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martes, septiembre 04, 2007

Censuran Televisa y Warner Bros documental sobre el fraude electoral del PAN en contra de AMLO; texto, audio y video de la conferencia Mandoki-Arreola

Desde los blogs La hora del pueblo y El pedote de FeCal queremos agradecerle al compañero Druida en resistencia por habernos enviado estos archivos de audio y video, así como el siguiente texto relacionado con la conferencia que ofreció ayer el cineasta Luis Mandoki a los medios alternativos de difusión (conferencia de la que avisamos oportunamente aquí y aquí).

Ayer, 3 de septiembre, en conferencia de prensa celebrada en el Hotel Sheraton Centro Histórico del Distrito Federal, el cineasta Luis Mandoki y el periodista Federico Arreola informaron que la empresa mexicana Televisa y la norteamericana Warner Bros boicotean la exhibición del documental de Mandoki sobre el fraude electoral del PAN en México en 2006.Luis Mandoki

En GoEar

Debido a este boicot, el cineasta se ve obligado a recurrir al financiamiento popular para finalizar la post producción y organizar la distribución de la película. Mandoki, quien dijo fue un honor haber realizado este filme, invitó a la resistencia civil obradorista a participar en la distribución del documental, en vista del cerco comercial que los monopolios imponen a su trabajo, y recordó el caso de la película ¿Quién es el Sr. López?, de la cual fueron distribuidos 40 mil ejemplares por cauces tradicionales y más de 1 millón 960 mil copias gracias al apoyo ciudadano. Lo que sigue es la transcripción de lo que dijo Federico Arreola durante la conferencia.

Federico Arreola:

Buenos días. En agosto de 2006 nació la empresa Producciones Pamafear S.A. de C.V., que un año después cambió su nombre por el de Contra el Viento Films S.A. de C.V. Los socios de esta empresa somos los hermanos Luis y Pablo Mandoki y un servidor, Federico Arreola. Desde entonces, desde agosto de 2006, financiada con aportaciones de los socios, es decir nuestras y con préstamos de algunas personas que han creído en el proyecto, Contra el Viento Films ha trabajado para hacer posible un documental sobre el proceso electoral del 2 de julio de 2006. El director del documental es Luis Mandoki, que está conmigo; yo soy el productor; y el productor ejecutivo, el que ha hecho la mayor parte del trabajo técnico y administrativo, es Pablo Mandoki.

Aparición de Warner Bros

A mediados del mes de julio de 2007, hace poco tiempo, ya en las etapas finales de la producción del documental, Luis Mandoki fue buscado por el señor Juan Manuel Borbolla, director de Warner Bros México. Borbolla le quería pedir a Mandoki que dirigiera un película de ficción, otra película; al mismo tiempo, el director de Warner Brothers manifestó interés en distribuir nuestro documental. Antes de tomar una decisión, el directivo de Warner pidió ver el filme, lo que ocurrió en los últimos días de julio pasado: le mostramos la película a Warner Bros. Después de haber visto la obra de Mandoki, Warner Bros aceptó negociar con nosotros un contrato de distribución. Según Warner, el documental podía hacer en taquilla por lo menos unos 20 millones de pesos, cifra a nuestro juicio muy baja pero que aceptamos como un punto de partida en la negociación. Para apoyar sus cálculos de ventas en los cines, Warner Bros nos entregó estadísticas de los ingresos de al menos 10 documentales que se han exhibido en México, entre ellos los de Michael Moore y Al Gore. Con base en esta estimación de ingresos que hizo Warner Bros, nos ofreció dos millones de pesos de anticipo y se comprometió a fabricar al menos ciento cincuenta copias del filme para exhibirlas en cines en todo el país y hasta puso, la distribuidora Warner, una fecha para el estreno: el 30 de noviembre del año en curso. Cabe destacar que Warner llegó a elaborar diversos carteles promocionales de la película; aquí están, son obra de Warner, si están feos no es nuestra culpa. Warner llegó a elaborar estos carteles y hasta sugirió posibles títulos; son estos, el título será otro, luego lo informaremos.

Un dato imposible de soslayar en esta reseña es el siguiente. Durante todo el mes de agosto de este año, los directivos de Warner se pusieron en contacto con los directores de al menos dos cadenas de exhibición cinematográfica, Cinemex y Cinépolis. Warner nos comentó con alarma que si bien en Cinemex estaban dispuestos a programar el documental, en Cinépolis, uno de sus propietarios, el señor Alejandro Ramírez se negó reiteradamente a hacerlo con un argumento de plano deleznable: soy amigo personal de Felipe Calderón y no puedo exhibir una película que lo cuestione.

Esto es lo que a nosotros nos dijo el director de Warner. Como Warner distribuye en México a través de Videofilm, una empresa filial de Televisa (los monopolios son terribles y están en todo), y como en el documental se hace referencia al presidente y al vicepresidente de esta televisora, Emilio Azcárraga Jean y Bernardo Gómez, respectivamente, así como a diversos comentaristas de Televisa, la dirección de Warner decidió consultar al director de Videofilm, el señor Fernando Pérez Gavilán. El director de Videofilm, filial de Televisa, le dijo al director de Warner que un documental sobre las elecciones del 2006 no era cualquier película, por lo que él tenía que consultarlo con Bernardo Gómez y con Emilio Azcárraga. Nuestra fuente, conviene recalcarlo y subrayarlo, en todo momento es Warner Bross. Así las cosas, Warner nos pidió interceder ante Bernardo Gómez para pedirle que no obstaculizara la distribución del documental. Yo le envié una primera carta a Bernardo Gómez, porque hubo otra que se mencionará más adelante.

Otro hecho extraño del que Warner nos informó es que, a mediados de agosto, el director de Warner México recibió una llamada de Warner Estados Unidos en la que se le pedía información acerca del contenido político del documental, algo que nunca había ocurrido, nos dijo el director de Warner México.

El 23 de agosto del 2007 el director de Warner México nos convocó a una reunión a Luis Mandoki, a Pablo Mandoki y a mí (que se celebró ese mismo día por la tarde en el Sanborns de San Ángel) para informarnos que él, el director de Warner, había recibido algo así como una advertencia mafiosa. Resumo sus palabras: «el director de Videofilm, Pérez Gavilán, me ha dicho: "sí, Warner quiere que Videofilm distribuya el documental de Mandoki, pero como amigos te sugiero que no lo hagas, no te conviene enemistarte con alguien tan poderoso como Bernardo Gómez, hasta podrías perder la chamba"»; y qué nos dijo el director de Warner a nosotros, bueno, que por esa razón no estaba dispuesto a meterse en problemas con Bernardo Gómez, así que no iba a distribuir el documental.

Una hora después de eso, ya en su oficina, el director de Warner nos hizo una sugerencia que quiso ser elegante, lo cito: «claro, yo no me atrevería a pedirles algo así, yo respeto la libertad creativa; pero si quitan del documental las imágenes de Azcárraga y de Bernardo, el documental sí podría distribuirlo Warner».

Ante tamaño despropósito, nosotros simplemente guardamos silencio. Al día siguiente, por correo electrónico, envié otra carta a Bernardo Gómez relatando estos hechos. Nada más. Una hora más de que se remitiera esa carta, el director de Warner México nos llamó para decirnos: «les tengo buenas noticias, mi jefe de Estados Unidos sí acepta que distribuyamos el documental, ya hablé con el director de Videocine para cerrar la negociación». Así, el 29 de agosto, en las oficinas de Warner México, el directivo de esta multinacional nos dijo lo siguiente, y es textual: «qué cree, pues que otra vez voy a poner la cara de pendejo (yo pensé: "no va a batallar nada"), hace media hora me habló mi jefe de Estados Unidos por teléfono y me dijo que había consenso entre Televisa y Warner para no distribuir el documental de ninguna manera».

El documental trata sobre la democracia en México; mejor dicho, sobre la falta de democracia en nuestro país. Cuando se empezó a realizar, en 2005, en los días del desafuero, Luis Mandoki lo hizo pensando que si bien no había habido grandes avances democráticos en México, al menos se había logrado conquistar la libertad de expresión; hoy vemos que no es así, hoy está claro que un monopolio mediático es capaz de censurar a cualquiera.

Ante la debilidad del Estado Mexicano, los que censuran en la actualidad no son los funcionarios públicos sino los poderes fácticos, sobre todo la televisión y, muy especialmente, Televisa. No nos consta que Televisa haya cedido a presiones de Felipe Calderón para censurar nuestro documental, pero no nos extrañaría que tal cosa haya ocurrido, sobre todo a partir de la reciente censura a la presidenta de la cámara de diputados.

En lo que a nosotros respecta, seguiremos adelante con el proyecto, que tarde o temprano, y es un compromiso, llegará a los cines de México. Hemos recibido invitaciones para llevar el documental a festivales internacionales, estamos analizando si debemos ir a Soundace o a Berlín.

Ahora bien: dado que la actuación de Warner México nos ha ocasionado pérdidas de tiempo y de dinero, estamos analizando con nuestros abogados los hechos aquí narrados, de tal forma de ejercer las acciones legales necesarias en contra de Warner México por haber incumplido un acuerdo al que ya habíamos llegado. Exigiremos en los tribunales que se nos compense por los daños y perjuicios que dicho incumplimiento nos ocasionó.

Por último, diremos que hemos decidido recurrir al financiamiento popular para poder financiar la distribución de este filme que ha costado mucho dinero.

Vamos a invitar a la población a que realice depósitos en la siguiente cuenta bancaria: BANAMEX cuenta 1657866462 a nombre todavía de Pamafear SA de CV.

Ahora yo a la prensa quisiera decirles que Luis Mandoki está aquí para responder cualquier pregunta que tengan, muchas gracias.

Para descargar el archivo de audio, el enlace es:

http://www.4shared.com/file/23479715/1ab09d52/Arreola_Mandoki.htmlEn YouTubeEn YouTube

martes, marzo 13, 2007

Tello y las intolerancias

Miguel Ángel Granados Chapa
Reforma
12 de marzo de 2007

Me disgustan, y hasta diría que desapruebo (si hacer lo contrario estuviera a mi alcance) las manifestaciones de lopezobradoristas contra actos que descalifican. Pero su importancia es minúscula comparada con la exclusión y el silenciamiento practicados por la televisión

Me disgustan -y si el verbo fuera el correcto diría que desapruebo- las manifestaciones de partidarios de Andrés Manuel López Obrador que ruidosamente han estorbado -sólo ruidosamente, sólo estorbado- presentaciones de libros sobre el proceso electoral del año pasado. En una de ellas, Lydia Cacho y yo mismo disuadimos a quienes protestaban estentóreamente de seguir haciéndolo. Era el martes 13 de febrero. Denise Dresser había leído su texto sobre El Presidente electo, de Jorge Zepeda y Salvador Camarena. Se disponía a hacer lo propio Carlos Loret de Mola quien, punzantemente se refirió a la silla que, sin aviso ni disculpa había dejado vacía Germán Martínez, el secretario de la Función Pública que había aceptado comentar el libro y se arrepintió. Apenas iniciada, la exposición del periodista de televisión fue interrumpida por gritos de un grupo que abandonó sus sillas y se colocó al lado del presidium, proclamando su descontento a todo pulmón y desplegando mantas y pancartas. En un primer momento, parte del público aplaudió la protesta pero a medida que se prolongaba creció el descontento y el pedido a los manifestantes de retirarse para que el acto continuara. En ese propósito, la periodista Lydia Cacho y yo decidimos convencer a los protestantes de guardar silencio y marcharse. Después de algunos minutos se persuadieron de nuestras razones, o creyeron ya cumplida su misión y se fueron. Fue un episodio molesto, desagradable pero nada más. Loret de Mola pudo expresarse, y lo mismo hicieron los autores del libro.
El martes pasado, 6 de marzo, en cierta forma se repitió el suceso, aunque de modo más agresivo por la índole del libro a presentar. Carlos Tello escribió 2 de julio, subtitulado "La crónica minuto a minuto del día más importante de nuestra historia contemporánea", un libro polémico según lo calificó uno de los presentadores, José Woldenberg (el otro fue Jorge Castañeda, y el moderador, Leo Zuckerman). Concluidas las presentaciones, cuando Tello ofreció la palabra al público, se la tomaron partidarios de López Obrador que a voz en cuello lo tildaron de mentiroso y mostraron pliegos de papel donde reiteraban la acusación. La batahola duró 10 minutos, al cabo de los cuales los participantes en la mesa se retiraron. No puede decirse que la sesión fue reventada porque su parte medular ocurrió sin interrupciones.
Sin embargo, la acción de los manifestantes ha sido denostada como actitud fascista, suma de intolerancias. Contra toda lógica se ha llegado a decir "¡de la que nos salvamos!", suponiendo que de ser presidente López Obrador se multiplicarían episodios como el de la noche del 6 de marzo, como si se ignorara que la fuente de la ruidosa protesta es la convicción de los lopezobradoristas de que la elección fue trucada y que una suma de factores, entre ellos actos y omisiones de los órganos electorales, torció el resultado, que favoreció en realidad a su candidato.
La acusación de querer imponer censura, de silenciar el debate, de deturpar a quienes opinan diferente, lanzada contra los manifestantes, es una mala pasada de las buenas conciencias que no aprecian que los desahogos de puñados de inconformes son nada comparados con el silenciamiento, con la exclusión que los medios electrónicos practican contra López Obrador y su actuación al frente de la resistencia civil pacífica. Unos y otros elementos configuran un escenario como el del viejo cuento en que, en el Coliseo romano, un esclavo, sumergido hasta el cuello en la arena, mueve la cabeza eludiendo el ataque del león que de un momento a otro lo devorará. En uno de los saltos de la bestia la inminente víctima lanza a su vez un mordisco, que da directamente en los testículos de la fiera, lo cual provoca la irritación del público que le reprocha a gritos: "¡Pelea limpio, cristiano!".
La acusación a Tello surgió del desmentido con que César Yáñez, Federico Arreola y José María Pérez Gay niegan haber oído a López Obrador, a la una de la mañana del 3 de julio, aceptar su derrota. "Yo ignoro si los tres estuvieron presentes en el episodio que describo -dice Tello en la página 213 de su crónica-. Pero sé que uno de ellos sí escuchó la confesión de Andrés Manuel y que la comentó, en los primeros días de julio, con al menos tres personas, a través de las cuales tuve conocimiento del episodio. Mis fuentes para recrear esta escena, que es clave, son entonces todas indirectas, pero confiables".
Tello ha buscado desviar la atención del punto medular (si López Obrador pronunció o no la palabra perdí) al accesorio de sus fuentes, a las que él protege. Es una falacia, pues la negativa rotunda de quien habría esparcido ese dicho del candidato presidencial deja sin sustancia al asunto. En un encuentro entre Arreola y Tello, concertado por Carmen Aristegui, el autor del libro aceptó campanudamente haber mentido. Sus detractores suponen que lo hizo a sabiendas, para generar un poderoso argumento contra López Obrador, que a esta altura sigue insistiendo en ser Presidente legítimo no obstante admitir desde el 3 de julio que había sido derrotado.
Hace 12 años, Tello escribió otro libro polémico, La rebelión de las cañadas, sobre la insurrección zapatista. Tras examinarlo críticamente, y encontrar que sus fuentes eran policiacas y ministeriales y el autor no lo reconocía, concluí entonces que "tras el disfraz de una indagación histórica seria, el libro esconde un alegato propagandístico". Eso ocurre también ahora.

Cajón de sastre
Con parsimonia que tal vez pone en relieve la indiferencia que el tema le provoca, el Senado camina hacia la designación de un miembro del Consejo de la Judicatura federal, de los dos nombramientos que le conciernen, para cubrir la vacante dejada por Constancio Carrasco Daza, hoy magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Por el transcurso del tiempo, al menos dos de los candidatos dejaron de serlo pues encontraron ocupación en la administración calderonista. Ése es un problema menor para los senadores, pues la lista es de 26 aspirantes. El de mayor hondura consiste en que 19 de ellos pertenecen al Poder Judicial. Si por algo se otorgó al Senado la facultad de nombrar a dos consejeros es para contrastar esa atribución con la de la Suprema Corte, que designa a cuatro, siempre de entre los integrantes de la Judicatura. Aunque su universo sea restringido, convendrá al Senado incorporar al Consejo una perspectiva que haga menos endogámica la composición de ese órgano judicial.

Correo electrónico: miguelangel@granadoschapa.com

jueves, marzo 01, 2007

Tello, la desconfianza

José Gil Olmos
Proceso
1 de marzo de 2007

M
éxico, D.F., 28 de febrero (apro).- La confianza del lector es una de las bases con las que debe contar todo escritor o periodista. El caso de Carlos Tello llama la atención porque precisamente la confianza es lo que no tiene, luego de haber publicado dos libros: La rebelión de las cañadas y 2 de Julio.
Si el lector detecta que el escritor o periodista le ha mentido al escribir sobre un hecho real o en un reportaje, inmediatamente queda invalidado y ninguna campaña publicitaria podrá borrar esta huella de desconfianza.
En el caso de Tello las dos obras citadas adolecen precisamente de la confianza, pues en la elaboración de las investigaciones respectivas, ha echado mano de fuentes carentes de credibilidad y de honradez.
En 1995, cuando publicó La rebelión de las cañadas, Tello utilizó como principal fuente a un delator del EZLN, Salvador Morales Garibay, uno de los fundadores del grupo armado que tuvo diferencias con la comandancia y huyó por un tiempo al norte del país.
Tello aseguró que su libro era producto de una investigación de campo; es decir, que había visitado las comunidades donde el EZLN nació y que recibió de los indígenas información directa del origen y los conflictos entre los zapatistas.
Pero los reporteros que cubrimos el conflicto en Chiapas sabemos que esto era falso porque de manera directa fuimos testigos de como Tello nunca pudo acceder a esas comunidades, ya que cada vez que intentaba hacerlo era rechazado. Incluso, los propios reporteros nos negamos a que nos acompañara en nuestras incursiones a determinadas zonas de conflicto.
La información de Tello provino de Morales Garibay quien, a fines de 1994, se puso en contacto con el Ejército, al que le proporcionó toda la información del EZLN: fundadores, mandos, lugares, fechas, relaciones, etc.
Esta fue la fuente de información de Tello y era necesario que el lector supiera esto. El autor estaba obligado a hacerlo, pero nunca lo hizo. Hubo reporteros, escritores, investigadores e intelectuales que lo defendieron, aduciendo que, mientras la información fuera cierta, la fuente no importaba.
Pero nunca cuestionaron una parte fundamental de la publicación; es decir, dejaron de lado que el autor mintió al decir que había corroborado los datos en las propias comunidades y que los indígenas le habían reafirmado las versiones.
En aquella ocasión fue evidente que Tello sirvió de instrumento del gobierno de Ernesto Zedillo para contraatacar al movimiento zapatista y a uno de los principales defensores de la causa indígena no armada: el obispo Samuel Ruiz.
Las consecuencias de la publicación de Tello fueron terribles para mucha gente inocente, para indígenas que no tuvieron ninguna oportunidad de defenderse en la opinión pública e, incluso, para los integrantes de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, entre ellos el propio Samuel Ruiz, quien sufrió atentados de muerte.
Doce años después, Tello vuelve a las andadas. En su afán de escribir la historia reciente y sin importarle la veracidad de los datos ni la confiabilidad de las fuentes, trató de reconstruir lo ocurrido en la elección presidencial del 2 de julio.
Como en La rebelión de las cañadas, Tello vuelve a ocultar sus fuentes y sólo reconoce que son de tercera mano y que son confiables. ¿Qué clase de historiador con intenciones periodísticas es Tello que se atreve a darle seriedad a una versión de trasmano?
Sin embargo, en esta ocasión, los personajes citados en 2 de Julio si tuvieron oportunidad de responderle al autor y, a contracorriente de la campaña que en Televisa y muchos otros medios había para ensalzar su trabajo, Tello recibió severas correcciones en un punto clave: la confesión de derrota de Andrés Manuel López Obrador la noche del 2 de julio y el inicio de su campaña de desprestigio a la victoria de Felipe Calderón.
La reconstrucción histórica que Tello intentó hacer fue desmentida públicamente por Federico Arreola, Héctor Aguilar Camín, José María Pérez Gay quienes, según Tello, habrían acudido a una cena en la que el equipo de López Obrador habría revelado la confesión del tabasqueño: “Perdí”.
Dicha cena nunca existió y el eje principal de la investigación de Tello – la confesión de López Obrador--, fue desmentida en su totalidad.
La confianza en Tello como autor de investigaciones históricas ha quedado en entredicho. Tampoco como periodista se le puede tomar en serio, pues cada vez que presente una investigación saldrá a relucir como ocultó sus fuentes de información en sus dos principales obras y también como fue desmentido por algunas de sus propias fuentes.