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viernes, diciembre 12, 2008

Tío Erat te invita a disfrutar de un comiquísimo video

Preparen unas palomitas pero para VOMITARLAS, porque en realidad el video no tiene nada de cómico; más bien como que da un asquito muy genuino.

El PRD pide perdón con spots

Conmueve al punto de cocodrilianas lágrimas ver a Jesús Ortega y a Ruth Zavaleta pidiendo perdón; pero no por los miles de pesos de impuestos que les acaban de bonificar a los congresistas de todos los partidos. No, el motivo por el que te piden perdón, amiguito lector-elector, es "por hacerte sentir (sic) que los políticos viven dividiendo".

Todos sabemos a quién se refieren: al único líder político que no teme mezclarse con la gente cuando se trata de defender el bienestar económico y los derechos políticos de la parte más desfavorecida de la población. Al único que señaló desde antes de la elección de 2006 que valía la pena ser muy riguroso en la defensa de un recurso natural tan importante para nuestro país como lo es el petróleo.

Recuerdo cuando mi abuela pedía perdón en la iglesia no sólo por los pecados que ella cometía, sino por los que pudieran haber cometido sus hijos y sus nietos; y yo pensaba: ¡pero si son mis pecados! ¡Me costó mucho trabajo cometerlos! ¡Tan sólo para cometer un pecado pequeñito se requieren años de cuidadosa estrategia y de esmerado desarrollo de la maldad personal! López Obrador podría pedirles a Jesús (¿alias El Cristo?) Ortega, a Carlos Navarrete y a Ruth Pantaleta (valga un segundo mi adjetivación machista) que por favor no anden usurpando pecados ajenos y que no pidan perdón por las faltas que no cometieron almas tan nobles y tan puras como las de ellos.

Si la población percibe que los políticos "viven dividiendo", no se debe a López Obrador: se debe a la labor de los dos partidos preferidos por la gran burguesía, el PAN y el PRI. Y, en igual medida, se debe a la ardua labor desinformativa de los medios de comunicación de la burguesía, parasitaria, que son prácticamente todos. Casi ninguno se salva.

Además, ¿de verdad creen los imbéciles del PRD que pidiendo disculpas van a conquistar un mayor número de votos? ¡Por el perro! ¿Desde cuándo ha sido sexy pedir disculpas? ¿Y qué tal la niñita cejoncita (muy tierna ella, eso que ni qué) cuando pronuncia torpemente la palabra "privatización"? De alguna manera nos está diciendo: "soy una pendejita que no sabe pronunciar bien una palabra de más de cuatro sílabas; escurro baba como un caracol; la educación que me dio la maestra Gordillo valió vergas". Además, yo nunca dejaría a mi hija al cuidado del tío Chucho, con esa lúbrica mirada que baja golosamente de sus ojos. Eso es abuso infantil.

M
e reconforta pensar que esa niña un día va a ganar una demanda en contra de sus padres, por haber consentido en hacerla quedar como una deficiente mental.

E
n un contexto coahuilense, lo peor es que quien deja de votar por el PRD tiene sólo dos alternativas "naturales": el PT y Convergencia, partidos a los que les ha sido retirado el registro en nuestra entidad.

¿
De qué tendría que pedir perdón López Obrador, que es en realidad al que se está culpabilizando con este spot, que más que "espot" es "esputo"? No digo palabra soez, vean el dicionario. Me vienen a la mente más de tres errores tácticos de López Obrador, que quizás ameritarían una disculpa de su parte; pero ¿debe pedir perdón López Obrador por defender el derecho de millones de mexicanos a expresar públicamente sus inconformidades? ¿Debe pedir perdón por acompañar —más que encabezar— a millones de mexicanos en la reivindicación de sus derechos políticos, vulnerados desde la elección presidencial de 2006? ¿Pedir perdón por salir a la calle? ¿Por negarse a hacer de las reformas electoral y energética una farsa, como quisieran el PAN, el PRI y una vergonzosa fracción del PRD, que es la que hoy está sacando estos spots?

Cuando el PRD desaparezca, que será muy pronto, el tío Chucho y su pandilla tendrán que hacer un nuevo spot donde nos pidan perdón, ahora sí en su propio nombre.

martes, octubre 30, 2007

PRD-López Obrador: La ruptura

Álvaro Delgado
Proceso
29 de octubre de 2007

M
éxico, D.F., 29 de octubre (apro).- Es sólo cuestión de tiempo, semanas o quizá meses, pero la facción dominante en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), Nueva Izquierda, podrá proclamar que ya nada tiene que ver con Andrés Manuel López Obrador, el dirigente y candidato que más votos ha dado a la izquierda en toda su historia.

Origen es destino: Nueva Izquierda --que comandan Jesús Ortega y Jesús Zambrano, alias los “Chuchos”-- es el viejo Partido Socialista de los Trabajadores (PST) que desde su fundación, bajo el patrocinio de Luis Echeverría, fue comparsa del régimen, un patiño del PRI, como lo fueron, también, los partidos Popular Socialista (PPS) y el Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).

Rafael Aguilar Talamantes, el fundador del PST, “se convirtió al paso del tiempo en sinónimo de transacción política inescrupulosa, de opositor al gusto de los gobernantes, de dirigente dispuesto --a precio fijo-- al trabajo sucio”, según la descripción que hizo el periodista Oscar Hinojosa en entrevista con ese personaje, publicada en Proceso, en agosto de 1988, cuando reconoció patrocinios oficiales para existir como partido.

“Echeverría dio instrucciones a Víctor Bravo Ahuja, secretario de Educación Pública, para que nos proporcionara 30,000 pesos mensuales. Con esa cantidad, más un auxilio financiero que logramos con Fausto Cantú Peña (director entonces de Inmecafé, preso posteriormente bajo cargos de peculado), el PST pudo sostener su actividad durante un largo periodo.”

Aguilar Talamantes, quien como dirigente del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), traicionaría a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, reveló también en la entrevista con Hinojosa apoyos, aunque no monetarios, de José López Portillo:

“Nunca recibimos directamente de Echeverría ningún tipo de ayuda económica o material. Tampoco a través de Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, recibimos apoyo económico. Echeverría dispuso que la ayuda se proporcionara a través de la SEP, porque nos consideraba muchachos de corte estudiantil organizando un partido político. Tampoco recibimos ayuda material de JLP. A él le debemos haber sido leal y haber cumplido su palabra de que la reforma política que le propusimos la echaría a caminar.”

Por eso no hay que extrañarse: Aguilar Talamantes es el mentor de los “Chuchos”, los creadores de Nueva Izquierda, la corriente perredista que, paulatina pero consistentemente, fue escalando posiciones hasta tomar el control del aparato burocrático partidista y, casi como El Yunque en el PAN, secuestrar dirigencias y candidaturas en todos los estados.

Y así como El Yunque, también a Nueva Izquierda no le importa tanto ganar las contiendas constitucionales, sino sólo copar las plurinominales para usufructuar el poder mediante cochupos y transas, entre ellas legitimar ahora, por ejemplo, a Felipe Calderón.

La historia de los “Chuchos” no es, por ello, exitosa ante la base perredista, menos ante la ciudadanía: han hecho siempre victorias de todas sus derrotas. El caso más claro es el de Jesús Ortega: cuantas veces ha aspirado a presidir el PRD, como ahora ante Alejandro Encinas, ha sino derrotado, aunque ha obtenido siempre ganancias que los votos no le han dado.

Los “Chuchos” saben desde hace tiempo que el control de la estructura del PRD, en prácticamente todo el país, no garantiza en automático el triunfo de Ortega, y decidieron no ser ellos los que rompan con sus adversarios internos, los identificados con López Obrador, sino que sean éstos los que decidan --en una acción extrema-- dejarles la franquicia, que es la que les importa para su usufructo de facción.

Por eso la línea de comportamiento de los operadores “Chuchos” --cuyo cerebro no es Ortega, sino Zambrano-- es clara en el Congreso: más que hacer efectiva la fuerza constitucional que el electorado les dio por la fuerza de López Obrador, traducida por ejemplo en iniciativas que hagan distinto y distinguible el proyecto de izquierda con el de la derecha, han actuado como cabús del PRI y recipiendarios de las migajas de Calderón.

Si ante la toma de posesión de Calderón sólo procedieron a un hipócrita montaje, porque sabían que no hacer nada era exhibirse de antemano, pronto procedieron a lo que saben hacer: reuniones, a hurtadillas, con funcionarios federales, abyección inclusive hasta en la censura a una de las suyas, Ruth Zavaleta, quien hasta se toma de la mano de Margarita Zavala.

Ahora, a la hipócrita manera del gobierno federal ante la detención del líder oaxaqueño Flavio Sosa --presentado casi como el exterminador de la civilización occidental--, los Chuchos usan la estridencia deleznable de Gerardo Fernández Noroña para abonar a su plan de quedarse con la franquicia perredista y, a tono con los jilgueros de la derecha, negociar un acuerdo con Calderón.

Por eso el operador de los Chuchos en el Senado, Carlos Navarrete, habla ya de establecer un “pacto político y social” con Calderón, y hasta ofreció “la disponibilidad del PRD” para discutirlo, en un alarde de patrimonialismo semejante al de Víctor Hugo Círigo --esposo de Zavaleta, ambos Chuchos-- en la Asamblea Legislativa, cuando advierte que será ésta la que “diseñe” el presupuesto del gobierno local, “pésele a quien le pese”.

Cuauhtémoc Cárdenas se ha inscrito en la misma línea, no sólo de alianza con los Chuchos --quienes oportunistamente llegaron a proponer su jubilación y de lo que ahora él es amnésico--, sino de validar la adulteración de la voluntad popular que él mismo alegó en 1988 y que ahora sólo acredita que se trató de un engaño a quienes por él votaron sin saber que pactaba, a escondidas, con Carlos Salinas.

Así, la vía de colisión está clara: los Chuchos, que han resucitado por conveniencias mutuas a Cárdenas, han emplazado a la ruptura a López Obrador --quien como presidente del PRD desplazó al PAN como segunda fuerza electoral, en 1997, y el año pasado obtuvo la mayor votación de la izquierda en su historia--, pero sobre todo a mexicanos que ingenuamente pensaron que eran de convicciones robustas.

Y en efecto, tal como ocurrió en el proceso para integrar el Congreso Nacional, Nueva Izquierda --la “izquierda moderna”, según la derecha “moderna”-- podrá obtener otro triunfo quedándose con el PRD, pero no será el de la voluntad ciudadana, el único que da legitimidad, sino el puro cascarón.

Comentarios: delgado@proceso.com.mx

viernes, agosto 31, 2007

Reconocer y oponerse

Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada
30 de agosto de 2007

Me temo que la diputada Ruth Zavaleta tuvo razón al señalarle a Carmen Aristegui que “de su parte habrá un reconocimiento implícito a la presidencia de Calderón, al momento en que ella (como presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados) le envíe las reformas aprobadas en la Cámara para su publicación” (La Jornada, 28/08/07). Y es que en realidad esto no puede evitarse, como tampoco recibir de Calderón las iniciativas de ley emanadas del Poder Ejecutivo de la Federación. Dichas iniciativas no pueden ser ignoradas como tampoco asumidas como productos de un espíritu imaginario e inexistente y que por un milagro o cosa semejante llegaron al Congreso de la Unión. Sería esquizofrénico, para decir lo menos.

Para mí Felipe Calderón ocupa la silla presidencial gracias a un proceso a todas luces fraudulento, pero ahí está. Cómo lo llamemos importa poco, incluso si no lo aceptamos como gobernante legítimo. Si los diputados perredistas y otros no lo reconocen como gobernante (incluso de facto) en la práctica se están negando como contrapeso del Poder Ejecutivo; sin embargo, al oponerse al Presidente de la República lo están reconociendo. Nadie se opone a lo que no existe, y si lo hace no está bien de la cabeza.

Supongamos para México otro escenario. Imaginemos que hubo un golpe de Estado, no como el ocurrido el año pasado (que he llamado ex ante), sino militar y que el gobernante fuera un tirano, un dictador. ¿La oposición buscaría formas de oponérsele o, por no reconocerlo por su origen ilegítimo, no haría nada o actuaría como si no existiera? La respuesta es obvia. Pese a los riesgos de oponerse a un dictador, como ocurrió en Chile, Argentina, Brasil, y en otros muchos países, siempre hubo y habrá oposición, pues no todo mundo acepta, como destino impuesto e inevitable, la existencia de un dictador por temible que éste sea. Oponérsele, entonces, es reconocerlo aunque no se olvide su origen ni su práctica en contra de las libertades; ni los riesgos de hacerlo.

No vivimos en una dictadura y Calderón, pese a su origen, es el jefe del Poder Ejecutivo federal, y constitucionalmente tiene funciones, atribuciones y obligaciones. Me ubico en la oposición, sí, pero si el presidente impuesto auxiliara a los damnificados de un huracán o un terremoto no podría invitar a las víctimas (so pena de que pensaran que estoy loco) a que no acepten la ayuda que les permitirá sobrevivir. Tampoco podría oponerme a que los estudiantes aceptaran becas o los campesinos recibieran tierras, créditos, salud y vivienda (si fuera el caso).

Para unos López Obrador encabeza el gobierno legítimo, pero aun así se está reconociendo que Calderón Hinojosa representa un gobierno ilegítimo, pero gobierno al fin. Si no se estuviera reconociendo esto último no habría necesidad de que AMLO se distinga como el gobernante legítimo ni que se oponga al que ocupa su lugar gracias a un fraude que no todo mundo acepta (yo sí, me adelanto a decirlo). No estar de acuerdo con el triunfo de Calderón es correcto. Basta saber que él y quienes lo hicieron presidente se negaron a contar los votos después de la elección del año pasado. Pero una cosa es no reconocer su triunfo y otra que el señor de Los Pinos no realice (mal o bien) las funciones de presidente de México. En Naciones Unidas, en Cuba, en Venezuela y en otros países con cuyos gobiernos mucha gente de izquierda simpatiza, se reconoce a Calderón como jefe del gobierno mexicano. Si no fuera así no habría embajadas de esos países en nuestro país, como no la hubo de México en Chile durante el gobierno de Pinochet (y viceversa) o como no hay de Estados Unidos en Cuba (y viceversa) hasta la fecha.

La oposición se opone (siempre he defendido este punto de vista), y en este caso se opone al poder: porque no se le reconoce legitimidad, porque no se está de acuerdo con su política, por lo que sea (es un derecho en una democracia aun imperfecta como la nuestra). Pero el hecho mismo de oponerse es un reconocimiento… negativo en este caso. Si yo creyera en una deidad y ésta me hace maldades, le reclamaría. Pero como no creo en dioses ni en poderes divinos sólo puedo dirigirme a mí mismo para reclamar mis errores o a quien me hace maldades sin merecerlas. Automáticamente me reconozco y reconozco a mis enemigos o a mis adversarios. Puedo también ignorarlos, y quizá sea sano, pero si uno de mis enemigos ignorados llega a ocupar un cargo en el lugar en que trabajo o vivo, me guste o no, tendré que tratar con él, aunque sea para exigirle la reparación de una injusticia si ésta se llevó a cabo en mi contra. Hacer otra cosa no sería oposición, sino dejar que mis derechos sean pisoteados, lo cual sería indigno de cualquier persona que se respete.

La diputada Zavaleta, que no conozco, tuvo razón en la dialéctica sencilla que manejó con Aristegui: una ley aprobada en la Cámara de Diputados sólo tiene vigencia a partir de su publicación en el Diario Oficial, y la edición de éste, así como la promulgación y ejecución de una ley expedida por el Congreso de la Unión, depende del jefe del Poder Ejecutivo. La fracción I del artículo 89 constitucional así lo ordena. No hay, en cambio, ninguna ley que obligue a la oposición a tomarse la foto con Calderón, o a dialogar con él ni mucho menos a negociar con el ocupante de Los Pinos. Son cosas diferentes. Aunque, si somos rigurosos, al exigirle algo a Calderón, o al oponerse a una de sus iniciativas de ley, se está dialogando con él, no con un fantasma.

Propongo a mis amigos de la oposición que simplemente se opongan, con los mejores razonamientos de que sean capaces y que, a la vez, propongan lo que a su juicio debería de hacerse para mejorar las condiciones de los mexicanos. Mientras tanto, fortalézcanse lo más que puedan para que en 2009 tengan la mayoría de asientos en la Cámara de Diputados y puedan oponerse mejor y con más eficacia a quien ahora no quieren reconocer como gobernante del país.

miércoles, agosto 29, 2007

Senador por el EPR

Anabel Hernández
Reporte Índigo
27 de agosto de 2007


La costumbre obliga a imaginar a los líderes de movimientos guerrilleros como hombres enmascarados que andan a salto de mata por algún lugar de las ríspidas sierras de este país. Esquivando siempre la muerte y la cárcel.

Peleados con el Estado y el “establishment”, un día sorprenden con atentados contra ductos de Pemex y al otro emiten comunicados reclamando a sus compañeros desaparecidos. Escudados en las capuchas, suelen convertirse en hitos románticos de nuestro país.

Pero, ¿qué pasaría si supiéramos que uno de esos “guerrilleros” ha llevado una presunta doble vida con un doble nombre?
En una de sus facetas es un senador del Partido de la Revolución Democrática, miembro de la corriente Nueva Izquierda. Desde hace 13 años vive del erario saltando de curul en curul y de cargo en cargo.

En la otra, presuntamente es el hombre que comanda el Ejército Popular Revolucionario (EPR). Informes de inteligencia civil señalan que trabaja desde hace años para el ala dura del PRI, partido que lo habría infiltrado en los grupos de izquierda desde los tiempos de Fernando Gutiérrez Barrios con la consigna de fracturar dichas organizaciones.

Un informe confidencial de inteligencia militar de la Secretaría de la Defensa Nacional al que tuvo acceso Reporte Índigo revela que René Arce Islas, ex delegado de Iztapalapa en la administración 2000-2003 y actual senador perredista, en realidad se llama Oscar Nahúm Círigo Vázquez y está al “mando del EPR”.

Originario de Oaxaca, este hombre es líder de la corriente Nueva Izquierda en el D.F. Sus propios compañeros lo señalan como uno de los artífices de la división que actualmente tiene en crisis al partido del sol azteca. Sus aliados son Jesús Ortega y Jesús Zambrano, “Los Chuchos”.

El senador también cuenta con el apoyo del diputado local Víctor Hugo Círigo Vázquez, su hermano, quien se escudó en el seudónimo de Oscar Nahúm para sucederlo en la delegación Iztapalapa en el periodo 2003-2006.

Actualmente, Víctor Hugo es el presidente de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del D.F. y líder de la fracción parlamentaria del PRD.

El informe militar afirma que la hermana de René Arce, Blanca Estela Círigo Vázquez, alias “Twinky Wonder”, es pareja de Constantino Alejandro Canseco Ruiz, conocido en las filas del EPR como “comandante José Arturo”.

En 1999, dice el documento, Canseco Ruiz provocó una de las grandes escisiones del movimiento armado y formó el grupo Tendencia Democrática, que ha asesinado a seis luchadores sociales según denuncias de miembros del propio EPR.

En las últimas semanas, Reporte Índigo se ha dedicado a verificar los datos del informe militar mediante entrevistas a fuentes castrenses y de inteligencia, así como a compañeros de partido e integrantes del grupo armado.

Ésta es la historia de Arce Islas y su presunta infiltración en el EPR que, al igual que sucede con el PRD hoy está dividido.

¿OSCAR O RENÉ?

Su biografía pública dice que René Arce Islas nació en Oaxaca, Oaxaca, el 22 de octubre de 1953.

Estudió economía en la Universidad Autónoma de México y fue profesor en la Universidad Autónoma de Guerrero. Es uno de los fundadores del Sindicato Único Nacional de Trabajadores Universitarios e integrante del Comité Ejecutivo del Sindicato de Aeroméxico. También militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, que en 1988 postuló a Rosario Ibarra de Piedra como candidata presidencial. Ese año se unió al Frente Democrático Nacional (FDN), que después se convirtió en el PRD.

Arce Islas se desempeñó como diputado federal en la LVI Legislatura (1994-1997) y como diputado local en la I Asamblea Legislativa del Distrito Federal (1997-2000).

Fungió como jefe delegacional en Iztapalapa en la administración 2000-2003.

Al terminar, “heredó” el cargo a su hermano Víctor Hugo. La sucesión tuvo lugar en medio de un escándalo por presunta malversación de fondos durante la gestión de René Arce.

Este polifacético funcionario fue acusado por los empleados de la delegación Iztapalapa de obligarlos a hacer aportaciones para la campaña de su hermano Víctor, quien contendió para ocupar la dirigencia del PRD en el D.F. Y lo logró, ya que estuvo al frente del partido de 2002 a 2003.

René Arce repitió como diputado federal en la LIX Legislatura (2003-2006). Fue vicecoordinador de la fracción parlamentaria del PRD; el coordinador era Pablo Gómez. Actualmente es senador y presidente de la Comisión de la Reforma del Estado, proyecto encabezado por Manlio Fabio Beltrones. Algunos perredistas afirman que la relación entre ambos es muy estrecha.

También es secretario de las comisiones del D.F. y Seguridad Pública. Por irónico que parezca, considerando su presunta filiación con el EPR, también es miembro de la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional.

Hasta hace dos años, su domicilio oficial era la calle Plan de San Luis, colonia Ejido de Santa María Aztahuacan, delegación Iztapalapa.

Está casado en segundas nupcias con Silvia Oliva Fragoso, pero actualmente –según se dice en el PRD–, su pareja sentimental es Ruth Zavaleta, diputada federal en la actual legislatura.

Algunos compañeros de partido reconocen que el verdadero nombre de René Arce es Oscar Nahúm Círigo Vázquez, y que efectivamente es hermano de Víctor Hugo, “aunque es algo que René nunca ha reconocido públicamente”.

Al comparar las fotografías de René, Víctor Hugo y Blanca Estela, el parecido es evidente. Según la biografía oficial de Víctor Hugo, nació en Oaxaca, Oaxaca, también en 1953. Es Licenciado en Psicología Social egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana, a donde ingresó en 1978, cuando se trasladó de Oaxaca a la Ciudad de México. Se comenta que desde muy joven fue militante de organizaciones de izquierda. En Iztapalapa fue presidente del Comité Delegacional del PRD y también se desempeñó como asesor sindical y trabajador de Pemex Refinación.

Ocupó una curul de diputado federal en la LVIII Legislatura (2000-2003), presidió el PRD en el Distrito Federal de 2002 a 2003 y fue delegado de Iztapalapa. Actualmente es diputado local del D.F., líder de la bancada del PRD y presidente de la Comisión de Gobierno en la Asamblea Legislativa.

Algunos perredistas afirman que Oscar Nahúm cambió su nombre a René Arce Islas después de haber sido acusado, junto con Melchor Montalvo Guajardo, secretario del Sindicato de Trabajadores de Aeroméxico, por un desfalco.

En 1990 se giró una orden de aprehensión en su contra y se le dictó auto de formal prisión. Gracias a la ayuda de su amigo Pedro Peñaloza, logró salir de la cárcel 40 días después.

Sin embargo, el cambio de nombre se dio por otros motivos, según citan fuentes de inteligencia civil que trabajaron en la Dirección Federal de Seguridad y en la Dirección General de Investigación Política.

LA HISTORIA SECRETA

Hace muchos años, a fines de los 60 y principios de los 70, cuando estaban en plenitud los movimientos guerrilleros en Oaxaca, miembros de la familia Círigo Vázquez fueron encarcelados por el gobierno federal, señalan fuentes de inteligencia civil que afirman haber sido testigos de los hechos. Uno de los detenidos, aseguran, fue Oscar Nahúm.

Fernando Gutiérrez Barrios ocupó la Dirección Federal de Seguridad durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964 -1970).

A esa dependencia, que manejaba la policía secreta, se le señala como el aparato represor de las organizaciones de oposición, particularmente de los movimientos de izquierda, tanto políticos como armados.

En 2001 hizo revelaciones públicas sobre el caso Felipe Martínez Soriano, ex rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, sobreviviente de la guerra sucia que padeció el país durante los 70 y dirigente del desaparecido Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP). El documento militar lo vincula también al EPR.

En una entrevista, afirmó que “Víctor Hugo Círigo Vázquez fue detenido y desaparecido por la Dirección Federal de Seguridad en 1975, en la ciudad de Oaxaca; sus hermanos fueron integrantes de la Liga Guerrillera 23 de Septiembre y murieron en varias emboscadas en donde participó la policía judicial de Oaxaca”.

Según la versión civil, Oscar Nahúm fue sometido por Gutiérrez Barrios y aceptó formar parte de la DFS en el departamento 049, que realizaba las tareas de contrainteligencia.

Se dice que el controversial político veracruzano le creó una nueva personalidad. A partir de entonces, a Oscar Nahúm se le conoce como René Arce Islas. Y el PRI lo metió a la política.

Como funcionario de gobierno, Gutiérrez Barrios llegó a tener tres grupos de trabajo, y muchos de sus miembros se quedaron a su servicio. Entre ellos había elementos de la DFS y de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), así como toda la estructura de “infiltrados”, en la que se supone esté René Arce.

Esos grupos, que eran los brazos de la Secretaría de Gobernación, dejaron de operar, pero sus integrantes crearon una hermandad que siguió reportándole a Gutiérrez Barrios hasta el final de sus días (30 de octubre de 2000).

Trabajaron para él cuando fue subsecretario de Seguridad Nacional, gobernador de Veracruz (1986-1988) y secretario de Gobernación con Carlos Salinas de Gortari, quien lo llamó para asegurar la gobernabilidad del país después de la crisis poselectoral.

Durante el sexenio salinista fueron asesinados 305 perredistas por motivos políticos, según consta en el folleto “Crónica de la Violencia Política” que fue publicado en 1997 bajo la coordinación de Isabel Molina Warner, directora de la Fundación Ovando y Gil.

El documento señala que encabezaron la lista de decesos los estados de Guerrero (90 muertos), Michoacán (55) y Oaxaca (43). Los perredistas que fueron consultados para saber si estaban al tanto de que René Arce era o había sido miembro del EPR, dijeron no saber nada del asunto. Pero señalaron que el ahora senador presumía de haber pertenecido a organizaciones guerrilleras.

Agregaron que su compañero de partido está conformando sus propios grupos al interior del país para crear su fuerza política personal.

¿GUERRILLERO O ESQUIROL?

No existe un solo rastro de Oscar Nahúm. En los registros electorales sólo aparece René Arce Islas.

Se afirma que su primera esposa, Rosario Bautista Martínez, mejor conocida con el alias de “Tania”, militó en la Liga Comunista 23 de Septiembre y en la Organización Netzahualcóyotl, que fue la brigada de ajusticiamiento del Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo y el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas (PROCUP-Pdlp).

Compañeros perredistas de René Arce ratificaron que estuvo casado con Rosario y después contrajo matrimonio con Silvia Oliva.

También se le relaciona con Maribel Martínez Martínez, hija de Felipe Martínez Soriano. Ella fue pareja sentimental de Felipe Edgardo Canseco Ruiz, hermano de Constantino Alejandro Canseco Ruiz, cuñado de Oscar Nahúm.

El Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR) y su brazo armado, el Ejército Popular Revolucionario, irrumpieron en la vida nacional el 28 de junio de 1996. Era el aniversario del asesinato de 17 campesinos de la Organización Campesina de la Sierra Sur (OCSS) ocurrido en la comunidad de Aguas Blancas.

Los miembros del EPR aparecieron con uniformes verde olivo, capuchas y armas AK-47. Su principal área de influencia es Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Este movimiento es producto de la unión de 14 organizaciones de izquierda. La más importante es el PROCUP-Pdlp.

Nació con fuerza y capacidad de operación.

Sin embargo, el EPR ha tenido grandes divisiones internas que lo han debilitado e incluso han provocado ejecuciones entre ellos. En 1998 se dio una ruptura que originó la creación del Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).

El informe militar afirma que el segundo hombre más importante del EPR, Constantino, cuñado de Oscar Nahúm, provocó la principal fractura del movimiento en 1999.

“Junto con 20 integrantes del Estado Mayor del EPR, se escinde de dicho grupo armado y forma la organización Tendencia Democrática Revolucionaria Ejército del Pueblo (TDR-EP) en virtud de las diferencias que estaba enfrentando con la dirigencia nacional del EPR, la cual consideraba que este individuo pretendía apoderarse del control absoluto del EPR a nivel nacional”, señala el documento confidencial.

Lo que debilitó al movimiento fue la salida de Constantino, ya que era el segundo hombre más importante, el que tenía más información sobre la línea armada y las operaciones.

De hecho, en 1996 fue la voz del EPR que dio la cara a la opinión pública para explicar en qué consistía el movimiento y sus alcances.

En una entrevista exclusiva con el semanario Proceso (11 de agosto de 1996), se describe al “comandante José Arturo” como un hombre “de ojos claros, nariz afilada y complexión robusta; armado con una ametralladora MP-5… con tres estrellas rojas en la gorra del uniforme militar y el escudo rojinegro de su organización en el brazo izquierdo”.

“De ninguna manera somos una pantomima, sino una realidad. Y ni el Ejército Zapatista ni nosotros somos los únicos grupos armados que existen en México. Hay muchos más, producto de casi 30 años de experiencia clandestina”, dijo Constantino a la revista.

“Vestido con una casaca verde olivo, pantalón café oscuro, botas negras y un paliacate café, el comandante José Arturo no niega que, a diferencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ellos luchan por el poder, por el cambio de gobierno en México, y dice que combinarán la vía armada con la vía civil para lograr su objetivo”.

Con la salida del comandante, el EPR inició su balcanización. Surgieron el ERPI, TDR-EP y el Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas. Fuentes de inteligencia presumen que fue una acción orquestada para debilitar el movimiento.

Tarde descubrieron los hoy miembros del EPR que Oscar Nahúm trabajaba para el gobierno priista. Su misión era realizar acciones de contrainteligencia al interior de las organizaciones de izquierda.

Se afirma que finalmente los grupos de izquierda detectaron la presunta infiltración de René Arce.

Ante este tipo de hallazgos, habitualmente surgen reacciones violentas que incluyen ejecuciones. Pero “el infiltrado” tenía el manto protector de Gutiérrez Barrios. Y después el de su poderoso heredero. Eso dicen las fuentes de inteligencia civil.

EL HEREDERO

El 6 de noviembre de 2006, en plena efervescencia poselectoral, ocurrieron tres explosiones en el D.F. Una en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, otra en la sede nacional del PRI y la última en una sucursal de Scotiabank.

Se adjudicó las explosiones el TDR-EP, movimiento del “comandante José Arturo”.

Con el motivo de protestar por el “fraude electoral” del 2 de julio.

En vez de beneficiar al movimiento de protesta encabezado por López Obrador, esta acción generó ataques desde el gobierno y animadversión en la opinión pública.

“Estamos preparados para actuar si el gobierno de Fox reprime al movimiento civil pacífico que lucha en contra de la imposición y el fraude electoral, y si el Ejército y las diversas corporaciones policiacas entran en Oaxaca a desalojar a maestros y ciudadanos que se aglutinan en la APPO”, dijo el comandante José Arturo el 21 de octubre de 2006.

El 6 de noviembre, el comandante Vicente, también del TDR-EP, hizo un llamado a todas las fuerzas para “impedir que Calderón nos imponga su programa 20-30; hay que detener esta política neoliberal”. El exhorto se hizo en una supuesta conferencia de prensa clandestina realizada en Guerrero.

Fuentes afirman que el heredero de toda la estructura de inteligencia y contrainteligencia de Gutiérrez Barrios es el senador Manlio Fabio Beltrones, quien fue subsecretario de Gobernación en tiempos de su maestro.

En el currículum del político sonorense destaca que es economista egresado de la UNAM y contemporáneo de René Arce.

El 10 de julio pasado, el EPR se adjudicó la autoría de las explosiones en gasoductos de Pemex ocurridas en Guanajuato y Querétaro.

Sus dirigentes afirmaron que era una reacción ante la desaparición de dos de sus compañeros: Raymundo Rivera Bravo y Edmundo Reyes Amaya.

Estos atentados sucedieron justo cuando el escándalo del chino-mexicano Zhenli Ye Gon apuntaba hacia el PRI y la dirigencia nacional del PAN.

Señalan fuentes civiles que muy pocos saben qué botones apretar para generar una reacción de este tipo. Lo cierto es que el ataque puso en entredicho la capacidad de reacción del gobierno federal.

El gobierno de Calderón ha afirmado que no tiene en su poder a los eperristas desaparecidos y que ya ha abierto una averiguación. Se presumía que el Ejército había capturado a los dos guerrilleros, pero el caso parece estar tomando otro giro.