Mostrando las entradas con la etiqueta monarquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta monarquía. Mostrar todas las entradas

domingo, octubre 12, 2008

Requerimiento de Francisco Pizarro

Pueblos originarios y socialismo: a cinco siglos del “Descubrimiento”
Sergio de Castro Sánchez

Kaos en la red

12 de octubre de 2008


Es nuestra intención invitar a una reflexión que, partiendo de los fundamentos ideológicos del genocidio, nos permita pensar el presente histórico que vive América Latina.

Como ya es habitual, sin dejar de ser necesario, por estas fechas se multiplican las voces de denuncia contra uno de los episodios más salvajes de la historia de la humanidad y la manipulación y el silencio con que las elites han tratado de justificarlo u ocultarlo. Es nuestra intención invitar a una reflexión que, partiendo de los fundamentos ideológicos del genocidio, nos permita pensar el presente histórico que vive América Latina.

De manera ya conocida, las cúpulas ideológicas a ambos lados del Océano celebran el 12 de Octubre como el comienzo de un “encuentro” enriquecedor entre “dos formas de ver le mundo y la vida”. Este “encuentro”, a grandes rasgos, puede dividirse en dos etapas. La primera comenzaría, por supuesto, con la llegada de Colón a “La Española” y finalizaría con el logro de la independencia por parte de los países americanos. La excusa: la verdad de Dios. El fondo del asunto: el dinero y la expansión colonial (poder). La segunda surgiría con la creación de los estados-nación en Abya-yala y la consagración del poder criollo y su proyecto mestizo. La excusa: el progreso y la modernidad. El fondo del asunto: la perpetuación del poder económico y político. El neoliberalismo sería la última expresión de esta fase.

La tercera de estas etapas (si es tal cosa) debería ser descrita con mayor cautela y un análisis más pormenorizado, pero este no es la finalidad de este escrito. Con esa cautela que merece un proyecto no acabado y que se define como liberador y revolucionario, podríamos decir que este nuevo período comienza con la llegada al poder de gobiernos más o menos cercanos al llamado socialismo del siglo XXI. Si se convertirá en una nueva máscara del proyecto mestizo-criollo (y por tanto continuista con respecto a la lógica etnocéntrica, desarrollista y depredadora de la Modernidad) o si será capaz, como demandan muchas voces surgidas desde el propio socialismo, de incluir en él a los pueblos originarios, es lo que falta por ver. Posición esta última que, aún así, tiene los peligros ya experimentados en el pasado cuando se trata de “integrar”, y no tomar como protagonistas, a los verdaderos herederos del continente de Abya Yala.

Surgen, por tanto, algunas cuestiones. La “Revolución”: ¿nueva excusa o proyecto liberador y plurinacional? El fondo del asunto: ¿creación de renovadas oligarquías o auténtico cambio estructural?

En este contexto, algunas de las lógicas repetidas durante siglos deben ser revisadas en base a los hechos históricos y sus fundamentos ideológicos de fondo. Y con esto me refiero no tanto a los “contenidos”, evidentemente muy diferentes, sino a la “forma” en que estos contenidos son presentados al “otro” (los pueblos originarios). La reflexión que se propone tiene como objetivo recapacitar acerca de si la manera en que las propuestas de cambio son presentadas al “otro” “desde arriba”, como algo absoluto, único y verdadero; o si por el contrario, incluso más allá de la mera “integración”, lo son de manera horizontal como algo inacabado y abierto.

Salvando las diferencias que esperamos haber explicado con suficiente claridad, creemos que a este respecto uno de los documentos más clarificadores y sobrecogedores que uno puede consultar es el Requerimiento.

Cuando en 1511 el dominico Antonio de Montesinos denuncia desde La Española el comienzo de las atrocidades que se convertirían más tarde en un genocidio a nivel continental, Fernando el Católico convoca una junta de juristas y teólogos que traten de dar fundamento a la Conquista. Juan López de Palacios Rubios sería el encargado de redactar a este respecto la Notificación y requerimiento que se ha dado de hacer a los moradores de las islas en tierra firme del mar océano que aún no están sujetos a Nuestro Señor: el Requerimiento.

La fundamentación teológica del principio de propiedad sobre “El Nuevo Mundo” y el derecho divino -obligación moral más bien- de proceder a la evangelización de sus moradores sirven de excusa para una acción muestra del atavismo ideológico y humano de quienes impulsaron la Conquista. Un atavismo anclado en el eurocentrismo más recalcitrante y que, posteriormente, ha ido cambiando su máscara a lo largo de los años. Si el proyecto socialista se está convirtiendo en una nueva máscara es lo que, creemos, es necesario revisar en estos momentos históricos para América Latina.

El Requerimiento fue utilizado por primera vez en la actual Panamá en 1513. El “conquistador” Pedrarias Dávila tuvo el honor primero de hacer saber a los indígenas cuál era la verdad suprema que fundamentaba el genocidio. Así, tal y como harían sus sucesores, llegado el momento de su encuentro con los “indios”, leyó en voz alta el solemne documento. Les hizo saber que el Papa era el auténtico poseedor de sus tierras. Que el representante de Dios en la Tierra las había entregado a los Reyes Católicos con la tarea explicita de evangelizar y guiar por el camino de la Verdad a sus moradores. En perfecto castellano antiguo, y en presencia de un notario real, se les hacía saber que cualquier tipo de resistencia a tal empeño divino supondría, bajo principio supremo emanado de lo más Alto, el derecho de los conquistadores a arrasar con todo aquel que se mostrara mínimamente reticente a cumplir el mandato divino. Añadiendo, para acabar, que ellos mismos serían los culpables de tal proceder de los esforzados cristianos por no acatar los designios de Dios.

Si bien en un principio el texto era leído en presencia de los propios indígenas, más tarde lo sería, tal y como explica Eduardo Galeano, en la noche y desde las cercanías de las aldeas que, al amanecer, eran arrasadas por los enviados de Dios.

El Requerimiento sufrió pequeñas modificaciones a lo largo de los años. A continuación reproducimos la versión hecha llegar a Francisco Pizarro durante sus heroicas expediciones por tierras del Imperio Inca. Recomendamos de manera enfática su lectura completa.

Provisión que se manda al marqués don Francisco de Pizarro para que pudiese continuar las conquistas de las provincias del Perú

La forma y orden que se ha de tener en el requerimiento que de parte de su Majestad se ha de hacer a los Indios Caribes, alzados en la provincia del Perú, es el siguiente:

De parte del Emperador y Rey don Carlos, y doña Juana, su madre, Reyes de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algecira, de Gibraltar, de las islas de Canaria, de las Indias, islas y tierra firme del mar Océano, Condes de Barcelona, Señores de Vizcaya y de Molina, Duques de Atenas y Neopatria, Condes de Ruysellón y de Cerdeña, Marqueses de Oristán y de Gociano, Archiduque de Austria, Duques de Borgoña y de Bravante, Condes de Flandes y de Tirol, etc. Domadores de gentes bárbaras.

Sus criados os notificamos y hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de estos ha salido desde [hace] cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos Reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener y conservar.

De todas estas gentes Dios nuestro Señor dio cargo a uno, que fue llamado S. Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fue cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viniesen en cualquier ley, secta o creencia; y dióle todo el mundo por su Reino y jurisdicción, y como quiera que él mandó poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, y juzgar y gobernar a todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier otra secta o creencia que fueren. A este llamaron Papa, porque quiere decir, admirable, padre mayor y gobernador de todos los hombres.

A este San Pedro obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos al pontificado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad y silla que he dicho, como señor del mundo hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos Reinos, con todo lo que en ella hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis. Así que sus Majestades son Reyes y señores de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales Reyes y señores algunas islas más y casi todas a quien esto ha sido notificado, han recibido a sus Majestades, y los han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe y todos ellos de su libre, agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son, y sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.

Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Emperador y Reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y Reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.

Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende de esto sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes.

Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen; y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos.

Señalada del Conde, Doctor Beltrán. Licenciado Carabajal. Licenciado Bernal, Licenciado Mercado de Peñalosa.

Esta se despachó para el Marqués don Francisco Pizarro en ocho de Marzo, de mil quinientos y treinta y tres, cuando se le envió provisión para que pudiese continuar la conquista y población de las provincias del Perú.

viernes, noviembre 23, 2007

Así hizo su fortuna el rey de España

En este reportaje, el equipo de Pluralia TV investiga cuál es el origen de la inmensa fortuna de Juan Carlos I, rey de España, uno de los hombres más ricos del mundo, impuesto en el cargo que ocupa por el dictador fascista Francisco Franco.

El video puede ayudar a comprender por qué Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (es éste el nombre con que fue bautizado) se irritó tanto cuando los presidentes de Venezuela y Nicaragua --Hugo Chávez y Daniel Ortega, respectivamente; nombres, y hombres, mucho más sencillos-- emprendieron una crítica pública del desempeño de empresas españolas como Unión Fenosa en Iberoamérica.


La familia real recibe para su manutención al año más de 7 millones de euros, por parte del erario español; a cambio, ni Juan Carlos, ni su consorte ni sus hijos, desempeñan función alguna que beneficie a sus súbditos.

Que España tenga un rey --supuesto jefe de Estado, con obligaciones que en realidad son simbólicas, pero sí gozador de derechos diferentes y superiores a los del resto de los españoles-- contando al mismo tiempo con un presidente --jefe de Gobierno-- elegido en las urnas, es redundante: uno de los dos sobra ahí. Con un partido gobernante tan lamentable como el PSOE, me temo que sobren los dos, el rey y el presidente.


El pueblo de España no es libre, y no lo será mientras no se deshaga del absurdo lastre de la monarquía. ¡Viva la república!


En YouTube

miércoles, noviembre 14, 2007

El desplante de Juan Carlos a Ortega

Nota del blog: Ya hemos hablado de la grosera actitud de Juan Carlos I para con el comandante Hugo Chávez; el siguiente artículo examina los motivos por los cuales el monarca extendió su majadería hacia Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.

M
onarquía, democracia y negocios sucios
Jesús Carrión Rabasco*
Rebelión
14 de noviembre de 2007


Empresas españolas y Nicaragua


Sorprende que nuestro monarca se sienta ofendido y se marche de la Cumbre Iberoamericana porque un presidente democráticamente electo como es Daniel Ortega, criticara el papel de la transnacional española Unión Fenosa en Nicaragua. Me sorprende que esta empresa se merezca la protección del Rey y del Presidente del Gobierno español. Y Ustedes se preguntarán ¿por qué te sorprende?

¿Saben que en octubre de este año Unión Fenosa ha sido juzgada por el Tribunal Permanente de los Pueblos en Managua, que la ha acusado de "contribuir al deterioro de las condiciones de vida y salud física y mental de una parte creciente de la población nicaragüense y guatemalteca, específicamente del derecho humano a un nivel de vida adecuado, contribuyendo además a mantener los niveles de pobreza"? ¿Saben que con aproximadamente 600.000 usuarios en Nicaragua, la empresa recibe unas 54.000 reclamaciones anuales? ¿Saben que ha sido multada infinidad de veces por el Instituto Nicaragüense de la Energía (INE) y no ha pagado jamás una sanción? ¿Saben que en Nicaragua desde que llegaron han despedido a más de 400 trabajadores y que en algunas de las empresas que subcontratan para dar sus servicios los trabajadores no tienen contrato?

¿Más prácticas irresponsables? En Nicaragua es normal que cada no mucho tiempo, los diarios se hagan eco de la muerte de otra persona electrocutada o la quema de una vivienda o negocio porque Unión Fenosa, no cumple con la mínima inversión necesaria para el mantenimiento de la red de distribución. ¿La solución de la empresa? Dinero y silencio.

Ahora bien, si queremos una verdad oficial, no tenemos más que ir a la página web de la empresa y ver que en 2007 el beneficio ha aumentado un 39,8% o que para el año 2008, mostrando su clara política de "responsabilidad social", el día solidario de la empresa será para Nicaragua. O ver a nuestro monarca y al presidente del gobierno español cerrar filas para defender con contundencia los intereses de nuestras transnacionales. ¿Nuestras? Mías no, gracias. Quizás sería mejor exigirles que se pongan al servicio de los ciudadanos y ciudadanas del mundo, no apliquen una doble moral y hagan respetar a las empresas españolas fuera del Estado español los derechos humanos y el medio ambiente igual que hacen aquí.

Por cierto, todo esto se lo explico, porque he estado allí.

* Jesús Carrión Rabasco, español. Observatorio de la Deuda en la Globalización.

martes, noviembre 13, 2007

Reyguetón

Yo soy un tipo de supersticioso muy especial: a mí los martes 13 me dan buena suerte. Martes 13: buen día para retomar el blog.

Era predecible: la mayoría de los medios de comunicación, en México y demás democracias bananeras, ha satanizado una vez más a Hugo Chávez, y de pasadita a Daniel Ortega, por el enormísimo pecado que cometieron estos líderes al criticar a los monopolios españoles y a su portavoz, José María Aznar, el borrachín culpable de las muertes de Atocha, quien,
habiéndose impuesto desde hace varios años una cruzada personal en contra de Chávez, desalienta a las empresas de todo el mundo a invertir en Venezuela.

En la inútil Cumbre de jefes de Estado de Iberoamérica efectuada hace unos cuantos días en Chile, fue el monarca español, Juan Carlos I, precisamente el único de los ahí reunidos que no fue electo por su gente, el que intentó limitar la libertad de expresión del presidente Hugo Chávez, llevado a su cargo, él sí, por la mayoría de sus compatriotas.

Hay que insistir en que Chávez, al contrario de casi todos los demás presidentes iberoamericanos, ha utilizado las ganancias generados por los recursos nacionales para invertirlas en el bienestar de la sociedad.

Dos tontos se exhibieron como tales en la Cumbre: en primer lugar, el rey (de bastos) Juan Carlos, que no se ha enterado de que Venezuela dejó de ser colonia española hace casi dos siglos; en segundo lugar, el dizque presidente, José Luis "Bambi" Rodríguez Zapatero. Para esos que anhelan "una izquierda como la de España", Bambi nos demostró, ahora con palabras --pues jamás ha cesado de hacerlo con hechos--, el significado de esa expresión: una izquierda que no es izquierda, una derecha disfrazada cómodamente de izquierda.

Por acá estamos con mucha chamba, lo que nos ha impedido actualizar adecuadamente nuestra bitácora; pero, por este "reyguetón", bien vale la pena asomarse nuevamente a la blogósfera.

Ea ea.
En YouTube

viernes, octubre 12, 2007

Día de la Raza y la Hispanidad

12 de octubre de 1936
Salvador López Arnal
Rebelión
12 de octubre de 2007

Día de la Raza y la Hispanidad

Como recordaba el gran sociólogo barcelonés Esteban Pinilla de las Heras1, el término ‘raza’ no tuvo en los años veinte del pasado siglo la significación zoológica-biologista que pasó a tener tras su uso por nazis, pre-nazis y sus seguidores e imitadores. En España, durante los años de la dictadura del general Primo de Rivera, el término, usado ya entonces, no designaba ninguna hipotética “raza española”.

El día de la Raza había sido instaurado en 1917 por el presidente argentino Hipólito Yrigoyen, él mismo de ascendencia vasca e indígena. Dirigente del Partido Radical2, había llegado al poder en 1916. La raza del presidente Irigoyen no sólo eran las comunidades provenientes de la ascendencia española sino la resultante del mestizaje entre descendientes de personas originarias de la Península ibérica, de toda la península, y los descendientes de los antiguos pobladores de América.

Fue posteriormente, durante los primeros años de la dictadura del general golpista Franco, cuando el 12 de octubre, el día de la Raza, luego llamado día de la Hispanidad, recibió la significación imperial que en absoluto había estado presente en el ánimo e intencionalidad del presidente argentino Yrigoyen.

Curiosamente, Manuel Sacristán, al reseñar para Laye un ensayo introductorio de Jean Wahl 3 , había sugerido a principios de los cincuenta una singular definición de Hispanidad:

Las personas propensas a creer que la Hispanidad no pasa de ser un pretexto para la retórica gruesa deben considerar la riqueza literaria que nos llega de la América española. Entonces descubrirán -por ejemplo- que Hispanidad es, cuando menos, eso que nos permite leer La Colmena.

Los Breviarios del FCE son tal vez los más sorprendentes de todos esos libros que nos remite la Hispanidad. Son en principio, manualitos divulgadores. Pero con frecuencia sus satinadas páginas producen sorpresas de cierta magnitud. De mucha es la que proporciona el manual de Wahl.

(...) Quedamos, pues, en que, por el momento, la Hispanidad es eso que nos permite leer La Colmena de Cela y la Introducción a la Filosofía de Jean Wahl.

*

Sea como fuere, la historia española de esa celebración tiene un momento altamente significativo. El 12 de octubre de 1936 había sido declarado por el fascismo español como día de la Raza y la Hispanidad. Cuatro días antes, el día 8, Miguel de Unamuno había publicado en los periódicos de Salamanca el “Mensaje de la Universidad de Salamanca a las Universidades del mundo”, y al día siguiente “empezó la preparación editorial de la “Fiesta de la raza” en los periódicos, con un “vibrante” suelto, empedrado de tópicos y exaltación patriótica”4. El día 11 la prensa de los alzados en armas inició la publicación de la carta-pastoral de Enrique Plà y Daniel, a la sazón arzobispo de Salamanca. Fechada el 30 de septiembre de 1936, la pastoral llevaba por título “Las dos ciudades”. En el índice de la primera entrega periodística se señalaba: “Año 1936, piedra miliar en la historia de España. Revolución y Contrarrevolución. Los dos amores que las engendraron y con ellas a las dos ciudades. Frente al vandalismo de los hijos de Caín, el heroísmo y el sublime y fructífero martirio de los hijos de Dios”.

El día 12, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, se organizó un acto de exaltación hispánica y racial que se convirtió ”en un aquelarre de simbolismos y gritos rituales fascistas”5. Miguel de Unamuno, rector de la Universidad, presidía la mesa. El general Franco le había cedido su representación en el acto académico6. Era la primera ocasión para que los militares amigos de Hitler y Mussolini, alzados contra la II República española, pudieran exaltar abiertamente los valores por los que se habían sublevado y “por los que estaban llenando de sangre los campos y las ciudades de España”7.

El estallido de la guerra había pillado al autor de La agonía del cristianismo en Salamanca, ciudad que, junto con Burgos, funcionaba como capital de facto de los facciosos antirrepublicanos. En aquellas primeras semanas, el pensador vasco mostró un apoyo expectante hacia los sublevados contra la legalidad republicana y el número de sus disparates políticos no es un cardinal menor. Su extravío ideológico y su confusión política no fueron, se miren como se quieran mirar, una simple y breve nota a pie de página8.

En la mesa del acto, además del propio Unamuno, figuraban el cardenal Enrique Plà y Daniel, de origen catalán; el fundador de la Legión, el general Millán Astray, con sus armas en la mano; Carmen Polo, la esposa del general golpista, con sus escoltas personales.

La puesta en escena siguió el siguiente desarrollo. Intervinieron, en primer lugar, José María Ramos Loscertales, catedrático de Historia, un ex liberal converso de última hora, que habló del imperio español y de las esencias históricas de la raza; el dominico P. Beltrán de Heredia, también historiador de la Universidad de Salamanca, el más comedido de los participantes, quien hizo referencia a los maestros de la vieja Universidad, y a su “humanística y humanitaria preocupación por los modos de la colonización americana, en especial su compañero de Orden, el P. Vitoria, burgalés, creador del derecho de gentes”9 y coartada de los supuestos valores espirituales que los levantados en armas contra la Constitución republicana decían defender10. Francisco Maldonado de Guevara, catedrático de literatura de la Facultad de Filosofía, habló del caudillo, de las maldades de la URSS y de la necesidad de exterminar a la anti-España. José María Pemán habló a continuación y sugirió que cada uno, que cada español en su pecho construyera un Alcázar de Toledo.

El legionario Millán Astray, falto de un brazo, un ojo cubierto, cojeando de una pierna11, habló a continuación.

Astray: Catalunya y el País Vasco son cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional… Cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valientes moros (sic), que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos españoles... Porque dan la vida por la sagrada religión de España, escoltan a nuestro Caudillo12.

Astray, junto con el auditorio exaltado: ¡Viva la muerte!

Astray (con gritos muy varoniles): ¡España! ¡Una! ¡España! ¡Grande! ¡España! ¡Libre!

Unamuno, que entonces tenía 72 años respondió a continuación: Todos estáis pendientes de mis palabras y todos me conocéis y me sabéis incapaz de callar. Callar significa a veces mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Yo no podría sobrevivir a un divorcio entre mi consciencia y mi palabra. Seré breve y la verdad es más verdad cuando se expone desnuda.

Quisiera, pues, comentar el discurso, por llamarlo de algún modo, del general Millán Astray… Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nací en Bilbao, en medio de los bombarderos de la segunda guerra carlista. Luego me casé con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero jamás he olvidado mi ciudad natal. El obispo [Unamuno señaló al cardenal Plà y Daniel], quiéralo o no, es catalán, nacido en Barcelona… Acabo de oír el grito necrófilo y carente de sentido de ¡Viva la muerte! Me suena lo mismo que ¡Muera la vida! Y yo, que he pasado la vida creando paradojas, he de deciros, como autoridad en la materia, que esa ridícula paradoja me repugna…

El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Desgraciadamente hay hoy demasiados inválidos en España. Y pronto habrá muchos más. Me aterra penar que el general Millán Astray pueda dictar normas de psicología de masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era simplemente un hombre, y no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como digo, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como se multiplica el número de mutilados alrededor de él.

Millán Astray, sentado en el extremo de la mesa presidencial que había golpeado repetidamente con su única mano, y que se había alzado y había interrumpido a Unamuno, gritó: ¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!

Auditorio, como coro fascista: ¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!

José María Pemán [ahora entre el público]: ¡No! ¡Abajo los falsos intelectuales! ¡Traidores!

Unamuno (concluyendo el acto): Estamos en el templo de la inteligencia y yo soy aquí su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando un sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Y ahora os digo: venceréis pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y el derecho en la lucha. Me parece inútil deciros que penséis en España. He dicho.

Hubo riesgo de linchamiento. Carmen Polo, el cardenal Plà y otro general franquista presente en el acto condujeron a Unamuno fuera del paraninfo y lo metieron en un automóvil. Unamuno tropezó, al salir, en la puerta de la Universidad. Una multitud de brazos en alto y de gritos patriótico-fascistas rodeó el coche. El general legionario se enfrentó todavía con el viejo rector con un gesto de desafío, junto al estribo mismo del coche de Carmen Polo. Dejando la multitud atónita y exaltada, Unamuno fue conducido por a calle de la Rúa a su domicilio. Poco a poco fue recuperando la normalidad.

Los periódicos del día siguiente, 13 de octubre, abrieron la primera página con los siguientes titulares: “La fiesta de la Raza se celebró este año en Salamanca con excepcional y magnífica solemnidad”.

Desde luego: no hubo referencia alguna al incidente entre Unamuno y el general golpista Millán Astray.

*

Destituido del rectorado, arrestado en su domicilio, Unamuno murió pocos meses más tarde, el 31 de diciembre de 1936.

Durante este período de arresto se arrepintió mil veces de haber contemporizado con los sublevados. En una carta de este período, dirigida a un periodista francés, Unamuno pronosticaba que

En esta guerra que se libra en España morirán cientos de miles de personas y miles de otras deberán marchar al exilio y jamás podrán volver… Porque la dictadura que se avecina en España será la más brutal que hayan conocido los tiempos. Se nutrirá del maridaje entre la sacristía y el cuartel...

El tiempo no falsó sus palabras. Años más tarde, enero de 1957, se incluyeron en el índice de libros prohibidos dos de sus obras. Una de ellas, La agonía del cristianismo, porque el censor dedujo por el título que el ensayo abonaba el final de la cristiandad.

La Iglesia católica, apostólica y romana, vértice indiscutido del régimen franquista, uno de sus intelectuales orgánicos con mayor influencia y larga sombra, redactó una larga nota para justificar el atropello que fue publicada por la prensa en los primeros días de febrero de 195713. No tiene desperdicio:

La Iglesia no se mueve en un campo de interés humano ni tampoco en su cometido el de señalar los valores humanos en el mundo de la cultura. Consciente de su misión sobrenatural se mueve con la más amplia libertad en los límites de su competencia, subordinando a dicha misión sobrenatural todo motivo de orden terreno. Don Miguel de Unamuno ha sido ensalzado por mucho tiempo un escritor de rara fuerza, como un rebelde, y su actitud ante los grandes movimientos literarios y políticos le ha valido la adoración de cuantos aman la libertad de pensamiento como el valor supremo del hombre y la sociedad. La Iglesia, al condenar las dos obras del rector de Salamanca y al amonestar a los católicos contra los peligros doctrinales y morales de otras obras de Miguel de Unamuno, no expresa un juicio sobre el valor literario o filosófico y mucho menos sobre la intención del autor. Condena la negación del dogma y la ignorancia de la verdad […] Esto no es una novedad ni un retorno a la Edad Media. Es, simplemente, la posición lógica de quien tiene absoluta consciencia de su sobrenatural misión […] Y es precisamente esa actitud la que libra a la Iglesia de todo compromiso con un opinión pública.

Esta Iglesia era la abanderada del nacional-catolicismo que, bien mirado, y para hablar en sus términos, tenía poco de nacional: expulsaba fuera de ella no sólo a Unamuno sino incluso a Ortega y Gasset.

El mismo Pinilla de las Heras apuntaba una reflexión, obvia por conocida, refiriéndose al poder de la Iglesia romana14:

En mi experiencia iberoamericana ulterior, años más tarde, he comprobado que la Iglesia reclama la libertad y trabaja por la libertad de la mayoría, cuando ella está en minoría. Pero en cuanto tiene poder suficiente y consigue la subordinación del poder político, tiende a transformar a este en brazo armado que implemente sus decisiones. Y esto, tanto antes como después del Concilio Vaticano II.

*

Como otros símbolos e instituciones asociados al franquismo –la bandera bicolor, el himno patachín-patachán15, la Iglesia católica, las familias de siempre, la Justicia, el Ejército, la misma Monarquía- la transición también intentó dulcificar aristas, alejar aceleradamente el tiempo pasado y girar o alterar significados en sentido democrático. El día de la raza sería el día de España, el día de la nación. No se escogió el 6 de diciembre, día de la Constitución, acaso más consistente con ese objetivo, ni desde luego, el 14 de abril, el 16 de febrero o el 1º de Mayo, pongamos por caso.

No es necesario hacer consideraciones o valoraciones políticas. De manera realista, estratégicamente, acaso calcularon que una o dos generaciones, sectores de ellas cuanto menos, no iban a poder identificarse con esas celebraciones ni con esos iconos. Era de hecho un aspiración quimérica. Era imposible que determinadas gentes pudieran sentirse próximas a todo ello: a la bandera, al día de la Raza, a la Monarquía borbonada. Había que tragar mucha quina y el cuerpo, como el alma, tiene sus límites. El estómago no podía soportar tanta acidez.

Pero al paso que van -el tiempo no acuña en bronce los pactos puntuales-, basta detenerse un momento en lo anunciado para este 12 de octubre de 2007 y su nueva reconversión en día de exaltación patriótica y de concursos que prueben y demuestren quien es más español(gol), es posible que el desencuentro entre los símbolos de la España oficial y los sentimientos de la ciudadanía real que exige aire trece veces por minuto, se extienda a sectores ciudadanos más jóvenes, mucho más jóvenes. En beneficio de todos, y de la memoria democrática no entregada, ¡que así sea!

(No lo tomen como un exabrupto final pero, sinceramente, me sale de dentro: ¡que les den! Dijo el poeta y nos lo cantaba Paco Ibañez: “¡hasta enterrarlos en el mar!” Pues eso).

------------------------------------------------

1 Esteban Pinillas de las Heras, En menos de la libertad. Dimensiones políticas del grupo Laye en Barcelona y en España. Anthripos, Barcelona, 1989, p. 83.

2 Pinilla de las Heras señala que la presidencia de Irigoyen abría la posibilidad por vez primera de un gobierno popular que no fuera conservador ni estuviera a los dictados de la oligarquía terrateniente.

3 “Reseña de Jean Wahl, Introducción a la Filosofía”. M. Sacristán, Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona, 1984, pp. 483 y 486.

4 Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca. Unamuno, julio-diciembre de 1936. Barcelona, Tusquests, 2006, p. 138.

5 Bernat Muniesa, Dictadura y Transición. La España lampedusiana. Vol I. La dictadura franquista 1919-1975. Publicacions i edicions de la UB, Barcelona, 2005, pp. 55-58.

6 Recuérdese que el dictador Francisco Franco, con el seudónimo de Juan de Andrade, escribió el guión de “Raza”, película dirigida en 1941 por José Luis Sáenz de Heredia, familiar de José Antonio Primo de Rivera.

7 Luciano G. Egido, Agonizar en Salamanca, op cit, p. 139.

8 Véase, por ejemplo, Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca. Unamuno, julio-diciembre de 1936, ob cit. Sin embargo, años después, la obra de Unamuno (o parte de ella) influyó en un sector crítico de jóvenes falangistas que fueron rompiendo paulatinamente con el franquismo y con la misma Falange. Indicios de ello pueden verse en Estilo, Qvadrante y Laye. Véanse a este respecto las declaraciones de Juan-Carlos García Borrón, Josep Mª Castellet y Jesús Núñez, “Pocholo”, en Xavier Juncosa, Integral Sacristán, El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

9 Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca, op. cit, p. 144.

10 Pedro J. Ramírez, el director de El Mundo que cultiva muy bien la figura del clásico señorito español, aseguraba en una tertulia de la COPE del día 9 de octubre que el actual borrador de la ley de la Memoria histórica deforma los hechos, dado que el franquismo había sido una respuesta legítima a los excesos, abusos y crímenes de la Segunda República española. Las máscaras, muy gastadas, caen y el rostro aparece con las antiguas y conocidas arrugas que desde hace décadas ha ocultado a quien acaso no ha querido ver o no se ha esforzado lo suficiente..

11 La Vanguardia, 17 de agosto de 2004, Barcelona. “Grandes discursos del siglo XX”. Egido da una versión algo diferente (op. cit, pp. 151-153).

12 Las versiones que he manejado no coinciden exactamente en cuanto a las palabras de Millán Asttray. Sea como fuere, alguna de las personas que intervinieron habló en ese línea.

13 Esteban Pinilla de las Heras, op. cit, p. 46.

14 Ibidem, p. 47.

15 Mi padre, un obrero derrotado, un ex-campesino que nunca dejó de serlo que había perdido su hermano de 20 años en la batalla del Ebro, cuando yo era joven, me solía cantar una versión del himno franquista llena de palabras fuertes que evito reproducir pero que, en esencia, en muchas de sus afirmaciones, era semánticamente verdadera, y si nos ponemos rigurosos y nos adentramos en el ámbito de las lógicas multivaloradas, incluso infinitamente valoradas, verdadera-verdadera, sin sombra del valor falsedad.

martes, septiembre 18, 2007

Donde cesa la utopía

Frei Betto*
Adital
27 de agosto de 2007

Traducción de J.L.Burguet


J
uan Pablo II nombró el año 2000 al inglés Tomás Moro (1478-1535) patrono de los políticos. Hizo una buena elección, considerada la ambigüedad de la mayoría de los políticos. Canonizado en 1935 por el papa Pío XI y poco conocido por su supuesta santidad, Moro es famoso por ser el autor de un libro clásico, "Utopía" (1516), término que acuñó a partir del griego utopos, que significa ‘ningún lugar’.

Moro se inspiró en Luciano, satírico griego del siglo 2º, autor de "Historia verdadera", y en Erasmo, de quien era amigo, autor de "Elogio de la locura" (1511), quien en carta dirigida a Moro afirmó que "las jocosidades pueden conducir a algo más serio". Es lo que hace la buena literatura de nuestro Veríssimo.

En su obra Moro describe la comunidad de una isla en la que no había dinero ni propiedad privada, y se admitían adoradores del sol y de la luna. "Todos eran libres para practicar la religión que mejor les pareciera, y podían intentar atraer a otras personas a su propia fe, siempre que lo hicieran tranquila y educadamente, por medio de argumentos racionales".

El autor tenía como objetivo protestar contra las injusticias de la Inglaterra de su época: pobreza generalizada, criminalidad, pena de muerte a quien robaba para matar el hambre. "Ustedes los ingleses -dice el narrador de la "Utopía"- me recuerdan a los profesores incompetentes, que prefieren reprobar a sus alumnos antes que enseñarles. En vez de infligir esos castigos horribles, sería mucho más adecuado proporcionar a todos algún medio de sobrevivencia, de modo que nadie se encuentre en la terrible necesidad de convertirse, primero, en ladrón y después en cadáver".

En la isla de Moro "todos reciben una porción justa, de modo que nunca haya pobres o mendigos. Nadie es propietario de nada, pero todos son ricos -a fin de cuentas ¿Qué riqueza mayor puede haber que la alegría, la paz del espíritu y estar libre de angustia?"

Dos factores hicieron que Moro renegase de sus antiguas ideas y se volviera contra Moro: la Reforma de Lucero y su nombramiento como funcionario real en 1518. Picado por la mosca azul, el poder se le subió a la cabeza. Luego fue promovido a ‘consejero teológico’ y en 1529 nombrado Lord Canciller de Enrique VIII.

Lo que antes veía como deseable, ahora que había llegado al poder le parecía peligroso. Prefirió olvidar lo que predicó y escribió. A pesar de que la comunidad de la "Utopía" se parezca al comunismo, Moro, enemigo de la Reforma, pasó a atacar la vida común de los anabaptistas como herejía terrible, y volvió a defender a los ricos propietarios de tierras.

Lord Moro prohibió más de cien libros, persiguió a quien no profesaba la fe católica, entre los cuales estaba el teólogo protestante William Tyndale, quien tradujo la Biblia al inglés. Según su biógrafo, John Guy, Moro aplicaba severamente las leyes que decretaba: "los vendedores de libros eran apresados y multados, sus montones de literatura herética quemados en la plaza pública", y ellos obligados a desfilar los días de mercado, cabalgando hacia atrás, para que el pueblo les tirase frutas podridas.

En el epitafio que redactó para sí mismo Moro afirmaba orgulloso haber sido un "perseguidor de ladrones, asesinos y herejes". Esta última palabra fue suprimida cuando se le cambió de sepultura en el siglo 19.

En 1533 Enrique VIII se separó de Catalina de Aragón, enamorado como estaba de Ana Bolena. Dado que Roma le negó la anulación del matrimonio, para legalizar su divorcio y volver a casarse de nuevo por la Iglesia, el rey se atribuyó a sí mismo la autoridad del papa y fundó la Iglesia Anglicana. Por oponerse a aceptar a Ana Bolena como reina de Inglaterra y ponerse de parte del papa Clemente VII, que excomulgó a Enrique VIII, Moro fue decapitado en 1535.

¿El poder es antiutópico o distópico por naturaleza? ¿Por qué hoy tantos que antes elevaban su voz contra el poder del capital y desplegaban banderas progresistas, de leones bravos se convirtieron en dóciles corderos del rebaño neoliberal?

Pienso que el poder, debido a las urgencias del presente, hace que se pierda la visión de futuro. Y como el poderoso tiende a perpetuarse en el cargo -a menos que se vea alejado de él por el fin del mandato, por la Justicia, por la presión popular o por la muerte-, trata de reducir el proceso histórico a su momento personal. Se cree el comienzo y el final, sin conciencia de que no pasa de ser un mediador (medio) del mandato popular. De ahí el peligro de transformarse en una figura ridícula, mera caricatura de sus ambiciones desmedidas. En su pobre topía ya no queda lugar para la utopía.

* Fray dominico. Escritor. Autor de La mosca azul. Reflexiones sobre el poder, entre otros libros.