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jueves, mayo 03, 2007

Y como dice el amigo Beam...

... Saludos, detective.
Les presento a Alba Citlalli Domínguez Parra --alias "Laurita", alias "Laura Isabel Martínez de la Mora"--, una de las edecanes (la única, de hecho) del Mesías satánico Mustaff (el güey que anduvo firmando con mi nombre para hacerles creer a ustedes que yo había renunciado a la resistencia civil). Si Mustaff fuera Sergio Andrade, "Laurita" sería algo así como Gloria Trevi (nomás que sin chichis).

Ella es coqueta...
Soñadora...Traviesa...Pero "Laurita", la chica tímida que coquetea sólo a través de los chats de internet y puede pasar horas y horas jugando con su simpático perrito, es la misma que, cobijada por un pseudónimo, amedrenta a menores de edad; la misma que publica fotos (convenientemente editadas) de gente ajena a nuestro movimiento diciendo, mentirosamente, que son colaboradores del Sendero del Peje; la misma que desde el Sendero de Mustaff lanza amenazas de muerte en contra de quienes cometen el pecado de ser obradoristas.

Esta chamaquita cuenta ya sus buenos (y nada adolescentes) 25 años. Vive en Guadalajara, Jalisco, y en los siguientes enlaces hay más información acerca de ella:
Currículo
Space de Laurita
Sendero de Laurita
Blog de antifecalistas

Blog de un extraño enemigo


Y próximamente también en Ventaneando.

Bueno, ya tuvo los 15 minutos de fama que andaba buscando. Pero no me gustaría dejarlo así nomás. Me gustaría que hubiera una moraleja para esta fábula.

Felipe Calderón seguramente no tiene la menor idea de quiénes son Citlalli Domínguez o Javier Chávez Álvarez, pero aquí se lo vamos a decir: son sus hijos, sus engendros.

Es imposible deslindar a Calderón de la forma que han ido cobrando el racismo y el clasismo en México. Si por algo recordará la historia mexicana a FeCal, será por esta contribución.

Mustaff es el síntoma, pero el virus es FeCal
.

Felipe Calderón, Camilo Mouriño, Dick Morris, José Antonio Solá... "Haiga sido como haiga sido", han fundado una nueva manera de hacer política en Latinoamérica. Un capítulo nuevo de la publicidad y la mercadotecnia. El "estilo Morris" llegó para quedarse, como podemos ver en Yucatán ahora mismo; como vimos en Chiapas y otros lugares (incluso en la elección interna del PRI). Manuel Espino declaró hace unas semanas que intentaría exportar a toda Latinoamérica el modelo panista de campaña política: intenso, agresivo, mentiroso.

Ahora bien, si echamos una mirada microscópica, ya no al gran panorama sino a los fragmentos de éste, nos encontramos entre nuestros vecinos, entre nuestros compañeros de trabajo, dentro de nuestra familia, a individuos cuya mente ha sido invadida por el "estilo Morris": Mustaff y Laurita multiplicados por cien. Y hasta más rudos que estos dos; como sabemos, muchos simpatizantes de López Obrador han sido golpeados por adeptos de Calderón y, consecuentemente, muchos compañeros de la resistencia han agredido también a los panistas, lo que no es menos grave. Felipe Calderón no inauguró ni el racismo ni el clasismo en México; pero si su campaña presidencial le dejó el resultado esperado, fue debido a que la semilla del odio sólo da frutos en campos de odio.
El buque publicitario de Dick Morris encalló en un golfo contaminado ya antes de su llegada con un clasismo y un racismo de siglos. Muchos mexicanos frustrados necesitaban, por lo visto, alguien a quien odiar, y Morris se los dio: Andrés Manuel López Obrador dejó de ser persona para ser convertido en personaje.

Que el PAN se haya valido de tendencias psicológicas repulsivas --odio, miedo-- para obtener sus triunfos, pone en este partido una responsabilidad de enorme peso. No es poca cosa, aunque al IFE le haya parecido poca cosa. No sólo al IFE: a la "conciencia de la sociedad" representada por "periodistas" como Carlos Marín e "intelectuales" como José Woldenberg. O a los manufacturadores y lectores de Nexos y Letras Libres.

Tan sólo por la campaña del PAN, las elecciones del 2006 tenían que haber sido canceladas.

La política es la cosa pública: no es lo mismo el clasismo practicado en una escuela o un club de golf que el clasismo que, recomendado desde el poder, trasciende a toda la población.
Si la campaña panista del 2006 hubiera sido otra, la tendencia discriminadora de Mustaff, Laurita y tantos otros habría recorrido caminos diferentes, ajenos a la política, restringidos al ámbito más próximo a ellos. La vertiente específica que tomó su clasismo es responsabilidad de Felipe Calderón, antes que de cualquier otra persona; Calderón es más responsable --incluso-- que Dick Morris de la actual división social. Si sustentaran a Calderón principios auténticamente vinculados con el cristianismo que dice practicar, se habría negado a ser respaldado por Morris, Solá, Mouriño, etc. FeCal --no por nada le llamamos así-- pudo haber detenido la campaña sucia. De haberse atrevido a hacerlo, no sólo habría segado el florecimiento del odio que gente como Mustaff siente por los obradoristas; habría detenido también el odio que millones de mexicanos sienten por él. Por Felipe Calderón.