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domingo, noviembre 09, 2008

Contra Obama

Alexander Cockburn
Rebelión
9 de noviembre de 2008
Original: CounterPunch
Traducción: S. Seguí*


¿Un clima de intolerancia? ¿Malas vibraciones en un mitin de McCain-Palin? Siempre alertas ante la amenaza de los camisas pardas, los progresistas leen los informes de prensa provenientes de Ohio y Wisconsin con un ligero escalofrío. ¿Dónde habrán estado estos últimos meses? Intente usted discutir en un típico hogar progresista y dar una opinión contra Obama y en favor de Nader. Una pareja de amigos de izquierda de toda la vida me susurran que en sus hogares y lugares de trabajo han dejado ya de hablar abiertamente de Obama y sólo se atreven a hacerlo, sotto voce, en los parques públicos.

Estos últimos días he estado hojeando prensa, tratando de hallar siquiera un motivo positivo para votar en favor de Obama. Insisto en lo de positivo, puesto que el propio candidato ha hecho de esta expresión un tema de atracción. ¿Por qué votar por Obama, a diferencia de votar contra el equipo que forman Palin y Joe el Fontanero?


Obama invoca el cambio. Sin embargo nunca antes un candidato reformista ha estado tan atrapado por el cuello por la mano muerta del pasado. ¿Es posible hacer frente a los problemas de Estados Unidos sin hablar del presupuesto militar, ya fuera de todo control? El Pentágono gasta más hoy que en ningún otro momento desde el final de la II Guerra Mundial. En dólares constantes, los 635.000 millones asignados en el año fiscal de 2007 son un 5% más que la cifra más alta anterior, en 1952. Según como se realice el conteo, el Imperio tiene entre 700 y 1.000 bases en el extranjero; Obama quiere ampliar la cifra de personal militar en 90.000 unidades; se ha comprometido a incrementar la guerra estadounidense en Afganistán; también a atacar el territorio soberano de Pakistán si este país obstruye cualquier tipo de misión unilateral estadounidense para matar a Osama bin Laden; se ha comprometido asimismo a llevar la guerra contra el terror a un centenar de países, creando para ello una nueva infraestructura internacional represiva destinada a atacar las redes terroristas. ¿Un nuevo comienzo? ¿Cuál es la diferencia con el compromiso de Bush ante el Congreso, el 20 de septiembre de 2001, de realizar una “guerra contra el terror”, contra “cualquier grupo terrorista de alcance global” y contra “cualquier nación que siga acogiendo o apoyando al terrorismo”?

Los defensores progresistas de Obama se conforman con la idea de que tenía que decir esto para ser elegido. Después de ocho años de Bush, los estadounidenses son receptivos a una reevaluación del papel imperial de su país, pero Obama ha obviado esta oportunidad. Si resulta elegido (1) será prisionero de su promesa de que durante su turno de guardia no se perderá Afganistán, ni se dejará de asumir la carga del hombre blanco.


Sea cual sea la reducción de tropas en Iraq tras la victoria de Obama, será sólo un breve intervalo, entre la fanfarria y el ruido de su oferta de soluciones. En caso de victoria de Obama, la consecuencia más inmediata será muy probablemente una brusca reafirmación imperial. Ya Joe Biden, el ajado modelo de póster de la intransigencia israelí y la histeria de la guerra fría, está anunciando con estridencia que el coraje del nuevo gobierno serán puestos a prueba en sus primeros seis meses por los rusos y sus acólitos.


Después de ocho años de ataques incesantes a las libertades constitucionales por parte de Bush y Cheney, el entusiasmo público y judicial por la tiranía se ha desvanecido. Pero Obama ha optado por ponerse de la parte de Bush y Cheney. En febrero, en aras de un perfil progresista en las primarias, Obama se manifestó en contra de las escuchas ilegales. Su apoyo a las libertades no fue más allá de su segundo trimestre, y lo liquidó con un voto a favor de dichas escuchas. El hombre que votó a favor de confirmar la Ley Patriótica declaró que “la capacidad para perseguir y llegar hasta personas dispuestas a atacar a Estados Unidos es una herramienta vital del antiterrorismo.”


Todo político, bueno o malo, es un oportunista ambicioso. Pero por debajo de este primer nivel, aquellos que llegan a dejar su huella constructiva en la historia tienen un fondo de consistencia y fidelidad a algún tipo de idea central. En el caso de Obama, esta idea es el último destilado de las políticas identitarias: la idea de su negritud. Los que afirman que si fuera blanco tendría el camino fácil hacia la Casa Blanca no comprenden que sin su más destacada característica física Obama sería considerado un simple senador de segundo nivel sin credenciales para impresionar a nadie. Como organizador político de su propio progreso, Obama es una maravilla. Pero aún no he conseguido encontrar una sola intención elevada a la que haya sido fiel si ello significaba algún riesgo para su carrera. Echando mano de todo mi optimismo disponible, supongo que podemos decir que aún no ha tenido ocasión de ofender a dos grupos de electores importantes y de ajustar su actitud, todavía decente, en materia de inmigración y reforma de la legislación laboral. ¿Financiación pública de su campaña? Compromiso primero adoptado y luego traicionado, como en el caso de las escuchas ilegales. Su tesorería de campaña es ahora un enorme bote, que si hubiera sido recaudado por un republicano sería tema de estruendosas campañas progresistas.


En términos sustanciales, la campaña de Obama ha sido la negación de casi cualquier principio progresista decente, una negación que no ha suscitado la menor protesta de ningún progresista que pretenda hacerle responsable. Los Michael Moores siguen en silencio. En el extranjero, Obama equivale a renacimiento imperial, pero ha mostrado sumisión ante el lobby israelí y ha promovido los más enraizados reflejos de la guerra fría. En el país, se ha postrado ante los banqueros y Wall Street, las compañías petroleras, las carboníferas, el lobby nuclear y los grandes combinados agroindustriales. No ha sentido ningún temor a la hora de ofender a los progresistas, ni ha descansado a la hora de apaciguar a los poderosos.


Así pues, no, no estamos ante un momento excitante o liberatorio de las políticas estadounidenses, como era posible tras los años de Bush. Si quieren un recuerdo de algo que puede considerarse excitante, les sugiero que vayan al sitio Internet de la campaña Nader-Gonzales y lean su plataforma, especialmente en lo relativo a participación e iniciativa. O bien que lean fragmentos de la plataforma del libertario Bob Barr en materia de política exterior y derechos constitucionales. En estos momentos, Cynthia McKinney esta haciendo afirmaciones chifladas sobre 5.000 ejecuciones post-Katrina, de lo contrario la incluiría también.

¿Quieren ustedes realmente estar en el mismo lado que Alan Dershowitz, Colin Powell y Christopher Hitchens?

(1) Este artículo fue escrito a finales de octubre (N. del t.).

* S. Seguí pertenece a los colectivos de Rebelión y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la fuente.

jueves, diciembre 13, 2007

«He sido un asesino psicópata»

Jimmy Massey: «He sido un asesino psicópata»*
Testimonio de un ex soldado marine de EEUU que peleó en Irak

Rosa Miriam Elizalde**
Red Voltaire
22 de noviembre de 2007

Durante casi 12 años el sargento Jimmy Massey fue un marine de corazón duro. En marzo del 2003, llegó a Irak con las tropas invasoras y dirigió a 45 hombres que no dudaron en matar a civiles inocentes. Jimmy Massey participando en la Feria del Libro de Caracas, donde presentó su libro Cowboys de Infierno, un crudo testimonio del genocidio que EE.UU. comete día a día contra el pueblo iraquí. El ex marine responde a las preguntas de la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde de Cubadebate. Desde Caracas.
Dos fotografías del soldado Jimmy Massey en Irak al desencadenarse la invasión estadounidense en marzo 2003.

«Tengo 32 años y soy un asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mí los civiles son despreciables, retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy su perro pastor. Soy un depredador. En el Ejército me llamaban "Jimmy el Tiburón"».

Este es el segundo párrafo del libro escrito hace tres años por Jimmy Massey, con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas. Cowboys de Infierno es el relato más violento que se haya escrito hasta ahora de la experiencia de un ex miembro del Cuerpo de Marines, uno de los primeros en llegar a Irak durante la invasión del 2003 y que decidido a contar todas las veces que sean necesarias qué significa haber sido por 12 años un despiadado marine y por qué lo cambió la guerra.

Jimmy asistió como panelista al taller principal de la Feria, que tiene un título polémico: «Estados Unidos, la Revolución posible», y su testimonio ha sido quizás el de mayor impacto en la audiencia. Lleva el pelo con un corte militar, espejuelos oscuros, camina con aires marciales y sus brazos están completamente tatuados. Parece exactamente lo que era: un marine. Cuando habla es otra cosa: alguien profundamente marcado por una aterradora experiencia que intenta evitarle a otros jóvenes incautos. Como asegura en su libro, no ha sido el único que mató en Irak: esta fue una práctica constante entre sus compañeros. Cuatro años después de dejar la guerra, todavía vive perseguido por las pesadillas.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué significan todos esos tatuajes?

Jimmy Massey: Tengo muchos. Me los hice en el Ejército. En la mano (señala la zona entre los dedos pulgar y anular), el logo de Blackwater, el ejército mercenario que fue fundado donde yo nací, en Carolina del Norte. Me lo hice en un acto de resistencia, porque los marines tienen prohibido tatuarse la zona que va de las muñecas a las manos. Un día los integrantes de mi pelotón nos emborrachamos y todos nos hicimos el mismo tatuaje: un cowboy de ojos inyectados en sangre sobre varias ases, que representan la muerte. Quiere decir exactamente eso que estás pensando: «mataste a alguien». En el brazo derecho, el símbolo de los marines, con la bandera norteamericana y la Texas, donde me enrolé en el Ejército. En el pecho, del lado izquierdo, un dragón chino que desgarra la piel y significa que el dolor es la debilidad escapándose del cuerpo. Lo que no nos mata nos hace más fuerte.

Tapa del libro Cowboys del Infierno que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas (FILVEN 2007) y en presencia de Jimmy Massey. Usted podrá pedir el libro escribiendo a la editorial Timéli: mail@timeli.ch y apoyar de esta manera a nuestras investigaciones periodísticas.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué dijo que en el Cuerpo de Marines encontró las peores personas que usted ha conocido en su vida?

Jimmy Massey: Estados Unidos solo tiene dos maneras de usar a los marines: para tareas humanitarias y para asesinar. En los 12 años que yo pasé en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos jamás participé en misiones humanitarias.

Rosa Miriam Elizalde: Antes de ir a Irak usted reclutaba a jóvenes para que ingresaran en el Ejército. ¿Qué significa ser un reclutador en Estados Unidos?

Jimmy Massey: Ser un mentiroso. La administración Bush ha forzado a la juventud norteamericana para que se enrole en el Ejército y lo que básicamente hace –y yo hice también- es tratar de ganar gente con incentivos económicos. Durante tres años recluté a 74 personas, que nunca me dijeron que querían entrar en el Ejército para defender al país ni argumentaron ninguna razón patriótica. Querían recibir dinero para ir a una universidad u obtener un seguro de salud. Y yo les describía primero todas esas ventajas y solo al final les hablaba de que iban a servir a la patria. Jamás recluté al hijo de un rico. Para mantener el trabajo, los reclutadores no podíamos tener escrúpulos.

Rosa Miriam Elizalde: Ahora el Pentágono ha relajado más los requisitos para entrar al Ejército. ¿Qué significa eso?

Jimmy Massey: Los estándares para el reclutamiento han descendido enormemente, porque casi nadie quiere enrolarse. Ya no es un impedimento tener problemas mentales ni antecedentes criminales. Pueden ingresar personas que han cometido felonías, es decir que han sido sentenciadas a más de un año de cárcel, lo que se considera un delito serio. Pueden ingresar muchachos que no han terminado los estudios preuniversitarios. Si pasan la prueba mental, ingresan.

Rosa Miriam Elizalde: Usted cambió después de la guerra, pero ¿qué sentimientos tenía antes?

Jimmy Massey: Yo era como otro soldado cualquiera, que creía en lo que le decían. Sin embargo, desde que estaba reclutando comencé a sentirme mal: como reclutador tenía que mentir todo el tiempo.

Rosa Miriam Elizalde: Sin embargo, creyó que su país se enrolaba en una guerra justa contra Irak.

Jimmy Massey: Sí. Los reportes de inteligencia que recibíamos decían que Saddan tenía armas de destrucción masiva. Después descubrimos que todo era mentira.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuándo se enteró que lo habían engañado?

Jimmy Massey: En Irak, a donde llegué en marzo de 2003. A mi pelotón le tocó ir a los lugares que habían sido del Ejército iraquí y vimos miles y miles de municiones en cajas que llevaban la etiqueta norteamericana y estaban ahí desde que los Estados Unidos ayudaban al gobierno de Saddan en guerra contra Irán. Vi cajas con la bandera norteamericana y hasta tanques de EE.UU. Mis marines –yo era sargento de categoría E6, un rango superior al sargento, y dirigía a 45 marines- me preguntaban por qué había municiones de nuestro país en Irak. No entendían. Los informes de la CIA afirmaban que Salmon Pac era un campo de terroristas y que íbamos a encontrar armas químicas y biológicas. No encontramos nada. En ese momento empecé a pensar que nuestra misión realmente era el petróleo.

Rosa Miriam Elizalde: Las líneas más perturbadoras de su libro son esas donde usted se reconoce como asesino psicópata. ¿Puede explicar por qué lo dice?

Jimmy Massey: He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quien me educó para que fuera un gangster de las corporaciones estadounidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos ensañaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar a mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué experiencia exactamente le hizo a usted llegar a esa conclusión?

Jimmy Massey: Hubo varias. Nuestro trabajo era ir a determinadas áreas de las ciudades y ocuparnos de la seguridad en las carreteras. Hubo un incidente en particular -y muchos más- que realmente me llevó hasta el borde del precipicio. Afectó a un coche que llevaba civiles iraquíes. Todos los informes de inteligencia que nos llegaban decían que los carros iban cargados con bombas y explosivos. Esa era la información que recibíamos de la inteligencia. Los carros llegaban a nuestros controles y hacíamos algunos disparos de advertencia; cuando no detenían su marcha a la velocidad que indicábamos, disparábamos sin contemplaciones.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Con las ametralladoras?

Jimmy Massey: Sí. Esperábamos que hubiera explosiones al acribillar cada vehículo. Pero nunca oímos nada. Luego abríamos el carro y ¿qué encontrábamos?: muertos o heridos, y ni una sola arma, ninguna propaganda de Al Qaeda, nada. Salvo civiles en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Rosa Miriam Elizalde: Usted también relata cómo su pelotón ametralló una manifestación pacífica. ¿Es así?

Jimmy Massey: Sí. En los alrededores del Complejo Militar de Rasheed, al sur de Bagdad, cerca del río Tigris. Había manifestantes al final de la calle. Eran jóvenes y no tenían armas. Y cuando avanzamos había ya un tanque que estaba aparcado a un lado de la calle. El conductor del tanque nos dijo que eran manifestantes pacíficos. Si los iraquíes hubieran querido hacer algo podían haber volado el tanque. Pero no lo hicieron. Sólo estaban manifestándose. Eso nos hizo sentirnos bien porque pensamos: «Si fueran a dispararnos, lo habrían hecho ya». Ellos estaban como a 200 metros de nuestro retén.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes?

Jimmy Massey: Del alto mando nos dijeron que no perdiéramos de vista a los civiles porque muchos fedayines (combatientes) de la Guardia Republicana se habían quitado los uniformes, se habían puesto ropas de civiles y estaban desencadenando ataques terroristas contra los soldados estadounidenses. Los informes de inteligencia que nos daban eran conocidos básicamente por cada miembro de la cadena de mando. Todos los marines teníamos muy clara la estructura de la cadena de mando que se organizó en Irak. Yo creo que la orden de disparar a los manifestantes vino de altos funcionarios de la Administración, eso incluía tanto a los centros de inteligencia militar como gubernamental.


Rosa Miriam Elizalde: ¿Usted qué hizo?

Jimmy Massey: Yo regresé a mi vehículo, un humvee (un jeep altamente equipado) y escuché un tiro por encima de mi cabeza. Mis marines empezaron a disparar y yo también. No nos devolvieron ningún disparado, mientras que yo había disparado 12 veces.

Quise asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios. Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Y sus superiores cómo reaccionaron?

Jimmy Massey: Me dijeron que «la mierda ocurre».

Rosa Miriam Elizalde: Cuando sus compañeros se enteraron que habían sido engañados, ¿cómo reaccionaron?

Jimmy Massey: Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. «¿Tú puedes hablar con el teniente?», me preguntaron. «Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate». La respuesta fue: «No». En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.

Nuestra primera misión en Irak no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Irak, estuvimos en Kuwait.

Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.

Rosa Miriam Elizalde: Usted también ha denunciado el uso del uranio empobrecido...

Jimmy Massey: Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Irak. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Irak.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué ocurrió cuando regresó a Estados Unidos?

Jimmy Massey: Me trataron como un loco, un cobarde, un traidor.

Rosa Miriam Elizalde: Sus superiores han dicho que es mentira todo lo que ha contado.

Jimmy Massey: La evidencia contra ellos es abrumadora. El Ejército norteamericano esta agotado. Mientras más tiempo dure esta guerra, más posibilidades habrá de que mi verdad aparezca.

Rosa Miriam Elizalde: El libro que usted ha presentado en Venezuela está editado en español y en francés. ¿Por qué no se ha publicado en Estados Unidos?

Jimmy Massey: Las editoriales han exigido que elimine los nombres reales de las personas que están involucradas en su historia y que presente la guerra en Irak como envuelta en una neblina, menos crudamente. No estoy dispuesto a hacerlo. Editoriales como New Press, supuestamente de izquierda, se negaron a publicarlo porque temían verse envueltas en un pleito presentado por la gente involucrada en el libro.

La asociación de Jimmy Massey, la IVAW «Veteranos de Irak contra la Guerra» (Iraq Veterans Against the War, IVAW) organizando una marcha de protesta en los EEUU para denunciar esta ilegal y abusiva invasión.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué medios como The New York Times y The Washington Post jamás reprodujeron su testimonio?

Jimmy Massey: Yo no repetía el cuento oficial, de que las tropas estaban en Irak para ayudar al pueblo, ni repetía que los civiles morían por accidente. Me negué a decir eso. No había visto ningún disparo accidental contra los iraquíes y me negué a mentir.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Ha cambiado esa actitud?

Jimmy Massey: No. Lo que han hecho es incorporar opiniones y libros de personas con objeciones de conciencia: que están contra la guerra en general o que participaron en la guerra, pero no tuvieron este tipo de experiencia. Se resisten todavía a mirar de frente la realidad.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Tiene fotografías o documentos que prueben lo que usted nos ha contado?

Jimmy Massey: No. Me quitaron todas mis pertenencias, cuando me ordenaron regresar a Estados Unidos. Regresé de Irak solo con dos armas: mi mente y un cuchillo.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Habrá alguna salida a corto plazo para la guerra?

Jimmy Massey: No. Lo que veo es una misma política entre demócratas y republicanos. Son la misma cosa. La guerra es un negocio para ambos partidos, que dependen del Complejo Militar Industrial. Necesitamos un tercer partido.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuál?

Jimmy Massey: El del socialismo.

Rosa Miriam Elizalde: Usted ha participado en un taller cuyo título es «Estados Unidos: La Revolución es posible». ¿Cree que realmente que habrá revolución en EE.UU.?

Jimmy Massey: Ya comenzó. En el sur, donde yo nací.

Rosa Miriam Elizalde: Pero esa ha sido tradicionalmente la zona más conservadora del país.

Jimmy Massey: Después del Katrina eso cambió. Nueva Orleáns se parece a Bagdad. La gente del sur está indignada y se pregunta todos los días cómo es posible que se atrevan a invertir en una guerra inútil y en Bagdad, cuando no lo han hecho en Nueva Orleans. Recuerda también que en el Sur se inició la primera gran rebelión del país.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Iría usted a Cuba?

Jimmy Massey: Admiro a Fidel y al pueblo de Cuba y por supuesto, si me invitan, yo iré a la Isla. No me importa qué me diga mi gobierno. Nadie controla a dónde yo voy.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Sabe usted que el símbolo del desprecio imperial hacia nuestra nación es una fotografía de marines mientras orinaban sobre la estatua de José Martí, el Héroe de nuestra Independencia?

Jimmy Massey: Si, lo sé. En el Cuerpo de Marines nos hablaban de Cuba como una colonia de los Estados Unidos y nos ensañaron algo de Historia. Parte de la formación de un marine es aprender algunas cosas de los países que habrá que invadir, como dice la canción.

Rosa Miriam Elizalde: ¿La canción de los marines?

Jimmy Massey: (Canta) «From the halls of Montezuma, to the shores of Tripoli…» (Desde las salas de Montezuma hasta las playas de Trípoli...)

Rosa Miriam Elizalde: Es decir, los marines quieren estar en todo el mundo.

Jimmy Massey: El sueño es dominar al mundo…, aunque por el camino nos conviertan a todos en asesinos.

* Jimmy Massey es actualmente uno de los principales activistas de la organización Veteranos de Irak contra la Guerra (Iraq Veterans Against The War, IVAW).

** Rosa Miriam Elizalde. Periodista cubana. Más artículos de esta autora.

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Entrevista a Jimmy Massey en la televisión venezolana



Parte 1

Parte 2

Parte 3

sábado, octubre 27, 2007

El Plan México

Jorge Carrasco Araizaga
Proceso
27 de octubre de 2007

M
éxico, D.F. (apro).- Contrario a lo que el gobierno de Felipe Calderón pretende presentar como la “Iniciativa Mérida”, fue el Congreso de Estados Unidos el que desde enero de este año concibió un plan antinarco para México.

Desde los primeros días de este 2007, el 17 de enero, el representante (diputado) demócrata por Texas, Henry Cuéllar, presentó en su nombre y en el de Silvestre Reyes, nada menos que presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, la iniciativa que sirvió de base a la negociación.

El plan original consideraba recursos anuales por 170 millones de dólares entre 2008 y 2012; es decir, 850 millones en total, y no los mil 400 millones que el presidente George Bush ahora busca en su Congreso para los próximos tres años.

El propio Silvestre fue quien en junio pasado reveló lo que desde entonces se conoció como el Plan México, en referencia al Plan Colombia.

Por las implicaciones intervencionistas de ese plan en el país sudamericano, que incluye la presencia de militares estadunidenses, el gobierno de Calderón Hinojosa se apresuró en marcar una distancia respecto de los alcances de los planes estadunidenses hacia México.

Sin embargo, nada ha informado sobre el componente militar del Plan México, salvo lo filtrado sobre la entrega de helicópteros.

Llamar ahora “Iniciativa Mérida” no es más que una manipulación, pues lo que Bush y Calderón hicieron en la capital yucateca, cuando se reunieron por primera vez como presidentes en marzo pasado, no fue otra cosa que acordar el inicio de las negociaciones del plan concebido en el Congreso estadunidense.

El rebautizo de la iniciativa se quedó corto ante los desatinos posteriores del gobierno de Calderón, al dar a conocer el acuerdo alcanzado con la administración Bush. El más grave de ellos fue el intento de negar lo innegable.

El embajador de México en Washington, Arturo Sarukhán, uno de los principales negociadores del acuerdo, confirmó lo que el propio Pentágono había adelantado: que el gobierno calderonista había comprometido 7 mil millones de dólares a la iniciativa.

Sin embargo, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, se desmarcó de inmediato para no explicar de dónde saldrá ese dinero. Mucho menos la titular de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, atinó a responder en el Senado.

Pero ya no sólo en los recursos, sino en el contenido de todo el plan es lo que Calderón y sus funcionarios se niegan a informar, de manera que en México se desconoce lo que Bush ya solicitó al Congreso que se apruebe en relación con el país.

El plan original, que no preveía fondos por parte de México, aparece en la iniciativa presentada a la Cámara de Representantes bajo el nombre de “Acta 2007 de la Alianza Vecino Próspero y Seguro”, y enmienda el Acta de Asistencia Extranjera de 1961.

Como justificación, los congresistas se refirieron al “alarmante crecimiento de violencia relacionada con las drogas en la frontera común, lo que ha hecho más difícil para los estadunidenses vivir en las comunidades fronterizas”.

Recordaron que en 2006, el director de Inteligencia Nacional y exembajador en nuestro país, John Dimitri Negroponte, declaró a México ante el Comité de Inteligencia del Senado como un país de preocupación para Estados Unidos debido a la capacidad de los narcotraficantes de debilitar la autoridad del Estado.

Como vecino y nuestro segundo socio comercial, decía la propuesta de ley, México merece el apoyo de Estados Unidos para mejorar su seguridad y promover el desarrollo económico.

Parte de lo acordado entre Bush y Calderón, según la información general ofrecida por el gobierno mexicano, estaba ya establecida desde enero en esa iniciativa de ley.

La propuesta tenía cinco puntos: profesionalizar al personal de la PGR y SSP para un “combate más efectivo” contra las drogas, en coordinación con Estados Unidos; entrega de tecnología; capacitación de jueces y magistrados; mayor vigilancia a los funcionarios mexicanos que trabajan con Estados Unidos, y financiamiento para el desarrollo social en las comunidades más pobres.

Y, en una suerte de certificación de la operación del plan, esa iniciativa establecía que el Ejecutivo estadounidense tendría que enviar un reporte anual de evaluación, además de proponer nuevas estrategias para reducir la entrada de drogas desde México.

Debido a la petición de los millonarios recursos, que llegarán a México en forma de equipo, es muy seguro que este requerimiento se haya mantenido.

miércoles, septiembre 12, 2007

«Desenmascarando el 11-S»

Paul Craig Roberts
Red Voltaire
23 de mayo de 2007

100 investigadores independientes niegan la versión oficial

El investigador Paul Craig Roberts comenta el libro del profesor norteamericano David Ray Griffin quien se ha convertido en una de las principales fuentes de información y de investigación credible acerca de los atentados del 11 de septiembre en los EEUU y que busca sobre todo desenmascarar las manipulaciones de la administración Bush. Recordemos que nuestro director, el periodista francés Thierry Meyssan, fue el primero en denunciar estas anomalías y sus trabajos han servido de base a las investigaciones del profesor Griffin.

"Las dos torres no colapsaron. Implosionaron y se desintegraron, como fue el caso del edificio número 7 del World Trade Center (ver video) que ¡también implosionó!, pero ¡sin que a este lo embistiera ningún avión! (...) Los daños causados por los aviones y los limitados fuegos que le siguieron no pueden explicar la desintegración de los edificios".

El professor David Ray Griffin es la pesadilla de la teoría conspiracionista oficial. En su último libro “Desenmascarando el 11-S” el profesor Griffin tritura la reputación de los informes del Instituto Nacional de Tecnología y de la revista Popular Mechanics, a sus críticos y demuestra ser mejor ingeniero y mejor científico que los defensores de la historia oficial.

El libro del profesor Griffin tiene 385 págs, divididas en 4 capítulos y 1209 notas al pie de página. Sin duda alguna este libro constituye la más concienzuda, minuciosa y profunda presentación y examen de todos los hechos que tienen que ver con el 11-S. El profesor Griffin es una persona sensible a las evidencias, a la lógica y al razonamiento científico. No hay nada equivalente al profesor Griffin en el bando de la historia oficial en conocimiento y profundidad.

Desde el vamos el profesor Griffin le explica al lector que lo que el tiene delante de sí es una elección entre dos teorías conspirativas: la oficial y la alternativa. Una de esas teorías dice que musulmanes fanatizados, que no estaban capacitados para manejar aviones, burlaron y derrotaron el aparato de seguridad usamericano y tuvieron éxito en tres de los cuatro ataques, utilizando aviones como proyectiles, como armas. La otra teoría dice que la seguridad falló por causa de la complicidad de una parte del gobierno con los ataques.

Griffin nos dice que no hubo investigación independiente de lo sucedido. Lo que tenemos es un informe de una comisión política presidida por un hombre de la administración Bush, el sr. Philip Zelikow, ídem en lo que respecta al informe del NIST (National Institute of Standard of Technology) y el de la revista Popular Mechanics. Varios científicos que trabajan o dependen de subvenciones o gracias del gobierno federal publicaron opiniones pero no evidencias en apoyo de la teoría oficial.

En la otra vereda se encuentran más de 100 investigadores independientes cuyas carreras todas tuvieron que ver con entrenarse en el análisis y la investigación. Esos análisis están todos o casi todos disponibles on line.

Las encuestas dan que el 36% de los usamericanos no creen en la historia oficial. Dejando a un lado desinformados y desinteresados capaces de creer que Saddam Hussein fue el responsable de los ataques, esto deja a solamente un 39% de la gente creyendo en la teoría oficial. Tal vez ingenuamente Griffin cree que la verdad puede prevalecer, y es esa convicción lo que lo ha llevado a cargar con una enorme tarea.

Cualquiera que piense en la honestidad del gobierno usamericano o de la administración de los Bush encontrará el libro molesto. Los lectores tendrán que confrontarse con el hecho perturbador de que las autoridades usamericanas incautaron y secuestraron las evidencias forenses que quedaron como resultado de la destrucción de los ¡tres! y ¡no dos! edificios del complejo del Worl Trade Center, del ataque al Pentágono y del avión que habríase estrellado en Pensilvania. Esa maniobra impidió el examen forense por expertos de los rastros y las pruebas.

A pesar de la extendida creencia de que Osama Ben Laden fue el responsable del ataque la evidencia que se tiene a este respecto es un sospechoso video que, el probablemente mayor experto en Ben Laden de Usamérica, Bruce Lawrence, dijo que es falso. El informe prometido por el gobierno de la responsabilidad de Ben Laden nunca se presentó. Cuando los talibanes en la mesa de negociaciones ofrecieron extraditarlo, pero si se presentaba evidencias de su responsabilidad, no se presentó nada.

La fragilidad científica del informe del NIST es asombrosa. Prosperó porque la gente acepta sus conclusiones sin examinar nada.

El informe de Popular Mechanics está lleno de contradicciones internas, razonamientos en círculo y simples apelaciones a la autoridad del NIST.

No hay espacio en un resumen de esta naturaleza para presentar todas las evidencias que reunió Griffin. Pero la mención de unos pocos hechos deberían bastar para alertar a los lectores de las mentiras de la administración.

Las dos torres no colapsaron. Implosionaron y se desintegraron, como fue el caso del edificio número 7 del World Trade Center, que ¡también implosionó! pero ¡sin que a este lo embistiera ningún avión! La energía gravitacional es insuficiente para explicar la pulverización de los edificios con sus contenidos y el corte de sus 47 columnas de acero macizo del corazón central de cada edificio, en pedazos convenientes como para ser recogidos y cargados en camiones. Mucho menos puede esa energía explicar la pulverización de los pisos superiores, incluida la eyección de las vigas de acero, justo antes de la desintegración de los pisos de abajo.

Los daños causados por los aviones y los limitados fuegos que le siguieron no pueden explicar la desintegración de los edificios. Los enormes esqueletos de acero de las torres comprendían un gigantesco dispositivo que absorbía el calor y eliminaba el producido por fuegos limitados.

El informe final del NIST dice que del acero del que dispuso para su examen “solamente tres columnas alcanzaron temperaturas arriba de los 250 grados Celsius (482 grados Fahrenheit). Un horno autolimpiante de los que tenemos en nuestras casas alcanza temperaturas más altas que esa y el horno ni se funde ni se deforma.

El acero comienza a fundirse a los 1500 grados centígrados (o 2800 grados Fahrenheit). Temperaturas de 250 grados centígrados no pueden tener efectos sobre la fortaleza del acero. La explicación de que los edificios colapsaron porque el fuego debilitó el acero es fantasiosa (speculative). Fuegos a cielo abierto no pueden producir temperaturas suficientes como para alterar la integridad de la estructura del acero. Estructuras de acero las hubo que ardieron infernalmente 22 horas seguidas pero el esqueleto de acero ahí quedó. Los fuegos de las torres del World Trade Center duraron alrededor de una hora y se limitaron a unos pocos pisos. Pero además, y fundamentalmente, es imposible para el fuego dar una explicación acabada del fenómeno de la desintegración súbita, total y simétrica (perfecta) de edificios de construcción poderosa, majestuosa, y mucho menos que esa desintegración pueda suceder a la velocidad de la caída libre, lo cual únicamente se puede obtener con procesos de “demolición controlada”.

David Ray Griffin suministra citas de bomberos, de policías y de inquilinos sobrevivientes de las torres que dicen haber oído series de explosiones previas a la desintegración de los edificios. Esos testimonios fueron ignorados y silenciados por los defensores de la teoría conspiratoria oficial.

Semanas después de las explosiones se encontró en las partes subterráneas acero fundido. Como todo el mundo está de acuerdo en que el fuego no puede llevar el acero a su punto de fundición (derretimiento) entonces se piensa que lo más probable es que se hayan utilizado poderosos explosivos del tipo de los que se usan en las demoliciones, que estos sí que tienen capacidad de producir temperaturas de 5000 grados.

Las contradicciones en la teoría oficialista saltan de las páginas. Golpean. Por ejemplo, la evidencia ofrecida por el gobierno de que un Boeing 757 del vuelo 77 impactó el Pentágono son los restos de cuerpos y partes de cuerpos que dicen haber encontrado, que serían los suficientes como para confrontar los ADN de cada pasajeros o tripulantes con las listas de pasajeros de los aviones o de la tripulación. Pero, simultáneamente, no se encontró ninguna maleta, ni restos del fuselaje, ni del ala, ni de la cola ni de nada. Y estamos hablando de una máquina de 100 mil libras de peso. Estas ausencias de todos estos elementos se atribuye a la “vaporización” del metal debido a la alta velocidad del impacto y al “intenso fuego”. Pero ¿cómo se compaginan la “vaporización del metal” con la capacidad de recuperar cuerpos con carne y sangre? Esta incompatibilidad permaneció inadvertida hasta que el profesor Griffin se dedicó a ponerla en evidencia.

Otra impresionante contradicción de la teoría conspiratoria oficial es el tratamiento diferente de los impactos de los aviones en el World Trade Center y el Pentágono. Obsérvese que, en el caso del Pentágono, todo el énfasis se coloca en tratar de explicar porqué puede ser que un avión pueda producir tan poco daño. En el caso del World Trade Center es al revés. Todo el énfasis se pone en tratar de explicar porqué dos aviones sí que pueden provocar semejante volumen de daño.

¿Será una coincidencia que justo antes del 11-S, Cathleen P. Black, que tiene conexiones con la CIA y el Pentágono y es presidente del emporio revisteril Hearst Magazines, propietario, a su vez, de la revista Popular Mechanics, despidió al editor jefe y viejos miembros del staff e instaló a James Meigs y a Benjamín Chertoff, este es un sobrino del capo de la administración Bush Michael Chertoff? Fueron Meigs y Chertoff los que produjeron el informe que luego el profesor Griffin se ocupó de destripar.

En la conclusión Griffin nos recuerda que los ataques del 11-S fueron utilizados para comenzar las guerras de Afganistán e Irak, el plan para atacar Irán, para cortar las protecciones constitucionales y las libertades civiles en Estados Unidos, para expandir ferozmente el presupuesto militar y el poder del Poder Ejecutivo y para enriquecer muy bien atrincherados intereses.

jueves, mayo 17, 2007

Queda Wolfowitz fuera del Banco Mundial

Notas de la agencia Reuters.

Wolfowitz renuncia a presidencia del Banco Mundial
Lesley Wroughton
Jueves 17 de Mayo, 2007 8:04 GMT
WASHINGTON (Reuters)- El presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz dijo el jueves que dejaría su cargo el 30 de junio, poniendo fin a una tumultuosa batalla en torno a su administración, alentada por un ascenso que aprobó para su pareja.
"La gente más pobre en el mundo (...) merece lo mejor que le podamos dar," dijo Wolfowitz en un comunicado publicado por el directorio del banco.
"Estoy anunciando hoy que renunciaré como presidente del Grupo del Banco Mundial," agregó Wolfowitz.
Wolfowitz ha sido una figura polémica en el Banco Mundial desde su nombramiento por el presidente George W. Bush en 2005 y ha luchado contra las dudas de países europeos por su papel en la guerra de Irak, mientras era subsecretario de Defensa de Estados Unidos.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, aceptó de mala gana la renuncia y hubiera preferido que Wolfowitz permaneciera en el banco, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Tony Fratto.
Fratto indicó que Bush tendría un candidato para anunciar pronto.
La presidencia del Banco Mundial es usualmente ocupada por un estadounidense y Bush intenta continuar con esta tradición, dijo un funcionario de la Casa Blanca que habló en condición de anonimato.
Wolfowitz indicó que no debería soportar sobre sus hombros toda la responsabilidad por la promoción y el aumento salarial para su pareja Shaha Riza, una experta en Oriente Medio del Banco Mundial.
El funcionario había resistido una fuerte presión para que renunciara, argumentado que actuó bajo recomendación de un comité de ética del directorio y que este cuerpo debería admitir sus errores.
En su discurso del jueves, Wolfowitz, de 63 años, dijo que estaba conforme con que el directorio del Banco Mundial aceptó su garantía de que actuó éticamente y de buena fe.
Un informe emitido por el panel del directorio que evaluó la actuación de Wolfowitz en el ascenso concluyó el lunes que el funcionario había violado varias reglas y que los términos del alza salarial y el ascenso de Riza excedían las normas del banco.
La presión para la renuncia de Wolfowitz ha aumentando durante los últimos días de parte de gobiernos de Europa y otros países, incluyendo Alemania, donde Wolfowitz debía asistir a una reunión de jefes financieros del Grupo de los Ocho países más ricos del mundo el fin de semana.
Las naciones del G8 -- Estados Unidos, Japón, Canadá, Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña y Rusia- están entre los mayores accionistas del banco y son las principales fuentes de financiamiento.

La turbulenta carrera de Paul Wolfowitz
17 de Mayo, 2007 8:10 GMT
Mayo 17 (Reuters)- La controversia en torno al salidente presente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, tiene raíces en una larga carrera donde desempeñó un papel en la política estadounidense de la Guerra Fría y en dos guerras de Irak.
Wolfowitz fue obligado a renunciar, tras un escádalo por la manera en que manejó un ascenso y alza salarial para su pareja.
El directorio del organismo anunció el jueves que Wolfowitz debería hacer efectiva su renuncia el 30 de junio.
Wolfowitz, de 63 años, argumentó hasta el final que no debía ser juzgado por su cargo anterior en el Pentágono, donde fue arquitecto de la invasión a Irak en el 2003, sino por los esfuerzos que encabezó para llevar al Banco Mundial a aliviar la pobreza.
Los siguientes son algunos hechos clave sobre la vida y carrera de Wolfowitz:
INICIOS DE CARRERA
-- Doctor en ciencias políticas en la Universidad de Chicago, Wolfowitz fue contratado por el gobierno de Richard Nixon para trabajar en temas de control y no proliferación de armas nucleares en la década de 1970.
En 1977, bajo la presidencia del demócrata Jimmy Carter, Wolfowitz se mudó al Pentágono, donde estuvo hasta 1980.
-- Formó parte del grupo de académicos y analistas conocido como "neoconservadores" que se desilusionaron con la política exterior de Carter y apoyaron una postura más enérgica, en particular en relación a la Unión Soviética.
-- Alcanzó una posición importante en el Departamento de Estado durante la administración de Ronald Reagan antes de servir como embajador en Indonesia entre 1986-1989.
IMPORTANTE FUNCIONARIO EN LAS DOS ADMINISTRACIONES BUSH
-- Bajo la presidencia de George H.W. Bush, cuando el actual vicepresidente Dick Cheney fue secretario de Defensa, Wolfowitz sirvió como subsecretario de Defensa para política, ayudando a recaudar dinero de los aliados para financiar la guerra del Golfo Pérsico en 1991.
-- Tras caer en desgracia en la política durante la administración de Bill Clinton, Wolfowitz fue entre 1993-2001 decano de la "Paul H. Nitze School of Advanced International Studies" de la Universidad Johns Hopkins, una escuela de estudios de posgrado en Washington.
-- Después de que George W. Bush fue electo presidente en el 2000, Wolfowitz regresó al gobierno para realizar tareas como subsecretario de Defensa ente el 2001 y el 2005, bajo la dirección de Donald Rumsfeld.
Fue un sólido defensor de la invasión a Irak en marzo del 2003, y dijo que sus ingresos petroleros financiarían la reconstrucción de posguerra "relativamente pronto."
EN EL BANCO MUNDIAL
-- Wolfowitz fue nominado en enero del 2005 para asumir al frente del Banco Mundial tras el retiro del presidente James Wolfensohn. Los gobiernos europeos que se opusieron a la guerra de Irak mostraron dudas por la decisión, pero no se impugnaron la designación.
-- Asumió el primero de junio del 2005 siguiendo una rigurosa campaña contra la corrupción en los países en desarrollo, los mayores destinatarios del dinero del Banco Mundial.
-- A principios de año, el funcionario recibió acusaciones de hipocresía cuando se reveló que había ayudado a concretar el ascenso y aumento salarial para su novia y empleada del banco, Shaha Riza.
-- Los gobiernos miembro del Banco Mundial expresaron una "gran preocupación" por la situación y uno de sus dos subdirectores, el veterano del banco Graeme Wheeler, le dijo a Wolfowitz que debe renunciar por el bienestar del banco.
-- Wolfowitz resistió los pedidos de renuncia e intentó conseguir respaldo. Durante semanas, la Casa Blanca lo apoyó y dijo que el Banco continuaría siendo eficiente bajo el liderazo de Wolfowitz.