
(*) Véase en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=27323
(**) Véase en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46361
Texto original en inglés:
http://businessofemotions.typepad.com/drrm/2007/03/a_response_to_t.html
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