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sábado, noviembre 01, 2008

El diablo cuando creyó ser San Juan

Tienen que verlo. Desde hace mucho más de un año me decía que había que subir este video al blog; por descuido u olvido o por falta de tiempo no lo hice, pero es de esos archivos que deben verse a tiempo porque cuentan con fecha de caducidad. Es muy bien conocido, y muy probable que se hayan encontrado con él antes de mi aviso.

John the Revelator

Yo llamaría a esto una obra de arte. El video es enteramente fan-made, cosa que para mí no resulta de inmediato evidente: el creador, cuyo alias es Violator of the regime (Violador del régimen), niega en su “space” hallarse en modo alguno asociado con Depeche Mode, el grupo que re-interpreta para nuestros tiempos este viejo gospel; las imágenes, sin embargo, ilustran tan maravillosamente la canción que uno diría que el video se produjo antes o al mismo tiempo que iba naciendo la letra. Una vez visto, uno no puede creer que Depeche Mode no haya re-escrito la canción pensando en el tenebroso emperador George Bush II.
George the Revelator

Y es que la letra es otra maravilla. El gospel original, que data por lo menos de los años veinte del siglo pasado (y quién sabe si habría que remontarnos al XIX), festeja, con cristiano temor, a “ese que escribe”, Juan, llamado “el Revelador”: el que tiene revelaciones y las comunica. La ciencia actual considera probable que el apóstol Juan, el evangelista Juan (el escritor del cuarto Evangelio) y el revelador Juan (el escritor del Apocalipsis) hayan sido en la historia tres personas distintas; para la tradición cristiana, sin embargo, se trata en cada caso del mismo hombre, el discípulo más amado de Jesús.

La grabación más antigua de John The Revelator la realizó 'Blind' Willie Johnson en 1930. Salió en la Antología de la música popular norteamericana y aguarda en algún punto de la red mundial a que ustedes la escuchen.

Blind Willie Johnson

John The Revelator obedece a un patrón clásico de
llamada y respuesta, al igual que innumerables piezas de inspiración popular, religiosas lo mismo que profanas. Es posible localizar este patrón tanto en Occidente como en Oriente y, de manera muy característica, en África. El “tipo” musical de llamada y respuesta es sólo una manifestación elaborada de la comunicación humana —y aun animal— que se fundamenta en la interrogación: un individuo de cierta especie zoológica lanza un grito al aire, esperando que otro individuo de la misma especie interprete su llanto de la forma adecuada; que entienda su carencia y su deseo tal vez incluso mejor que él mismo. La grabación de Johnson —una guitarra, una voz ronca de hombre que pregunta, una voz dulce de mujer que contesta— tiene un sabor rural: es un blues gospel todavía no muy lejos de esa parte del folk que produjo al country. Me imagino que con entonaciones semejantes unos esclavos animaban a otros en la recolección de algodón, cincuenta años antes del canto del ciego Willie.

Existen centenas de versiones de John y ni una sola de las que conozco me desagrada. Una de las más destacadas es la del bluesman del Mississippi Eddie James 'Son' House. Creo que si la interpretación de Son House se convirtió en canónica (en ella, más que en la de Willie Johnson, se basan casi todas las otras) se debe a que House —quien en su adolescencia intentó llegar a ser pastor bautista, antes de asesinar a un tipo durante una parranda y pasar 15 años en prisión— le da a la pieza su definición espiritual. Sus cauces vocales son apretados, severos, justos; su interiorización del sentido de las palabras, profunda y religiosa.

Son House en TV (años 60)

Lo que hizo Depeche Mode fue mefistofélico. Tomó una canción de iglesia y la transformó en una crítica a la cristiandad.

Las versiones del blues, aunque muy diferentes entre sí, se apegan a la ortodoxia en sus citas de pasajes bíblicos. La de Blind Johnson por ejemplo:

Oh, why me, thousands cried holy,
Bound for some, Son of our God,
Daughter of Zion, Judah the Lion,
He redeemeth and bought us with his blood.

La de Son House:

You know God walked down in the cool of the day,
Called Adam by his name,
But he refused to answer
Because he's naked and ashamed.

John, en la narración “depechiana” del álbum Playing the angel (2005), es un farsante que se encumbra gracias a “un elevador”; no posee “el libro de los siete sellos”, sino un libro de siete mentiras “multiplicadas por siete”; les robó su Dios a los judíos y a los musulmanes y ahora reclama este Dios como objeto suyo de uso exclusivo.

John the Revelator,
put him in an elevator,

take him up to the highest high.

Take him up to the top

where the mountains stop:

let him tell his book of lies.


John the Revelator,

he's a smooth operator,

it's time to cut him down the size.

Take him by the hand,

put him on the stand:

let us hear his alibis.


By claiming a God

as his holy right,

he's stealing a God

from the israelites,

he's stealing a God

from the muslims too:

there is only one God

through and through.


Seven lies

multiplied by seven

multiplied by seven again.

Seven angels

with seven trumpets:

send them home on the morning train.


Well, who's that shouting?

John the Revelator!

All he ever gives us is pain.

Well, who's that shouting?

John the Revelator!

He should bow his head in shame.


By and by...


Es tan distinto del lamento devoto de Blind Johnson que la composición debería ser acreditada únicamente a Depeche Mode. Está inspirada en un blues religioso de los años 20 pero es un producto nuevo y agresivo, expelido del arruinado nacimiento del tercer milenio.

Este tipo, Violator of the regime (simpático nombre que acaso tenga algo que ver con el disco de los Mode de 1990, donde venía Personal Jesus), muy agudo, incorpora la letra del grupo inglés al hodierno contexto de la destrucción de Irak y Afganistán a manos (garras) de las tropas imperiales. El video se toma en serio las amenazas de Bush a Irán y Venezuela;
alude a los atentados del 11 de septiembre de 2001, con los cuales se justificó esta bárbara guerra contra el Islam (atentados que, con seguridad casi completa, formaron parte de un proyecto diseñado por el Estado norteamericano); y, en un proceso inverso a la sublimación, St. John, en el video, pasa a ser Little George Jr., quien resucitó para nuestros tiempos la peor etapa de la historia de la cristiandad. Recuerden que “el tejano favorito del mundo” —para reciclar la estúpida expresión de León Krauze— se percibe a sí mismo como un nuevo caballero cruzado, un defensor de los valores occidentales y cristianos, un guardián de la civilización. Una tontería, pero una tontería defendida, en su momento, por un alto porcentaje de la población norteamericana; y aunque se trate del presidente más ignorante y torpe en la historia de Estados Unidos —plagada de presidentes torpes e ignorantes—, Bush II no hace sino trasladar a la sucia arena política el discurso académico, pulcro y cultivado, por demás judeo-cristiano y occidental, de “sabios” de la talla de Bernard Lewis. El papel de vanguardia militar de la cultura occidental ha sido codiciado por los norteamericanos desde la fundación del país, sobre todo por las élites financieras que controlan a los dos únicos partidos políticos que desde hace un siglo contienden, de hecho, en las elecciones presidenciales. Por esto, las desgracias no acabarán para el planeta con el fin del reinado de Jorge el Revelador. John McCain, Barack Obama, Hillary Clinton, independientemente de sus anhelos o de cómo se miren a sí mismos, son presas en la misma telaraña en que han caído sus vasallos. Ése es el legado interminable del César George Bush II.

It's time to cut him down the size. Pero el odioso asesino que encabezó este sangriento periodo de la vida americana es apenas una porción mínima del mal. Las raíces del mal son económicas e ideológicas, mucho más difíciles de arrancar que la cabeza de Bush.

Como nota curiosa e irrelevante, Blind Johnson menciona en su interpretación un “bush”; un matorral o arbusto, en inglés:

Well, Moses to Moses, watchin' the flock,
Saw the bush where they had to stop.
God told Moses, “pull off your shoes
Out of the flock, well you I choose”.

Los “créditos actorales” —no lo he dicho— de la obra del Violator incluyen, además de George W. Bush, a Karl Rove, Donald Rumsfeld y en el papel de “Barney” a Tony Blair. “Detrás de cámaras” se acredita a Dick Cheney. El video está disponible para su descarga en http://www.filefactory.com/file/9d8b6e. Más información en http://www.youtube.com/user/violatoroftheregime.

Vayan al sitio donde se promueve el juicio político a George W. Bush: http://www.impeachbush.org.

Hoy y mañana, en México, son fechas tenebrosas: celebraciones de los muertos.

jueves, diciembre 13, 2007

«He sido un asesino psicópata»

Jimmy Massey: «He sido un asesino psicópata»*
Testimonio de un ex soldado marine de EEUU que peleó en Irak

Rosa Miriam Elizalde**
Red Voltaire
22 de noviembre de 2007

Durante casi 12 años el sargento Jimmy Massey fue un marine de corazón duro. En marzo del 2003, llegó a Irak con las tropas invasoras y dirigió a 45 hombres que no dudaron en matar a civiles inocentes. Jimmy Massey participando en la Feria del Libro de Caracas, donde presentó su libro Cowboys de Infierno, un crudo testimonio del genocidio que EE.UU. comete día a día contra el pueblo iraquí. El ex marine responde a las preguntas de la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde de Cubadebate. Desde Caracas.
Dos fotografías del soldado Jimmy Massey en Irak al desencadenarse la invasión estadounidense en marzo 2003.

«Tengo 32 años y soy un asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mí los civiles son despreciables, retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy su perro pastor. Soy un depredador. En el Ejército me llamaban "Jimmy el Tiburón"».

Este es el segundo párrafo del libro escrito hace tres años por Jimmy Massey, con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas. Cowboys de Infierno es el relato más violento que se haya escrito hasta ahora de la experiencia de un ex miembro del Cuerpo de Marines, uno de los primeros en llegar a Irak durante la invasión del 2003 y que decidido a contar todas las veces que sean necesarias qué significa haber sido por 12 años un despiadado marine y por qué lo cambió la guerra.

Jimmy asistió como panelista al taller principal de la Feria, que tiene un título polémico: «Estados Unidos, la Revolución posible», y su testimonio ha sido quizás el de mayor impacto en la audiencia. Lleva el pelo con un corte militar, espejuelos oscuros, camina con aires marciales y sus brazos están completamente tatuados. Parece exactamente lo que era: un marine. Cuando habla es otra cosa: alguien profundamente marcado por una aterradora experiencia que intenta evitarle a otros jóvenes incautos. Como asegura en su libro, no ha sido el único que mató en Irak: esta fue una práctica constante entre sus compañeros. Cuatro años después de dejar la guerra, todavía vive perseguido por las pesadillas.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué significan todos esos tatuajes?

Jimmy Massey: Tengo muchos. Me los hice en el Ejército. En la mano (señala la zona entre los dedos pulgar y anular), el logo de Blackwater, el ejército mercenario que fue fundado donde yo nací, en Carolina del Norte. Me lo hice en un acto de resistencia, porque los marines tienen prohibido tatuarse la zona que va de las muñecas a las manos. Un día los integrantes de mi pelotón nos emborrachamos y todos nos hicimos el mismo tatuaje: un cowboy de ojos inyectados en sangre sobre varias ases, que representan la muerte. Quiere decir exactamente eso que estás pensando: «mataste a alguien». En el brazo derecho, el símbolo de los marines, con la bandera norteamericana y la Texas, donde me enrolé en el Ejército. En el pecho, del lado izquierdo, un dragón chino que desgarra la piel y significa que el dolor es la debilidad escapándose del cuerpo. Lo que no nos mata nos hace más fuerte.

Tapa del libro Cowboys del Infierno que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas (FILVEN 2007) y en presencia de Jimmy Massey. Usted podrá pedir el libro escribiendo a la editorial Timéli: mail@timeli.ch y apoyar de esta manera a nuestras investigaciones periodísticas.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué dijo que en el Cuerpo de Marines encontró las peores personas que usted ha conocido en su vida?

Jimmy Massey: Estados Unidos solo tiene dos maneras de usar a los marines: para tareas humanitarias y para asesinar. En los 12 años que yo pasé en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos jamás participé en misiones humanitarias.

Rosa Miriam Elizalde: Antes de ir a Irak usted reclutaba a jóvenes para que ingresaran en el Ejército. ¿Qué significa ser un reclutador en Estados Unidos?

Jimmy Massey: Ser un mentiroso. La administración Bush ha forzado a la juventud norteamericana para que se enrole en el Ejército y lo que básicamente hace –y yo hice también- es tratar de ganar gente con incentivos económicos. Durante tres años recluté a 74 personas, que nunca me dijeron que querían entrar en el Ejército para defender al país ni argumentaron ninguna razón patriótica. Querían recibir dinero para ir a una universidad u obtener un seguro de salud. Y yo les describía primero todas esas ventajas y solo al final les hablaba de que iban a servir a la patria. Jamás recluté al hijo de un rico. Para mantener el trabajo, los reclutadores no podíamos tener escrúpulos.

Rosa Miriam Elizalde: Ahora el Pentágono ha relajado más los requisitos para entrar al Ejército. ¿Qué significa eso?

Jimmy Massey: Los estándares para el reclutamiento han descendido enormemente, porque casi nadie quiere enrolarse. Ya no es un impedimento tener problemas mentales ni antecedentes criminales. Pueden ingresar personas que han cometido felonías, es decir que han sido sentenciadas a más de un año de cárcel, lo que se considera un delito serio. Pueden ingresar muchachos que no han terminado los estudios preuniversitarios. Si pasan la prueba mental, ingresan.

Rosa Miriam Elizalde: Usted cambió después de la guerra, pero ¿qué sentimientos tenía antes?

Jimmy Massey: Yo era como otro soldado cualquiera, que creía en lo que le decían. Sin embargo, desde que estaba reclutando comencé a sentirme mal: como reclutador tenía que mentir todo el tiempo.

Rosa Miriam Elizalde: Sin embargo, creyó que su país se enrolaba en una guerra justa contra Irak.

Jimmy Massey: Sí. Los reportes de inteligencia que recibíamos decían que Saddan tenía armas de destrucción masiva. Después descubrimos que todo era mentira.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuándo se enteró que lo habían engañado?

Jimmy Massey: En Irak, a donde llegué en marzo de 2003. A mi pelotón le tocó ir a los lugares que habían sido del Ejército iraquí y vimos miles y miles de municiones en cajas que llevaban la etiqueta norteamericana y estaban ahí desde que los Estados Unidos ayudaban al gobierno de Saddan en guerra contra Irán. Vi cajas con la bandera norteamericana y hasta tanques de EE.UU. Mis marines –yo era sargento de categoría E6, un rango superior al sargento, y dirigía a 45 marines- me preguntaban por qué había municiones de nuestro país en Irak. No entendían. Los informes de la CIA afirmaban que Salmon Pac era un campo de terroristas y que íbamos a encontrar armas químicas y biológicas. No encontramos nada. En ese momento empecé a pensar que nuestra misión realmente era el petróleo.

Rosa Miriam Elizalde: Las líneas más perturbadoras de su libro son esas donde usted se reconoce como asesino psicópata. ¿Puede explicar por qué lo dice?

Jimmy Massey: He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quien me educó para que fuera un gangster de las corporaciones estadounidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos ensañaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar a mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué experiencia exactamente le hizo a usted llegar a esa conclusión?

Jimmy Massey: Hubo varias. Nuestro trabajo era ir a determinadas áreas de las ciudades y ocuparnos de la seguridad en las carreteras. Hubo un incidente en particular -y muchos más- que realmente me llevó hasta el borde del precipicio. Afectó a un coche que llevaba civiles iraquíes. Todos los informes de inteligencia que nos llegaban decían que los carros iban cargados con bombas y explosivos. Esa era la información que recibíamos de la inteligencia. Los carros llegaban a nuestros controles y hacíamos algunos disparos de advertencia; cuando no detenían su marcha a la velocidad que indicábamos, disparábamos sin contemplaciones.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Con las ametralladoras?

Jimmy Massey: Sí. Esperábamos que hubiera explosiones al acribillar cada vehículo. Pero nunca oímos nada. Luego abríamos el carro y ¿qué encontrábamos?: muertos o heridos, y ni una sola arma, ninguna propaganda de Al Qaeda, nada. Salvo civiles en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Rosa Miriam Elizalde: Usted también relata cómo su pelotón ametralló una manifestación pacífica. ¿Es así?

Jimmy Massey: Sí. En los alrededores del Complejo Militar de Rasheed, al sur de Bagdad, cerca del río Tigris. Había manifestantes al final de la calle. Eran jóvenes y no tenían armas. Y cuando avanzamos había ya un tanque que estaba aparcado a un lado de la calle. El conductor del tanque nos dijo que eran manifestantes pacíficos. Si los iraquíes hubieran querido hacer algo podían haber volado el tanque. Pero no lo hicieron. Sólo estaban manifestándose. Eso nos hizo sentirnos bien porque pensamos: «Si fueran a dispararnos, lo habrían hecho ya». Ellos estaban como a 200 metros de nuestro retén.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes?

Jimmy Massey: Del alto mando nos dijeron que no perdiéramos de vista a los civiles porque muchos fedayines (combatientes) de la Guardia Republicana se habían quitado los uniformes, se habían puesto ropas de civiles y estaban desencadenando ataques terroristas contra los soldados estadounidenses. Los informes de inteligencia que nos daban eran conocidos básicamente por cada miembro de la cadena de mando. Todos los marines teníamos muy clara la estructura de la cadena de mando que se organizó en Irak. Yo creo que la orden de disparar a los manifestantes vino de altos funcionarios de la Administración, eso incluía tanto a los centros de inteligencia militar como gubernamental.


Rosa Miriam Elizalde: ¿Usted qué hizo?

Jimmy Massey: Yo regresé a mi vehículo, un humvee (un jeep altamente equipado) y escuché un tiro por encima de mi cabeza. Mis marines empezaron a disparar y yo también. No nos devolvieron ningún disparado, mientras que yo había disparado 12 veces.

Quise asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios. Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Y sus superiores cómo reaccionaron?

Jimmy Massey: Me dijeron que «la mierda ocurre».

Rosa Miriam Elizalde: Cuando sus compañeros se enteraron que habían sido engañados, ¿cómo reaccionaron?

Jimmy Massey: Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. «¿Tú puedes hablar con el teniente?», me preguntaron. «Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate». La respuesta fue: «No». En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.

Nuestra primera misión en Irak no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Irak, estuvimos en Kuwait.

Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.

Rosa Miriam Elizalde: Usted también ha denunciado el uso del uranio empobrecido...

Jimmy Massey: Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Irak. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Irak.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué ocurrió cuando regresó a Estados Unidos?

Jimmy Massey: Me trataron como un loco, un cobarde, un traidor.

Rosa Miriam Elizalde: Sus superiores han dicho que es mentira todo lo que ha contado.

Jimmy Massey: La evidencia contra ellos es abrumadora. El Ejército norteamericano esta agotado. Mientras más tiempo dure esta guerra, más posibilidades habrá de que mi verdad aparezca.

Rosa Miriam Elizalde: El libro que usted ha presentado en Venezuela está editado en español y en francés. ¿Por qué no se ha publicado en Estados Unidos?

Jimmy Massey: Las editoriales han exigido que elimine los nombres reales de las personas que están involucradas en su historia y que presente la guerra en Irak como envuelta en una neblina, menos crudamente. No estoy dispuesto a hacerlo. Editoriales como New Press, supuestamente de izquierda, se negaron a publicarlo porque temían verse envueltas en un pleito presentado por la gente involucrada en el libro.

La asociación de Jimmy Massey, la IVAW «Veteranos de Irak contra la Guerra» (Iraq Veterans Against the War, IVAW) organizando una marcha de protesta en los EEUU para denunciar esta ilegal y abusiva invasión.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué medios como The New York Times y The Washington Post jamás reprodujeron su testimonio?

Jimmy Massey: Yo no repetía el cuento oficial, de que las tropas estaban en Irak para ayudar al pueblo, ni repetía que los civiles morían por accidente. Me negué a decir eso. No había visto ningún disparo accidental contra los iraquíes y me negué a mentir.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Ha cambiado esa actitud?

Jimmy Massey: No. Lo que han hecho es incorporar opiniones y libros de personas con objeciones de conciencia: que están contra la guerra en general o que participaron en la guerra, pero no tuvieron este tipo de experiencia. Se resisten todavía a mirar de frente la realidad.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Tiene fotografías o documentos que prueben lo que usted nos ha contado?

Jimmy Massey: No. Me quitaron todas mis pertenencias, cuando me ordenaron regresar a Estados Unidos. Regresé de Irak solo con dos armas: mi mente y un cuchillo.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Habrá alguna salida a corto plazo para la guerra?

Jimmy Massey: No. Lo que veo es una misma política entre demócratas y republicanos. Son la misma cosa. La guerra es un negocio para ambos partidos, que dependen del Complejo Militar Industrial. Necesitamos un tercer partido.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuál?

Jimmy Massey: El del socialismo.

Rosa Miriam Elizalde: Usted ha participado en un taller cuyo título es «Estados Unidos: La Revolución es posible». ¿Cree que realmente que habrá revolución en EE.UU.?

Jimmy Massey: Ya comenzó. En el sur, donde yo nací.

Rosa Miriam Elizalde: Pero esa ha sido tradicionalmente la zona más conservadora del país.

Jimmy Massey: Después del Katrina eso cambió. Nueva Orleáns se parece a Bagdad. La gente del sur está indignada y se pregunta todos los días cómo es posible que se atrevan a invertir en una guerra inútil y en Bagdad, cuando no lo han hecho en Nueva Orleans. Recuerda también que en el Sur se inició la primera gran rebelión del país.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Iría usted a Cuba?

Jimmy Massey: Admiro a Fidel y al pueblo de Cuba y por supuesto, si me invitan, yo iré a la Isla. No me importa qué me diga mi gobierno. Nadie controla a dónde yo voy.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Sabe usted que el símbolo del desprecio imperial hacia nuestra nación es una fotografía de marines mientras orinaban sobre la estatua de José Martí, el Héroe de nuestra Independencia?

Jimmy Massey: Si, lo sé. En el Cuerpo de Marines nos hablaban de Cuba como una colonia de los Estados Unidos y nos ensañaron algo de Historia. Parte de la formación de un marine es aprender algunas cosas de los países que habrá que invadir, como dice la canción.

Rosa Miriam Elizalde: ¿La canción de los marines?

Jimmy Massey: (Canta) «From the halls of Montezuma, to the shores of Tripoli…» (Desde las salas de Montezuma hasta las playas de Trípoli...)

Rosa Miriam Elizalde: Es decir, los marines quieren estar en todo el mundo.

Jimmy Massey: El sueño es dominar al mundo…, aunque por el camino nos conviertan a todos en asesinos.

* Jimmy Massey es actualmente uno de los principales activistas de la organización Veteranos de Irak contra la Guerra (Iraq Veterans Against The War, IVAW).

** Rosa Miriam Elizalde. Periodista cubana. Más artículos de esta autora.

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Entrevista a Jimmy Massey en la televisión venezolana



Parte 1

Parte 2

Parte 3

viernes, mayo 11, 2007

Blair e Irak

Patrick Cockburn
La Jornada

11 de mayo de 2007
Original: The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

Irak podría ser visto en Gran Bretaña como la Némesis* de Tony Blair, pero este jueves los iraquíes recibieron la noticia de su partida con total indiferencia. Al preguntárseles qué piensan, la mayoría se encogió de hombros y se mostró sorprendida por esta pregunta. Otros dijeron que lo percibían sólo como un suplente del presidente Bush.

Es fácil entender por qué Blair no es objeto de un mayor afecto en Irak. El 8 de abril de 2003, justo antes de la caída de Saddam Hussein, tropas británicas distribuyeron un panfleto en árabe que contenía un mensaje de paz de Blair a los iraquíes. Este prometía "un Irak pacífico y próspero gobernado por el pueblo iraquí".

Los iraquíes saben de sobra que esto nunca ocurrió. Cuatro años después de la carta, Irak es quizás el país menos pacífico del mundo. Bagdad es presa del terror. El jueves, que fue un día tranquilo, la policía recogió 21 cuerpos de hombres asesinados. Nadie sabe cuántos cadáveres haya en el fondo del río o en tumbas poco profundas en el desierto.

Irak no sólo no es próspero, sino que su población está cerca de la desnutrición, pues 54 por ciento de los habitantes vive con menos de un dólar al día, y 15 por ciento trata de subsistir con sólo cinco céntimos de dólar. Cerca de 60 por ciento de los iraquíes está desempleado. De los 34 mil doctores que había en Irak en 2003, 12 mil han huido del país y otros 2 mil han sido asesinados, según la Organización de Naciones Unidas.

La otra promesa de Blair en cuanto a que Irak sería gobernado por iraquíes tampoco ha sido cumplida, a ojos de la población. Una encuesta publicada esta primavera demostró que 59 por ciento de los iraquíes cree que Irak es controlado por Estados Unidos y sólo 34 por ciento piensa que el control es iraquí.

En Gran Bretaña las críticas hacia Blair giran básicamente en torno a la decisión de ir a la guerra, el dossier "tramposo" y la ausencia de armas de destrucción masiva. Esto ha sido una ventaja para él. Repetidamente ha dicho que Saddam Hussein era un dictador malvado y que no se arrepiente de haberlo derrocado.

Muchos iraquíes estarían de acuerdo. Ellos no lucharon por Saddam, ni siquiera los supuestamente leales miembros de la Guardia Republicana, y la mayoría fue feliz al ver el fin de su desastroso mandato. Pero un mes después del supuesto fin de la guerra, Blair se plegó a lo que fue esencialmente una decisión estadunidense, al permanecer ocupando el país para reformarlo a su antojo. Es de esta decisión que surgieron todos los desastres actuales.

Blair nunca dio la impresión de saber mucho de Irak cuando lo invadió ni de haber aprendido nada de él en los pasados cuatro años. Sus discursos y declaraciones sobre el tema fueron, con frecuencia, pueriles. El primer año tras la caída de Saddam se vivió bajo una ocupación absoluta. Durante el segundo año hubo una independencia iraquí de nombre, bajo el gobierno de un gobierno no electo de iraquíes pro occidentales.

Las elecciones de 2005 vieron el triunfo de los partidos religiosos chiítas, para decepción de las embajadas estadunidense y británica, que desde entonces han buscado neutralizar su influencia.

Siempre ha sido difícil saber qué tanto Blair se creyó su propia propaganda. Una y otra vez decía que la mayor parte de Irak estaba en paz, y que la prensa exageraba la miseria que se vivía, cuando había progresos. Fue una gran ventaja para él que esas plácidas provincias de las que hablaba, en realidad fueran tan peligrosas, que ningún reportero fue ahí para refutar las afirmaciones del primer ministro.

Ninguna política exterior o militar podía haberse basado en las tonterías que Blair repetía sobre Irak. Dijo que la insurgencia estaba aislada cuando que ésta, desde las primeras fases de la guerra, tuvo amplio apoyo de la comunidad sunita. En marzo pasado, 78 por ciento de los iraquíes se oponían a la presencia de las fuerzas estadunidenses y británicas, según una encuesta de alcance muy amplio.

Hubo otra muy fea consecuencia de esto. En Afganistán, Al Qaeda contaba con escaso apoyo. Sus números eran tan pequeños que para filmar sus videos promocionales mostrando a sus combatientes en acción, se tenía que contratar por día a hombres de tribus locales. En los primeros meses de la ocupación de Irak, Al Qaeda encontró por primera vez un ambiente de empatía en el cual crecer. El "terrorismo" que Blair denunciaba con tanta regularidad se incubó y floreció en condiciones que él contribuyó a crear.

Irak dejó expuestas no sólo las debilidades de Blair sino las de Gran Bretaña. Ha sido extraño para mí en los últimos cuatro años el volver a Londres desde Bagdad preguntándome si la gente realmente sabe lo que está pasando en Irak. Casi inmediatamente descubrí que desde el taxista hasta el funcionario público lo saben todo sobre los errores cometidos en Irak, pero también están resignados a que no pueden hacer nada al respecto.

Blair no es el único primer ministro británico que comete errores catastróficos en Medio Oriente. Se dice que Lloyd George pudo haber permanecido como primer ministro vitalicio, por ser el arquitecto de la victoria de 1918, pero cuatro años más tarde se vio obligado a renunciar por haber intentado ir a la guerra con Turquía.

En 1956 Anthony Eden invadió de manera desastrosa Egipto y se justificó con palabras a las que Blair hizo eco casi medio siglo después, alegando que Nasser era una amenaza para Medio Oriente.

Lloyd George y Eden fueron rápidamente desalojados de Downing Street. Blair no lo permitió y se aferró. Esto es lo que vuelve tan venenoso su legado en Irak. Durante cuatro años le ha colgado los colores de la bandera británica a una fallida política estadunidense sobre la que Londres no tiene influencia significativa. Ha puesto de manifiesto una humillante dependencia británica hacia Washington sin lograr ventaja alguna.

En cuanto a los iraquíes, pese a su retórica sobre haberlos rescatado de Saddam, Blair se ha mostrado asombrosamente indiferente a su destino.

* Némesis es la diosa griega de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. En inglés es común usarlo en referencia a algo que da su merecido a la persona en cuestión (N. de la T.).

viernes, marzo 23, 2007

Respuesta a la pregunta de la revista "Time": “¿Por qué se odian unos a otros?”

Richard Marsden
Rebelión
19 de marzo de 2007
Original: The Business of Emotions
Traducción: Sinfo Fernández


“Sunníes contra Chiíes. ¿Por qué se odian los unos a los otros? ¿Cuáles son las causas reales de la guerra civil que está destrozando Oriente Medio?”
Esa es la pregunta que plantea la portada de la revista Time en el número correspondiente al 5 de marzo de 2007, en las ediciones para EEUU y el Pacífico. Cabe presumir que saben que es más conveniente ponerla en esas áreas que en la portada de la edición para Europa.
Todo esto me recuerda la portada de mayo de 2006 de The Economist: “Iraq at war with itself”, con el rostro de un hombre iraquí gritando. Lo comenté en su momento.

Entonces aquel rostro representaba la cara del dolor. Lo que simboliza ahora es la cara del odio.
En ambos casos, los iraquíes son retratados como emocionalmente desafortunados ante el lector habitual de Time, para quien la “persona del 2006”, permítasenos recordarlo, era Usted, representado mediante un ordenador como el rostro de la racionalidad misma.
Recuerden los fantasmas de aquel “¿Por qué nos odian?” que siguió a los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001.
Más allá de esta imagen (escenificada y poco convincente) de esos dos iraquíes llenos de odio, hallamos la ahora familiar explicación estadounidense de esas ‘odiosas sectas guerreras’ en “Behind the Sunni-Shi’ite Divide”.
La introducción que aparece en la página de contenidos nos proporciona el meollo del asunto:
La guerra entre las dos sectas islámicas ha acabado con las esperanzas de EEUU de leva
ntar un Iraq estable de entre las ruinas. Una mirada a las raíces del enfrentamiento, y a las posibilidades existentes de contenerlo.
Esta interpretación debe confortar en gran medida a los lectores estadounidenses. La guerra de guerrillas contra sus soldados, que se intensifica incluso con las actuales y duras medidas de seguridad, ni siquiera de puntillas se menciona en el artículo de Time.
Así, en el espacio de un año, la “narrativa” se ha transformado desde el Iraq al que EEUU había arruinado a la ruina de las “esperanzas estadounidenses”. Es decir, es con los estadounidenses con quien hay que sentir empatía. Si no fuera por esos iraquíes tan excesivamente emocionales, habrían reconstruido el país, habrían hecho el equipaje y estarían ya en casa.

No es de extrañar que no colocaran esa portada en la edición europea. Saben bastante poco de cómo es EEUU.
Más que una declaración, es una bofetada y, en verdad, si lo que Time trata de hacer es aclarar cualquier persistente malentendido en la historia actual de las noticias, haría mejor en reunir las palabras para formular la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que ha hecho que se odien los unos a los otros?

Es una buena pregunta porque, hasta hace bien poco, el ser sunní o chií no era un rasgo que definiera su identidad.
Desde luego, el extendido punto de vista de que los sunníes, aunque en minoría, controlaban Iraq y discriminaban negativamente a los chiíes, que se resentían profundamente por esa situación, se apoya bastante en los archivos históricos.
Pero no fue esa la forma en que actuó Sadam Husein. Data de los días del Imperio Otomano (1534-1918), cuando se colocaba en los puestos de poder a los árabes sunníes de los alrededores de Bagdad para prevenir la amenaza de un Irán en conexión con los clérigos chiíes.
Durante la primera mitad del siglo pasado, cuando los británicos se apropiaron del control de la región, continuaron esas prácticas. Sunníes y chiíes empezaron a integrarse unos con otros tan pronto como los británicos se marcharon (aunque su monarquía permaneció), integración que tuvo su continuidad con los baazistas.
Más recientemente:
“En Iraq, en los últimos años de la década de 1980-90, las tensiones reales se produjeron entre la mayoría de la población, tanto sunní como chií para quienes las prácticas y creencias religiosas eran valores importantes, y los baazistas laicos, más que entre sunníes y chiíes. Aunque los chiíes estuvieron poco representados en puestos del gobierno durante el período de la monarquía, lograron progresos sustanciales en los campos educativos, comerciales y legales. Su avance en otras áreas, como es el caso de los partidos de oposición, fue tal que en los años ente 1952 y 1963, antes de que el partido Baaz llegara al poder, los chiíes detentaban la mayoría de los puestos importantes del partido. En los últimos años de la década de los ochenta, los observadores pudieron percibir que los chiíes estaban representados en todos los niveles del
partido en proporción aproximada a las estimaciones del gobierno de las cifras de población. Por ejemplo, de los ocho máximos dirigentes iraquíes que a principios de 1988 se sentaban con Husein en el Consejo del Mando de la Revolución –el órgano gubernamental de rango superior-, tres eran árabes chiíes (uno de ellos, Ministro del Interior), tres eran árabes sunníes, uno era un árabe cristiano y uno era kurdo. En ese momento, en el Consejo del Mando Regional –el órgano de gobierno del partido- predominaban los chiíes. Durante la guerra, un grupo de oficiales chiíes muy competente fue promovido a comandantes de cuerpo. El general que hizo retroceder las primeras invasiones iraníes en Iraq en 1982 era chií.” [Helen Chapin Metz. ed. Iraq: A Country Study, 1988].
La integración entre sunníes y chiíes prosiguió durante la Presidencia de Sadam Husein. La mayoría de los integrantes de su gobierno eran chiíes. Que yo recuerde, la mayoría de aquellos “más buscados” representados en la baraja del Departamento de Defensa estadounidense eran chiíes, no sunníes.
Se casaron unos con otros y vivieron juntos como musulmanes e iraquíes. Hace poco más de un año estaban luchando codo con codo en la resistencia contra la ocupación. (1)
Así pues, estaría bien que nos preguntáramos: ¿Por qué ahora todas esas matanzas sectarias?
Lo que ocurre es que si alguien trata de matarte a ti y a los tuyos, una respuesta lógica es que se generen emociones de rabia y odio. Cuando no hay un sistema estatal de justicia, y debido al sentido del honor tribal iraquí que considera que aquéllos que son atacados han de tomar represalias, nadie debería sorprenderse de que todo eso esté incitando a la guerra civil.
En la actualidad asistimos a la visión de un avispero de ataques y represalias, causas y efectos. Pero empecemos analizando el hecho que parece haber transformado una resistencia iraquí unida ante la ocupación en una guerra civil: las bombas que estallaron hace poco más de un año en la mezquita de al-Askari.
Mis pensamientos sobre este suceso en aquel momento se sitúan en la mezquita al-Askari. ¿Quiénes eran aquellos hombres enmascarados?
¿Es verdad que el estado de ánimo en la calle tras la destrucción de la mezquita era anti-sunní? No, según Sami Ramadani escribió en The Guardian: Lo que se oyó en la calle fue (y es) que “esto es obra de EEUU y sus aliados –las banderas israelíes y estadounidenses
fueron quemadas en protesta-, no de extremistas sunníes”. Los ánimos estaban contra la ocupación, no había sentimientos sectarios.
Por eso, repito ¿quiénes eran aquellos hombres enmascarados que estuvieron doce horas colocando los explosivos bajo la cúpula, en la Samarra entonces controlada por EEUU? (*)
Es una pregunta que aún ahora se hacen muchos iraquíes. Es la que subyace en el artículo de Akram Abdulrazzaq Iraq’s Car Bombers, who are They?(**) ¿Por qué de entre miles de coches bombas no se ha identificado ni a uno solo de sus propietarios?

Prosigue Abdulrazzaq:
Antes de que Bagdad cayera ante las tropas estadounidenses, el país tenía un sofisticado sistema de registro de vehículos, y las autoridades podían identificar al propietario de cualquier coche siniestrado en cuestión de minutos.

Entonces, ¿por qué no puede hacerse ahora?
¿No tienen esos coches matrículas y números de serie? Todavía estamos esperando que las autoridades identifiquen al propietario de un solo vehículo utilizado como coche bomba o que nos digan al menos de dónde salió.

A los iraquíes, sostiene, no los convencen nada las “excusas ingenuas” de las autoridades.
Necesitan que los estadounidenses y las autoridades iraquíes que les apoyan les digan de dónde salen todos esos coches bomba. ¿Cómo es posible que puedan estar es
curriéndose por tantos controles y bloqueos de carretera estadounidenses e iraquíes, sobre todo en Bagdad?
Con más de 80.000 tropas estadounidenses ahora en Bagdad, y con tantos medios tecnológicos que tienen al alcance de la mano, ¿cómo se explica?
Amin al-Hashmi, en “Hiding Iraq’s Death Squads no Game”, pregunta:

¿Cómo puede uno ignorar el hecho de que con todas las capacidades que tienen, los ocupantes y el gobierno fracasen a la hora de impedir que un vehículo que lleva cientos de kilos de explosivos pueda cruzar la frontera, viajar por las calles y pasar un control tras otro? Para colmo, las autoridades han sido incapaces de identificar siquiera un solo coche bomba ni a una sola persona que los haya preparado; y han fracasado también a la hora de impedir su paso a través de los controles del gobierno en su camino hasta el luga
r donde se estacionan en medio de las tiendas y de la gente inocente.
¿Habrían pensado que los “servicios de seguridad” habrían hecho un esfuerzo especial con ocasión de la ceremonia del 12 de febrero en el mercado de Shorya que señalaba el aniversario de un año de las bombas de la mezquita de al-Askari? Dos coches bomba. Al menos 80 personas muertas.
¿De dónde salieron esos coches? ¿Quiénes son sus propietarios? ¿Cómo es que siempre son “desconocidos” los autores de la colocación de esos coches bomba?
Muchos de los coches utilizados como coches bomba, quizá se sorprendan de saberlo, vienen de Estados Unidos. Eso defiende Debbie Hamilton, de Right Truth. Cree que son suministrados por “comerciantes de coches usados árabes/musulmanes”, que apoyan a los “terroristas”, pero es fácil llegar a otra conclusión mucho más obvia.
Entremos también a considerar el artículo “¿Están los 70.000 mercenarios del Pentágono en Iraq matando chiíes y sunníes?, publicado en Al Yazira, un estudio del libro de Robert Pelton “License to Hill: Hired Guns in the War on Terror”:

¿Podrían ser algunos de los mercenarios alquilados por el Pentágono los autores reales de las bombas diarias y de los asesinatos de sunníes y chiíes en Iraq?
La devastación actual del país asolado por la guerra, ¿es parte de un complot más amplio para provocar la guerra civil, planeada por EEUU/Israel, que desmembrará Iraq?

Sólo tienen que pensar en quién está detrás de esa maquinaria de guerra privatizada.
Y mientras, sigamos con esta cuestión, ¿de dónde salieron los dos soldados británicos, disfrazados de árabes, que fueron atrapados poniendo una bomba cerca de un lugar donde se celebraba una fiesta religiosa en Basora? El relato de John Pilger está aquí. El mío está aquí. Vean también de Steve Watson “Who are the Real terrorist in Iraq?”.
¿Por qué la revista Time no se hace preguntas como esas? Los estadounidenses (y los británicos, si vamos a ello) tienen una opinión tan exagerada sobre ellos mismos que no pueden creer que “ellos” tengan algo que ver en la incitación de esa guerra civil.
Si la reciente encuesta del BBC World Service, que evalúa a EEUU en relación con Irán, Israel y Corea del Norte, sirve de orientación, el resto del mundo no parece tener ese problema.

Fuentes:
- Ali Al-Hamdani, An “Open Setter” to the Iraqi Resistacne; Call for “Joint Action”.
- Fred Halliday, “Sunni, Shi’a and the “Trotskyist of Islam”, Open Democracy, 9.2.2007.
- Jessica Long: “Analizing the pandemic of global American hatred”.
- Jan Morris: “Once the most beloved country in the world”, the US is now the most hated.
- “World View of US Role Goes From Bad to Worse”, World Public Opinion. 10 marzo 2007.

N. de T.:
(*) Véase en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=27323
(**) Véase en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46361
Texto original en inglés:
http://businessofemotions.typepad.com/drrm/2007/03/a_response_to_t.html